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Visita al nacimiento de Fe y Alegría Madagascar

  • Madagascar

En julio de 2013, Ignacio Suñol SJ -Coordinador General de Fe y Alegría- recibió una carta del provincial de Madagascar, en la que le informaba de que Emile Ranaivoarisoa SJ, encargado de una parroquia rural, solicitaba colaborar con Fe y Alegría para el proyecto educativo de Fianarantsoa, una zona del país profundamente rural y de difícil acceso. Poco después, en noviembre, Joaquín Ciervide SJ (Asesor para los asuntos de África y Madagascar de la Federación Internacional de Fe y Alegría) visitaba el departamento de Fianarantsoa y ponía en marcha, junto con Emile, una formación de 105 docentes de escuelas católicas y públicas de la zona.

Pablo Funes, Coordinador del Departamento de África y Luca Fabris, Responsable de proyectos para África del Este y Madagascar acaban de regresar de su visita al nacimiento de la nueva Fe y Alegría en Madagascar. Guiados por Joaquin y Emile, llegan al país insular que acaba de sufrir el paso del ciclón Chiedza y sigue inmerso tras muchos años en una crisis política, cuyo último cambio de gobierno ha durado tan sólo unos meses.

Su primera parada es Fianarantsoa, tras 10 horas de viaje en coche a través de un paisaje de colores: mantos verdes de arrozales, una tierra roja que le da el nombre a Madagascar de ‘the Red Island', el cielo azul y las nubes blancas que se reflejan en el agua que cubre los valles. Algunos campos están inundados debido al ciclón del fin de semana, la naturaleza muestra una vez más su fuerza en las comunidades más vulnerables.

Madagascar es un país donde nueve de cada diez personas vive con menos de dos dólares al día, y cerca de un millón de niños, niñas y jóvenes en edad escolar no van a la escuela. Sin embargo a Pablo y Luca se les presenta como un país vivo y alegre. Joaquín les confirma su impresión: "Hay pobreza, pero mucha dignidad". A diferencia de otros lugares, aquí, a pesar de todas las dificultades, la gente no mendiga sino que canta, colabora y mira al futuro con esperanza.

Otra de las paradas es Soadingana, una de las escuelas más alejadas, en una comunidad donde una mujer mayor ha iniciado una escuela. Marie Donatienne ha hecho del piso de abajo de una humilde casa de barro, donde entran algunos rayos de luz, una escuela para su comunidad. Niños de todas las edades se acercan a nuestros visitantes y sonríen con orgullo para enseñar la clase en la que se juntan cada día. Los maestros, Céléstine y Zoharison, son dos jóvenes que hablan con gran ilusión sobre el futuro de la escuela.

Marie Donatienne en el aula de Soadingana

La idea de empezar con la escuela fue de Marie Donatienne y sus palabras son claras: "Necesitamos que nuestros niños aprendan, son nuestro futuro". Es una mujer fuerte, con capacidad para liderar la comunidad y los niños que se arremolinan a su alrededor ven en esta visita esperanzas para que su escuela se haga realidad. Actualmente acogen a unos 60 niños, pero son meses difíciles porque las reservas de la cosecha anterior se han agotado y algunos no van a la escuela porque están cansados o enfermos. Pablo y Luca coinciden: "No hay duda de que tenemos muchos trabajo por hacer aquí y la fuerza de la comunidad tiene que ser el origen de esta iniciativa".

Tras la visita, Emile insiste en que hay que apoyar con fuerza esta escuela porque es una comunidad con muchas ganas de progresar. Él podría ser el padre Vélaz hoy: un religioso tenaz, trabajador, animoso, que se desvive por acompañar a su gente, que vuela sin alas y que en las fronteras encuentra el camino a seguir. Marie y Emile son cómplices, saben que juntos pueden hacer este sueño realidad.

 
La historia se repite y aquí, en Soadingana, en Madagascar, en África, Fe y Alegría comienza a volar, a volar alto
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