Crisis humanitaria en Venezuela

Venezuela agoniza. El país con las mayores reservas petroleras del mundo alcanzó en 2017 un porcentaje de pobreza extrema del 61,2%. La hiperinflación ha hecho que la moneda carezca prácticamente de valor y la malnutrición es endémica. Un kilo de carne ronda los 2.300.000 bolívares; un cartón de huevos, 1.500.000 bolívares y una barra de pan -además de esperar una larga cola- supone un desembolso de 90.000 bolívares. Si tenemos en cuenta que el salario mínimo que percibe más del 50% de la población es de 2.550.000 bolívares, podemos hacernos una idea del lujo que supone comer todos los días. Se calcula que el año pasado el 64% de la población perdió, de media, 11 kilos de peso.

Y el desabastecimiento no afecta solo a la alimentación. La escasez de medicamentos, el deterioro de la infraestructura hospitalaria, la racionalización del agua o los cortes de luz son otras precariedades con las que han de lidiar los venezolanos y venezolanas. La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) constata que muchos pacientes se ven obligados a adquirir sus propios medicamentos e insumos para poder ser atendidos y que unos tres millones de personas con enfermedades crónicas habrían pasado al menos un año sin acceder a ningún tratamiento. Incluso señala que, dada la grave situación de crisis, muchas mujeres embarazadas se han visto obligadas a migrar para dar a luz en condiciones de seguridad.

La difícil coyuntura que atraviesa Venezuela está teniendo también un impacto negativo en el derecho a la educación. Muchos niños y niñas no van a la escuela por sentirse débiles al no haber comido, o por encontrarse haciendo colas para comprar en los supermercados o por la falta de un transporte (público o privado) con el que llegar hasta el colegio. Asimismo, la CIDH reportó que, durante las protestas ocurridas en 2017, se habría detenido por lo menos a 339 estudiantes y 21 habrían sido asesinados, al tiempo que se observó que el año escolar fue recortado (contraviniendo la duración de 200 días establecida por la Ley Orgánica de Educación) bajo el argumento de una política de ahorro energético. 

Este deterioro de la situación de los derechos humanos, unido a las alteraciones del Estado de Derecho y del sistema democrático en Venezuela, ha provocado el éxodo de más de 1,5 millones de venezolanos en el último año (aunque las cifras no oficiales hablan de casi 4 millones de personas, lo que equivaldría al 10% de la población).

Según cifras del Grupo de Lima (una coalición integrada por 14 países cuyo objetivo es dar seguimiento y buscar una salida a la crisis en Venezuela), al menos 1,5 millones de venezolanos emigraron desde 2017 a 10 países de la región. Colombia concentra la mayor parte de la migración venezolana, con 800.000 personas que cruzaron en los últimos meses la frontera. Le sigue Perú con 298.559 venezolanos; Chile, con 160.000; Argentina, con 82.000; México, con 65.784; Panamá, con 65.415; Brasil, con 50.000; Guatemala, con 15.650; Costa Rica con alrededor de 4.000 y Paraguay, con 2.893 inmigrantes procedentes de Venezuela.

Estas cifras son consistentes con las estimaciones realizadas por ACNUR y la OIM, que indican que entre 1,5 y 1,6 millones de venezolanos habían abandonado su país para finales de 2017.

La llegada de todas estas personas supone un reto para los países de la región, tanto en lo humanitario como en el ámbito de la salud, el trabajo o la educación. Además de la cobertura de necesidades básicas, luchar contra la explotación, el abuso, la violencia, la trata de personas y la discriminación se plantean como desafíos emergentes.

El Servicio Jesuita a Refugiados para Latinoamérica y El Caribe (SJR-LAC) y la Red Jesuita con Migrantes para Latinoamérica y El Caribe (RJM-LAC), ambas organizaciones socias de Entreculturas, junto a otras 25 entidades de la sociedad civil de América Latina, solicitaron el 11 de mayo ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos una mayor coordinación y acompañamiento técnico a los Estados de la región para afrontar la crisis de la migración forzada venezolana. 

