8 años de guerra en Siria

Siria es un país destrozado por la guerra. Aunque el conflicto ya no esté en el foco mediático y el país sobreviva en una calma relativa, esto no debe confundirse con el fin de la guerra. “2018 fue el año más mortífero para los niños y  niñas sirios, donde murieron 1.106 menores*”, nos cuenta nuestro expatriado Miguel Santiuste desde Beirut. En estos ocho años, 5,6 millones de sirios y sirias han huido del país, de ellos, 2,8 millones son niños y niñas, convirtiendo a Siria en la mayor crisis de refugiados a nivel mundial. El conflicto cumple hoy su octavo aniversario.

Siria, a día de hoy, no ofrece ninguna oportunidad de futuro, lo que hace que la huida sea siempre una opción, una huida que tiene un impacto directo en los países limítrofes como Turquía, Líbano y Jordania, que son los tres países que acogen un mayor número de personas refugiadas sirias (3’5 millones, 940 mil y 670 mil personas respectivamente según las cifras oficiales de ACNUR). La comunidad internacional centra su ayuda en proveer de asistencia básica a la población civil y en enviar ayuda humanitaria, pero aún no se han puesto los cimientos para comenzar con la reconstrucción del país. 

“Hay mucha desesperanza entre la población refugiada siria. Mucha desesperación”, nos cuenta nuestra compañera Bárbara Gil, que acaba de llegar de Siria tras un periodo trabajando con el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en el país.

Líbano: país de acogida para las personas refugiadas sirias

La frontera con Líbano se encuentra a apenas dos horas de Damasco, la capital de Siria. Líbano es un país pequeño de más de 6 millones de habitantes que asume una población refugiada de casi un millón. El espacio físico es limitado y las condiciones de vida son extremadamente duras: hacinamiento, desnutrición, condiciones higiénicas y de salubridad deficientes, inseguridad y, por encima de todo, carencia de derechos básicos. El Gobierno libanés no considera que la población siria necesite protección internacional, no ha firmado la Convención de Ginebra y no los reconoce como refugiados,  sino como desplazados, permitiéndoles trabajar solamente en tres sectores: agricultura, construcción y medio ambiente. 

Por eso desde 2014 apoyamos el trabajo de JRS en Líbano apoyando a la población siria en el país, ofreciendo educación de calidad a los niños y niñas como Nour y oportunidades de futuro y acompañamiento psicosocial a las personas adultas como Fatima.

 
 

Las escuelas, espacios de protección integral

“Cuando vengo a la escuela ya no me siento sola y eso es lo más importante para mí. Aquí soy parte de un grupo y me hace sentir feliz. Además cuento con Miss Hoda (trabajadora social) y Miss Nour (psicóloga) con quienes hablar de todo lo que me preocupa y molesta”. Es el testimonio de Nour, una adolescente de 13 años que lleva 6 estudiando en el colegio Telyani School en Bar Elias.

Nour acude todas las mañanas a la escuela de JRS; sin embargo, no siempre ha sido así. Cuando tenía 11 años dejó un año de estudiar y  se puso a trabajar para ayudar a su familia económicamente. Trabajaba 14 horas al día cultivando patatas, sin beber agua ni poder ir al baño. El trabajo le hizo anhelar la escuela: “Lo que más echaba de menos era sentirme querida y protegida”, cuenta.

Los niños, niñas y adolescentes refugiados sirios son una de la población más vulnerable en Líbano. Muchos menores solo conocen la guerra, la hostilidad y la incertidumbre. Hay más de 500.000 niños y niñas sirios en edad escolar asentados en Líbano. “Muchos de ellos nunca han pisado un colegio en su vida”, asegura Bárbara. Otros no han asistido durante años a las clases a consecuencia de la guerra y el desplazamiento y en otros casos, como el de Nour, tienen que trabajar para ayudara económicamente a sus familias en un contexto de pobreza.

“En teoría los niños y niñas sirios en Líbano tienen derecho a la educación, pero la realidad es que muchos de la colegios son privados - con costes inasumibles para las familias- y los públicos están sobresaturados”, explica nuestra compañera Mariana Morales, técnica de cooperación de Entreculturas para Líbano. 

En la actualidad, JRS y Entreculturas ofrecemos educación a más de 8.000 niños y niñas. En la región de Bekaa, concretamente en Bar Elias y Baalbek, apoyamos la gestión de escuelas privadas que están reconocidas por el gobierno libanés, de manera que los niños y niñas que finalicen sus estudios contarán con un certificado oficial que les abrirá las puertas a un futuro esperanzador. Además, llevamos a cabo actividades de educación no formal, para brindar apoyo escolar al alumnado que acude a los colegios libaneses, ya que el currículum es diferente. “En Siria se estudia en árabe y el Líbano en inglés y francés”, explica Mariana. Esas clases de apoyo son, en realidad, el único contacto con la escuela para muchos niños y niñas que viven en los campos.

Los colegios son espacios de paz y de convivencia donde se pone especial atención a la calidad en todos los niveles. “Cada escuela tiene su plan escolar estructurado, son edificios cuidados, espaciosos, limpios y repletos de mensajes que fomentan la convivencia y el respeto mútuo”, cuenta Mariana, que recientemente ha visitado el proyecto de Bar Elias. Se trata de devolver la dignidad a niños y niñas que han  sufrido y sufren el rechazo y la violencia

De la violencia que han visto y sufrido se desencadenan numerosas heridas internas y problemas psicológicos, de ahí que la intervención se centre también en el apoyo psicosocial, enfocado tanto a la población infantil como a la adulta. Recientemente se está trabajando con el Hôpital de Dieu en Beirut, donde un equipo de psicólogos y psiquiatras da formación al equipo de JRS para que puedan detectar casos de especial vulnerabilidad y derivarlos directamente al hospital, donde les atienden un equipo especializado.
 

“Nos encanta reunirnos aquí, nos recuerda a Siria”

Fatima participa todos los martes en un un taller de cocina en el centro Frans van der Lugt en Bourj Hammoud, situado al este de Beirut. “Nos encanta reunirnos aquí, nos recuerda a Siria”, confiesa. En este centro de apoyo escolar a menores, el JRS realiza cursos de formación profesional para que las mujeres puedan formarse en una profesión y eventualmente abrir pequeños negocios.

Además, estas reuniones contribuyen a que las refugiadas encuentren apoyo y hagan amistades. Para muchas de ellas, este centro es el único refugio que han encontrado, donde hay personas con su misma cultura y que han pasado por lo mismo. Además, aprenden a lidiar y entender a la sociedad libanesa y, en definitiva, a sentirse más acogidas.

* Cifra de UNICEF.