Entrevista con Aloysius Mowe SJ, Director de Comunicación e Incidencia Política del JRS Internacional

Este mes de diciembre hemos tenido el placer de conocer a Aloysius Mowe, jesuita y actual director de comunicación e incidencia política del Servicio Jesuita a Refugiados a nivel internacional. Además de varias reuniones operativas, durante su visita a la sede central de Entreculturas hemos podido conversar con él sobre su visión acerca de la estrategia comunicativa y de incidencia que le gustaría poner en marcha en la institución. A continuación, compartimos sus reflexiones:

Balance de su nuevo trabajo desde que empezó y principales retos:

Está siendo una etapa de gran aprendizaje. Mi rol actual consiste en combinar adecuadamente dos áreas relacionadas pero diferentes: la comunicación y la incidencia política. He de adaptar un mismo contenido (la realidad de los refugiados y los demandantes de asilo) a dos públicos distintos: la ciudadanía y los responsables políticos. Y no es fácil crear un espacio para ello en un mundo tan frenético, lleno de voces, imágenes, historias, preocupaciones... ¿Cómo introducimos las historias y rostros de los refugiados en este espacio?

En eso radica la incidencia y, de alguna manera, la comunicación del JRS. No es una tarea sencilla. Si escuchamos todas las voces de nuestro mundo actual nos damos cuenta de que todo es ruidoso. Cuando era pequeño, hace 45 o 50 años, en Malasia teníamos solo un canal de televisión. Crecí mirando solo un canal de televisión. Si no te apetecía mirar el programa que salía en ese momento, no había otra cosa más que mirar. Te ibas a la playa, leías un libro o te ibas a jugar. No es lo que pasa hoy en día. ¡Ni siquiera sé cuántos canales de televisión hay! Y eso solo si hablamos de la televisión, porque luego está Internet, los servicios de streaming, Netflix. Así que cuando quieres contar una historia sobre un refugiado o deseas comunicar la situación de los desplazados en el mundo, tenemos mucha competencia. 

Y creo que no pensamos lo suficiente en la audiencia, en la segmentación de públicos, en qué tipo de mensaje queremos dar, cuáles son las maneras más efectivas de comunicar ese mensaje… en el JRS seguimos un paso por detrás y considero que mi rol es mejorar en este punto. Asimismo creo que debemos estar muy atentos a todos los cambios que se producen en el ámbito de la comunicación. Es un mundo que avanza muy deprisa. Y, para ello, creo que debemos fijarnos en los jóvenes. Por ejemplo, nosotros seguimos prestando mucha atención a Facebook pero, en verdad, hay mucha gente que ya ha abandonado esta red social y se ha pasado a Instagram. Hay que saber qué tipo de público podemos encontrar en cada canal, pues solo así sabremos cómo formular mejor nuestra idea y, por lo tanto, tener mayor impacto.

De nuevo, creo que es un aspecto que no dominamos todavía. Y esto se extiende al resto de los medios sociales. Personalmente estoy anticuado, soy consciente. Sigo leyendo libros. Si voy leyendo un libro alguien viene y me dice: “Ah, te gusta LA FORMA LARGA”. Y este término de “forma larga” me hace caer en la cuenta de que ya no es lo que se lleva ahí fuera. Lo normal ahora son las historias cortas, las películas cortas. Se dice que nadie va mirar un vídeo que supere los dos minutos. Estamos hablando de una cultura de consumo que ha cambiado mucho, diría, en los últimos cinco años. ¿Cuántos miran un vídeo en Youtube sin echar un vistazo a todas las otras opciones que están a la derecha? Hay otro vídeo más atractivo, una versión mejor de ese vídeo, una versión cómica de este tema. En mi opinión, este es el mundo al que nos enfrentamos. Es un reto pero también una oportunidad porque las herramientas disponibles para nuestros competidores también están disponibles para nosotros. Y no deberíamos tener miedo de aprender a usar dichas herramientas y aplicarlas en nuestras estrategias de comunicación. 

Otro de los retos surge al preguntarse “para qué estamos comunicando”. Desde el JRS contamos historias porque tenemos un instinto humano que quiere mostrar estas voces. Pero, al mismo tiempo, también sabemos que comunicamos con el objetivo funcional de recaudar dinero. Eso tampoco puede posicionarnos directamente en “el lado oscuro”. No podríamos hacer nuestro trabajo sin dinero. Y eso también es necesario que lo entienda la gente. Es importante que nuestro trabajo refleje que lo que hacemos tiene un impacto en el mundo, en el futuro, en la gente.