También desde instancias gubernamentales se hace un llamado a la comunidad internacional para atender tanto a los venezolanos como a los países receptores. ACNUR ha señalado que la crisis económica y social en Venezuela exige más que solidaridad y ha exhortado a los Estados a no devolver a los migrantes venezolanos a su país mientras esta situación no cambie. La Unión Europea se ha sumado a la preocupación por la situación: "Venezuela necesita urgentemente una solución política para acabar con la crisis actual y, sobre todo, abordar las necesidades humanitarias más acuciantes de su gente", declaraba a través de un comunicado la Alta Representante de Exteriores y Política de Seguridad de la UE, Federica Mogherini.


Nuestro trabajo en Venezuela

El SJR-LAC, Fe y Alegría y el Centro Gumilla son los principales socios locales de Entreculturas en Venezuela. 

Nuestro trabajo con el Servicio Jesuita a Refugiados se enmarca en el programa “En las Fronteras de Colombia”, una iniciativa que surgió con el objetivo de atender a las personas afectadas por el conflicto colombiano dentro y fuera de las fronteras del país y que, a día de hoy, se ha ido adaptando a las nuevas coyunturas para dar respuesta a las consecuencias de la crisis en Venezuela. 

Llevamos a cabo este programa en tres países, Colombia, Ecuador y Venezuela, poniendo el foco principalmente en las zonas de frontera, donde las personas sufren una mayor vulnerabilidad. El objetivo es acompañar y proteger a quienes han salido de su casa o de su país para salvar su vida o buscar una oportunidad de futuro, garantizando su integridad y su acceso a derechos básicos (comida, higiene, alimentación, alojamiento, orientación jurídica…). También se impulsa la puesta en marcha de actividades generadoras de ingresos para promover el autosostenimiento y, finalmente, pensando sobre todo en los niños, niñas y jóvenes, otro de los propósitos es facilitar el acceso a la educación a fin de que su proceso formativo se vea interrumpido lo menos posible y porque la escuela es un espacio de protección que reporta estabilidad emocional y autoestima. 

En los inicios del programa (2009), el principal flujo migratorio se daba en el interior de la propia Colombia (desplazamientos internos) y hacia sus países vecinos, Ecuador y Venezuela. Ahora bien, desde hace algo más de dos años, el epicentro se ha trasladado a Venezuela dada la situación del pueblo venezolano. Además del trabajo que se desarrolla con la población que llega a Colombia o a Ecuador, el SJR en Venezuela atiende también a las personas que se desplazan internamente dentro del país.

Otro de los actores que apoyamos desde Entreculturas es el Centro Gumilla, un Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) de la Compañía de Jesús en Venezuela. En concreto, el proyecto que impulsamos tiene por título “Construcción de convivencia democrática en centros educativos de Venezuela”,  iniciativa puesta en marcha en 2014 -en alianza con Fe y Alegría- para construir un modelo educativo integral dirigido a promover la paz y la convivencia en las instituciones escolares. La idea de este programa piloto es, a largo plazo, contribuir a reducir la violencia que se ha extendido por el país dado el malestar y los estragos que está atravesando la población.

Además, en respuesta ante la crisis, hemos puesto en marcha una intervención con Fe y Alegría orientada a abordar la cuestión de la inseguridad alimentaria ligada al bienestar integral de los niños y niñas, y en particular, a su asistencia regular a las escuelas. Dada la incapacidad con la que se está encontrando el Ministerio de Educación para mantener el Sistema de Alimentación Escolar (SAE), los niveles de absentismo están aumentando preocupantemente al no tener los niños y niñas una ración de comida asegurada en el centro. Con el objetivo de aliviar esta situación, estamos ofreciendo un desayuno y un almuerzo diario en 15 escuelas, con lo que se está garantizando la seguridad alimentaria de 4.261 alumnos y alumnas, 154 docentes y 174 miembros de las comunidades en las que se encuentran las escuelas.

En Entreculturas llevamos más de una década acompañando a los sectores más vulnerables de la población venezolana. Ahora, con más motivo, seguiremos a su lado, trabajando de la mano de nuestras organizaciones socias. Confiamos en que se resuelva pronto la situación, de una forma pacífica y a través de cauces democráticos, para que nuestros hermanos venezolanos dejen de sufrir las penurias actuales que padecen, tanto los que permanecen dentro del país, como los que se han visto obligados a abandonarlo para sobrevivir.

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