Cuando 10 dólares marcan la diferencia en la República Democrática del Congo

  • Congo, República Democrática del

Nuestra compañera María Laiglesia nos cuenta sus impresiones desde Kikwit, R. D. del Congo, durante su visita a los proyectos de Fe y Alegría que apoyamos desde Entreculturas. Un país en el que el 44% de los niños y niñas en edad de cursar la primaria abandona la escuela y donde una de las mayores barreras para la escolarización es el coste del acceso ya que, aunque en la teoría debería ser gratuita, en la práctica implica el pago de tasas escolares por parte de cada estudiante.  

Fotografía: Alumnos y alumnas en Kikwit.

Aunque nuestra visita a Kikwit es breve, empiezo a hacerme una idea de algunos de los retos que enfrenta el sistema educativo congolés tras conversar con madres, padres, docentes y equipos directivos de varias escuelas de educación primaria: la precariedad de las infraestructuras, la escasez de material escolar y pedagógico, el bajo nivel y las estrategias pedagógicas de la gran mayoría de docentes (que parecen ancladas en el pasado), la falta de implicación y participación del entorno familiar en la vida educativa... Pero hay un factor aún más determinante, que marca la diferencia y decide si estás dentro o fuera: las tasas de matrícula.

En la R. D. del Congo el salario del profesorado de educación primaria es demasiado bajo (aproximadamente 85 dólares al mes) y no es pagado con regularidad. Para tratar de paliar la falta de respuesta del Ministerio de Educación, las familias tienen que pagar una tasa de matrícula cada trimestre para complementar los salarios, que en Kikwit ronda los 15.000 francos congoleses por estudiante de primaria al año (unos 10 dólares). ¿Qué sucede cuando la familia no puede hacer frente a este pago? La respuesta es muy sencilla: se expulsa al alumno o alumna de la escuela. Los fallos del sistema educativo nacional dejan fuera a las personas más vulnerables y, quienes no pueden permitirse pagar 10 dólares al año, son excluidos y despojados de la más mínima oportunidad de prosperar, de cambiar su destino.  

Buscar una respuesta a esta dinámica tan injusta será sin duda uno de los retos más importantes para Fe y Alegría en R. D. del Congo. En nuestro ADN está grabada la defensa de la educación como la herramienta más poderosa para cambiar vidas y realidades, y la situación en el país es la prueba de que aún hoy en día las personas más vulnerables están siendo despojadas de su dignidad, al serles negado un derecho fundamental, el derecho a la educación.  

Fe y Alegría trabaja en tres redes educativas en el oeste del país (Kikwit, Kisantu y Kimwneza), donde poco a poco consolida su presencia a través de la puesta en marcha de varios programas: alfabetización a través de la radio en kikongo, la lengua local; formación en pedagogía y gestión al profesorado de educación primaria y los equipos directivos; educación en valores para jóvenes y familias; y dos pequeños proyectos piloto que han comenzado este curso: un módulo de educación preescolar en una zona rural y un curso de alfabetización funcional para niños y niñas y jóvenes que nunca han ido a la escuela o la abandonaron en los primeros cursos de la educación primaria.

El camino de Fe y Alegría en R. D. del Congo es largo y retador, pero ya cuenta con personas convencidas del poder transformador de la educación para mejorar la realidad educativa de este gran país.