Con el Servicio Jesuita a Refugiados en EE.UU. manifestamos nuestra oposición a las barreras a personas refugiadas que provocan caos y sufrimiento

  • Estados Unidos

Junto con nuestros compañeros del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Estados Unidos manifestamos nuestra oposición a las disposiciones del decreto de inmigración que ha firmado el presidente Donald Trump para la “protección del país de ataques terroristas de extranjeros”. Consideramos ofensivas y contrarias a la legislación estadounidense e internacional las siguientes disposiciones del decreto: 

  • la suspensión del reasentamiento de personas refugiadas durante 120 días; 
  • la suspensión indefinida de personas refugiadas sirias 
  • el hecho de que en 2017 se acogerán a 50.000 personas refugiadas (60.000 menos de los que se preveía acoger)
  • la prioridad a minorías religiosas frente a otras que pudieran presentar solicitudes de refugio igual de convincentes
  • la no admisión en el país de cualquier persona procedente de Irán, Irak, Sudán, Libia, Siria, Somalia o Yemen

Lo grave de esta propuesta es que discrimina a personas con solicitudes válidas para recibir protección en Estados Unidos en base a su origen y a su religión, en lugar de seguir los criterios establecidos por el derecho estadounidense e internacional. “Con esta declaración se ponen en duda los criterios mundiales de no discriminación (pilares de la respuesta humanitaria) justo cuando nos encontramos en la mayor crisis de desplazados que ha habido desde el final de la Segunda Guerra Mundial afirman desde el Servicio Jesuita a Refugiados en Estados Unidos. “Estas disposiciones atentan contra uno de los valores básicos de Estados Unidos: recibir a las personas y familias que lleguen para reconstruir su vida en condiciones de seguridad y de dignidad y para contribuir a la riqueza de la sociedad. El decreto también va contra la doctrina social de la Iglesia que nos invita a dar la bienvenida a los extranjeros y a tratar al resto con solidaridad y compasión, del mismo modo que nos gustaría que nos tratasen a nosotros”

Como consecuencia de la misión de este decreto, el caos se ha instalado en los aeropuertos estadounidenses del país, tal como nos informan desde el Servicio Jesuita a Refugiados en Estados Unidos. Esta situación ha mostrado la falta de consideración que se dio a la expedición del decreto, que se realizó sin que los organismos gubernamentales responsables lo prepararan o examinaran adecuadamente”.

Ante la inmensa indignación pública y las medidas judiciales, se han rectificado algunas de las medidas iniciales más abusivas, pero los efectos del decreto se han mantenido: no se permite entrar a refugiados que necesitan protección desesperadamente, hay familias estadounidenses que no pueden reunirse y se está impidiendo a miles de personas embarcar en vuelos o entrar a su llegada a EE.UU.

Consideramos inaceptable firmar estas disposiciones bajo la premisa de “proteger el país de ataques terroristas” ya que en la práctica se está culpando a las víctimas que se han visto forzadas a huir, en muchos casos, de ese mismo terror y violencia.