Carmen Perea: “VOLPA es una experiencia que verdaderamente engancha y merece la pena”

<< Me llamo Carmen Perea y, en la actualidad, estoy apoyando el trabajo del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en la región de Grandes Lagos, concretamente, en Burundi. Llegué a Entreculturas a través de la delegación de Valencia, ciudad en la que vivía, y enseguida me incorporé al programa de Voluntariado Internacional VOLPA. Ahora mismo llevo un año en África, es decir, que me encuentro en el ecuador de mi experiencia.

La región de Grandes Lagos es bastante inestable a nivel político y económico, de hecho, son democracias muy recientes y eso se nota, repercute en su estabilidad. El año que viene hay elecciones generales en Burundi y eso siempre es algo que influye en el desarrollo de un país... hoy por hoy, me atrevería a decir que Burundi sigue siendo un país dependiente de las ONG que trabajan allí, al menos, esa es mi sensación.

Mi trabajo allí es ser la "administrativa regional del JRS", es decir, me encargo de gestionar la financiación de los proyectos que el JRS lleva a cabo en Burundi, Congo y Ruanda. El día a día allí empieza muy temprano. Amanece sobre las 5:30h, y a las 6 de la mañana ya estamos todos en marcha. Después del desayuno vamos a la oficina, que está bastante cerca. Allí pasamos todo el día, algunos más intensos que otros, pero siempre con mucha energía para apoyar la enorme labor que se lleva a cabo en la región. Mi tarea más específica es la de justificar los proyectos, esto es, explicarle a los financiadores en qué se ha invertido el dinero que han aportado al JRS. En eso consiste mi trabajo.

Las motivaciones que me llevaron a Burundi eran muchas, así también mis miedos. Cuando uno toma una decisión en la vida, pues no sabe muy bien cómo va a salir... pero tenía muchas ganas de conocer el continente africano, ese del que tanto había oído hablar y que tan desconocido me resultaba. Al principio, cuando llegué allí, me propuse adaptarme lo máximo posible a las circunstancias, escuchar, aprender... y, poco a poco, fui venciendo esos miedos que llevaba. Llegar a África supone un choque cultural importante. Uno cree que lo sabe todo, pero no es así. Es un cambio grande ante el que tienes que darte cuenta de que la cultura y las costumbres son diferentes a las nuestras y que hay que esforzarse en aprender y en adaptarse a su forma de vida. Cuando supe mis tareas y conocí a la gente y el lugar en el que iba a vivir, toda esa inquietud inicial empezó a desvanecerse. Quizás, lo que más me haya costado asumir es la tranquilidad con la que viven allí. Nosotros estamos acostumbrados a vivir con el reloj, a programarlo todo... ellos se toman la vida con más calma, y hay que aceptarlo. No es mejor ni peor, simplemente diferente. Y ahora, un año después de ese aterrizaje, creo que estoy bastante cómoda y, sin duda, recomiendo la experiencia. Creo que es una oportunidad que no hay que dejar escapar.

Estoy segura de que todo lo que estoy aprendiendo ahora me servirá de mucho en el futuro. Francamente, aún no he pensado en lo que haré cuando regrese de Burundi, pero sí sé que intentaré seguir en el ámbito de la cooperación, ya sea en África, en Asia, en Latinoamérica o en España, da igual, pero es algo que verdaderamente engancha y merece la pena. Muchísimo.>>