Nuestro propósito desde el equipo de comunicación e incidencia política del JRS Internacional es lograr una ciudadanía global concienciada con los principales problemas del planeta, no solo con sus cuestiones del día a día. Lo que ocurre en el planeta nos afecta a todos y es responsabilidad de todos. Somos ciudadanos globales. Pero para conseguir esto no podemos incurrir en lo que yo a veces llamo “pornografía humanitaria”, es decir, mostrar solo la miseria, los terribles efectos de la guerra o del desplazamiento. También hay que rescatar el punto de luz, lo positivo, las historias de esperanza… Justo hago esta entrevista antes de la Navidad y ¿qué es la Navidad sino una promesa de esperanza?

Así que en las comunicaciones, ya sean vídeos, publicaciones o historias, lo que deseamos transmitir es que es posible el cambio y que todos podemos hacer posible ese cambio. Una persona, en una pequeña ciudad, solo con enseñar español a un refugiado que no maneja el idioma para insertarse en la sociedad ya es parte de una revolución. Si suficientes personas hacen esto, creamos una revolución de compasión y de solidaridad. 


¿Cuál es la labor del JRS en el ámbito de la incidencia política?

En este año, y durante los próximos años, nuestra principal prioridad es apoyar el mensaje del Papa Francisco. No hay hoy en día una voz más fuerte que defienda los derechos de las personas refugiadas y desplazadas que la suya. 

Este año, con motivo de la Global Compact on Refugees and Migrants (Pacto Mundial sobre los Refugiados y Migrantes), el Papa Francisco ha sido muy claro: “cuando afrontamos la realidad de los refugiados y los migrantes, debemos hacerlo poniendo en práctica cuatro verbos: acoger, proteger, apoyar e integrar”. Y hay algo muy potente en esto. Porque insiste en que esos verbos debemos conjugarlos en primera persona: yo acojo, protejo, apoyo e integro. Y así se convierte en una llamada a la acción. En un apelativo. Porque todos nosotros tenemos una responsabilidad.

Así que, de aquí hasta que se apruebe y se adopte la Global Compact, nuestra misión va a ser difundir esos cuatro verbos, tanto dentro como fuera de la Iglesia, y pedir a los ciudadanos y ciudadanas y a las organizaciones de la sociedad civil que exijan a sus gobiernos la adopción de los 20 puntos que contempla la Global Compact. 

Es posible acoger a los refugiados. Es posible proteger e integrar a los refugiados en nuestras sociedades. No es una crisis, es una oportunidad para la solidaridad.

Los refugiados no quieren ser dependientes, son personas como tú o como yo, ellos quieren tener oportunidad de trabajar, de construir su vida con dignidad… A nadie le gustaría depender de la solidaridad internacional. Lo único que están pidiendo es tener oportunidades, como todo el mundo. Y en eso ha de basarse la estrategia que diseñemos para abordar la realidad de migración y refugio que vivimos en nuestros días. Los refugiados son una oportunidad para nuestros propios países, en términos de crecimiento, de habilidades, de mano de obra, de cultura…

Ahora bien, ¿cómo creamos oportunidades para las personas refugiadas o desplazadas? Es un propósito complejo, lo sé, pero creo que en fondo de la cuestión está la reconstrucción de la paz, la reconciliación y el replanteamiento del sistema económico y de desarrollo mundial.  



A nadie le gusta tener que abandonar su país. Todos queremos vivir en nuestra casa, en nuestro hogar, con nuestra gente. Los refugiados se han visto forzados a salir de su territorio a veces para salvar su vida a veces para buscar un trabajo. Pero si atajamos los motivos por los que las personas se ven obligadas a moverse estaremos encarando la cuestión de raíz. Si acabamos con los conflictos, si conseguimos que una ciudad ofrezca la oportunidad de una educación de calidad o un trabajo digno, la gente no tendrá por qué marcharse de sus casas. 

Y nuestra misión como JRS es buscar aliados a nivel mundial que quieran trabajar en esta línea y comenzar, verdaderamente, esa revolución.