[8 Marzo] Día Internacional de la Mujer: contra la violencia sexual hacia las refugiadas

Es nuestra responsabilidad apoyar a las mujeres para que disfruten de los derechos políticos, económicos, sociales y culturales que las posibilite para protegerse ellas mismas contra los abusos. Asimismo, es necesario promover sociedades y ambientes en los que la violencia contra las mujeres y las niñas ni se tolere, ni quede impune.

Por Stephen Kuteesa miembro del Servicio Jesuita a Refugiados en Kampala, Uganda

Bakola (no es su nombre real) es una mujer refugiada, congolesa, que vive en Uganda. Como muchas otras, se vio forzada a abandonar su país en 2000 y a buscar refugio en la vecina Burundi. Desde que su marido fue asesinado en Congo, está sola con sus cuatro hijos. Viendo cómo sus hijos estaban hambrientos, padecían enfermedades y no tenía ninguna ayuda, en ciertos momentos, el suicidio parecía ser la única solución.

Con el apoyo del JRS comenzó un negocio de costura, una habilidad que adquirió en el Congo. Abrió un pequeño quiosco donde vendió su ropa y con el dinero que ganó logró hacerse cargo de las necesidades de sus hijos. Fue capaz de pagar su alimentación, educación, alojamiento y tratamiento médico.

En Junio de 2007, todavía con la esperanza de poder salir adelante, Bakola fue atacada y violada por seis hombres en frente de sus hijos mientras estaba en casa preparándoles para ir a la escuela. La golpearon casi hasta la muerte y saquearon todo lo que pudieron encontrar. Esta trágica experiencia le dejó profundas heridas. El bebé que alumbró tras el ataque y un dolor que perdura en su espalda, a menudo le traen de nuevo sus oscuros recuerdos.

El JRS en Kampala la derivó al Centro Africano para el Tratamiento y Rehabilitación de Víctimas de Tortura donde, en estos momentos, recibe medicación específica y atiende a sesiones de apoyo psicológico lo que le ayuda a superar su pasado y a recobrar la esperanza en el futuro. "He aceptado a mi último hijo y ahora, cuando le miro a los ojos, puedo ver su inocencia y el amor de Dios", nos dice.

Como Bakola, muchas otras mujeres, niños y niñas tienen que huir debido a atrocidades en sus países de origen tan sólo para tener que afrontar las mismas experiencias en los países de asilo. Muchas continúan sin apoyo, sin que sus casos hayan sido notificados o atendidos.