Atención integral a la población desplazada de Kivu Norte (RD Congo)

  • Congo, República Democrática del

Desde una perspectiva histórica se podría decir que la República Democrática del Congo vive desde hace más de una década inmersa en una inestabilidad constante dada la naturaleza de sus presidentes políticos, los enfrentamientos interétnicos y, sobre todo, las disputas surgidas a la luz de los intereses por controlar y explotar sus riquezas minerales. El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) trabaja en la llamada Región de los Grandes Lagos (Ruanda, Burundi y RD del Congo) desde 1995. Hoy, uno de los mayores retos de la región es la violencia sexual endémica en el Este del Congo, como consecuencia de un conflicto armado que viene utilizando a las mujeres como arma de guerra para la desestructuración de las comunidades. Este tema ha centrado algunas de las actividades del JRS en los últimos años, tanto en los campamentos de desplazados como en las áreas de retorno. De hecho, las iniciativas más recientes del JRS dan atención preferencial a las mujeres.

El desplazamiento masivo en el Este de la RD Congo, y en concreto en Kivu Norte, con más de 900.000 personas desplazadas en campos y en familias de acogida, tiene su origen en la violencia provocada por el enfrentamiento entre grupos armados cuya herramienta de guerra es la desestructuración de la comunidad con ataques sistemáticos a la población y la violación de mujeres y niñas. Además de esto, el conflicto intercomunitario por el control de la tierra y los recursos naturales constituye otro motivo de desplazamiento. En Kivu Norte se hallan los principales yacimientos de diamantes y minerales del país (el 80% de las reservas de coltán, mineral utilizado en la fabricación de aparatos tecnológicos). 

Ante este contexto, el Estado y sus instituciones no están siendo capaces de garantizar la protección ni la cobertura de las necesidades básicas de la población en general y, sobre todo, de la población desplazada. Las personas que han huido de sus casas pasan una media de 7 años en los campos de desplazados, en condiciones muy precarias y prácticamente sin nada que hacer. La inseguridad y la desprotección son enormes, sobre todo en el caso de las mujeres que, además de sufrir las secuelas de la violencia sexual, después son abandonadas o estigmatizadas y encuentran todavía más dificultades para acceder a los servicios básicos, especialmente a la educación. 

El JRS -con el apoyo de Entreculturas- trabaja en la zona de Kivu Norte desde 2008 y, en la actualidad, está presente en 3 zonas de dicha provincia: Goma, Masisi y Mweso. De los tres, el territorio de Masisi es el que mayor número de desplazados alberga. El acceso a la educación y la capacitación profesional son dos de los pilares fundamentales sobre los cuales se desarrolla la labor del JRS en la región. El objetivo es potenciar la autonomía y el empoderamiento socio-económico de la población desplazada para que puedan poner en marcha sus propias actividades generadoras de ingresos. Esto, en un contexto de desplazamiento prolongado, es un alivio y una esperanza, ya que significa una oportunidad para salir de la espiral de pobreza, vulnerabilidad o violencia en la que viven. Para los niños, niñas y jóvenes también implica una motivación nueva y una razón de peso para no alistarse en grupos armados (muchas veces, una decisión voluntaria ante la desidia y la desesperación). En el caso de las mujeres es llamativo lo mucho que mejora su autoestima el acceso a la educación y el emprendimiento de pequeños negocios propios (después de que su dignidad haya sido fuertemente golpeada y sus derechos básicos brutalmente destrozados al ser víctimas de violencia sexual y de género). 

Además de la educación (que engloba también otras acciones más específicas como la mejora de las infraestructuras escolares, la preparación de los docentes, el pago de tasas escolares y el reparto de materiales didácticos) y de la formación profesional (que contempla la compra de utensilios y la dotación de capital semilla), la ayuda de emergencia y el apoyo psicosocial son los otros dos elementos que completan la intervención del JRS en Kivu Norte.

El desplazamiento forzoso conlleva que la población huya de sus casas sin llevar consigo pertenencias y abandonando sus cultivos, sus ganados o cualquier otro medio de subsistencia. Esto lleva a las personas a una situación de extrema vulnerabilidad por la dificultad de conseguir alimento, agua potable, elementos de higiene, medicamentos, ropa... El Servicio Jesuita a Refugiados, como línea transversal en el propósito global de mejorar las condiciones de vida y garantizar las oportunidades de futuro de la población desplazada, provee de alojamiento y comida a las familias que se encuentran en peores condiciones (kits alimentarios con arroz, harina, pescado, aceite, azúcar, leche en polvo, y sal; kits de higiene y abrigo con jabón, cepillos y pasta de dientes, barreños, toallas, mantas, esteras y mosquiteras). Al mismo tiempo, el acompañamiento y cuidado de esta población pasa también por la atención psicológica al tratarse de personas que se han visto expuestas a situaciones extremas de violencia, miedo o violación de derechos humanos. Todo ese sufrimiento deriva, en ocasiones, en casos de alcoholismo, depresión o conflictividad social. El apoyo psicosocial del JRS se materializa en visitas frecuentes a los hogares; en talleres de sensibilización sobre temas como la prevención de embarazos precoces, la violencia de género y la prevención ante el consumo de drogas; y la puesta en marcha de actividades deportivas, recreativas y culturales que favorezcan la integración y la convivencia.

Toda esta labor de Entreculturas y el JRS en Kivu Norte cuenta con el apoyo de la Comisión Nacional para los Refugiados (CNR), principal institución involucrada en la gestión de los campos de desplazados y dependiente del Ministerio de Interior de la RD Congo, así como de la Delegación Provincial de Educación en Kivu Norte.

LA MUJER EN REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO

"Al igual que en muchos otros contextos en los que trabaja el Servicio Jesuita a Refugiados, la mujer es quien más sufre las consecuencias de la crisis crónica en la que vive inmersa la RD del Congo desde hace más de 20 años.

En un contexto de abrumadora riqueza natural y de recursos minerales, la inmensa mayoría de la población vive en situación de extrema pobreza, inseguridad y conflicto armado latente. Aunque, sin duda, las mujeres son el colectivo más vulnerable. Ellas han visto sus cuerpos convertidos en campos de batalla a través de la utilización de la violación como arma de guerra. Pero, además de la salvaje violencia física, las mujeres de la RDC sufren una devastadora violencia institucional y cultural generalizada que se refleja en datos estadísticos nefastos.

La RDC ocupa el puesto 176 (de 188 países) de acuerdo a los Índices de Desigualdad de Género y de Desarrollo de Género del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Y esto es consecuencia directa del círculo de pobreza que perenniza la falta de oportunidades educativas, con una media de escolarización de las mujeres de 4.5 años y un porcentaje de mujeres que han seguido un programa de educación secundaria o superior que no alcanza el 8% (PNUD 2015).

Reconocemos su sufrimiento pero también sus luchas y por eso vamos más allá de la ayuda de emergencia puntual (igualmente necesaria en este contexto de inseguridad y movimiento de población constante), buscando vías para el desarrollo integral y la autonomía de estas mujeres.

Nuestros proyectos ponen a la persona en el centro para atajar desde ahí las dificultades sociales y económicas. Por eso apoyamos la escolarización de las niñas desplazadas por la guerra, garantizamos su permanencia en la escuela secundaria, acompañamos a las mujeres en situación de mayor vulnerabilidad de los campos en el aspecto psicosocial y ofrecemos formaciones profesionales que les permitan lanzar actividades económicas rentables, sostenibles y duraderas.

Pero creemos firmemente que el cambio ha de ser global: la justicia que las mujeres de la RDC reclaman no puede llegar si no es acompañada de transformaciones globales que garanticen el respeto a los derechos humanos en la región. Por eso los retos a futuro han de pasar por la innovación, por el apoyo a las iniciativas locales y, especialmente, por el liderazgo de la mujer congoleña. Llevamos tiempo atajando las consecuencias y es hora de actuar sobre las causas.

La lucha por la erradicación de la violencia contra la mujer en la RDC necesita una mirada nueva sobre el potencial de sus protagonistas. Es de sus experiencias y de su voz de las que debemos aprender. Ellas han de ser el faro que guíe nuestras intervenciones. Porque han sido víctimas pero son, sobre todo, protagonistas del cambio".


Elisa Orbañanos (Coordinadora del Proyecto del JRS en Goma, Kivu Norte)