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PERÚ: defendiendo a los indígenas Wampis y Awajún

  • Perú

En pleno corazón de la selva peruana, en la zona del Alto Marañón, viven los pueblos amazónicos Wampis y Awajún, dos pueblos asediados por la deforestación y cuya vida y cultura se ven seriamente amenazadas ante el despliegue de la actividad minera y petrolera. Junto a estas dos amenazas, a menudo pasan desapercibidos los riesgos ambientales que se derivan de ellas, como la contaminación de los ríos con mercurio y otros metales pesados. Todo esto pone en peligro las principales vías de subsistencia de estas poblaciones que se dedican a la pesca, a la recolección y a la caza pero que, cada vez más, se ven abocadas a recluirse en una producción agropecuaria y de subsistencia debido al deterioro creciente que sufre la selva.

A esta realidad se suman otros factores como el aumento de la población y las nuevas necesidades que surgen en materia de salud, educación y transporte, lo que hace que la situación de estos pueblos indígenas sea todavía más crítica. Los niños, niñas y jóvenes Wampis y Awajún son víctimas de una situación de extrema exclusión. Se enfrentan diariamente a la enfermedad, a severos déficits de nutrición e higiene y, especialmente, a la falta de expectativas de aprendizaje y oportunidades de futuro.



Entreculturas trabaja en esta zona desde hace años de la mano de dos organizaciones locales: el SAIPE (Servicio Agropecuario para la Investigación y Promoción Económica) y el movimiento internacional de promoción de la educación Fe y Alegría. El SAIPE busca defender el territorio de los pueblos Awajún y Wampis como base de su vida, identidad y cultura. Para ello, promueve la formación de líderes, el diálogo intercultural con el Estado y la puesta en marcha de procesos productivos sostenibles que garanticen la seguridad alimentaria de los cerca de 50.000 indígenas del Alto Marañón. Por otra parte, con Fe y Alegría trabajamos mano a mano para lograr que la selva no sea un lugar del que huir, sino un espacio de orgullo, esperanza y desarrollo para cientos de niños y jóvenes indígenas, sus familias y su entorno. Desde Entreculturas y Fe y Alegría creemos que la clave que permite abordar un futuro distinto es la educación. Una educación que no solo respete la diversidad étnica, sino que la incorpore como clave del éxito y que permita a los jóvenes adquirir competencias que puedan aplicar después en el desarrollo de sus pueblos. 

Para este propósito promovemos la creación de espacios educativos que atiendan las verdaderas necesidades del contexto y que contribuyan así a reducir los índices de analfabetismo, desnutrición, desigualdad de género y la vulnerabilidad que todo ello supone de cara a hacer frente a aquellos que quieren aprovecharse de sus recursos y de la riqueza natural de su hábitat. Un ejemplo de esto es el proyecto “Escuela Selva”, una iniciativa a través de la cual acompañamos a tres centros educativos de Fe y Alegría: el Colegio Fe y Alegría 55 Valentín Salegui, un colegio de secundaria ubicado en el distrito de Imaza, provincia de Bagua; el Colegio Fe y Alegría 62 San José, de nivel primario y secundario ubicado también en Imaza; y el Instituto Superior Tecnológico de Nieva Fe y Alegría 74, ubicado en el distrito de Nieva, provincia de Condorcanqui. 

La tasa de analfabetismo en la región del Alto Marañón es muy elevada: un 65% de la población local no ha logrado terminar ni siquiera la educación primaria. Asimismo, la cifra de población desescolarizada supera 6 veces la media nacional, siendo muy significativo el alto nivel de deserción escolar, a lo que se suma la falta de docentes con competencias pedagógicas, lo que dificulta enormemente el aprendizaje de los estudiantes.  

El Estado ofrece servicios básicos generalmente de mala calidad que no incorporan el enfoque de interculturalidad, imponiendo modelos y programas educativos estandarizados que no responden a la realidad del contexto. Tampoco contemplan medidas para hacer frente a los alarmantes índices de anemia y desnutrición, dos cuestiones que limitan sobremanera el potencial y el desarrollo cognitivo de los niños y las niñas. “Un niño, niña o joven que sufre desnutrición no va a poder asimilar los aprendizajes, no puede avanzar, no puede progresar”, afirma Nelly Sempertegui, Directora del Instituto Superior Tecnológico Fe y Alegría 74.
 
Otro factor a tener en cuenta es que la mayoría de las familias indígenas Wampis y Awajún viven en comunidades muy aisladas, desde las que los estudiantes tienen que caminar 3 ó 4 días para poder ir al colegio. En el caso de las niñas, además, la situación de vulnerabilidad es mayor durante dicha travesía, a lo que se le viene a sumar las tendencias de una cultura machista que relega al género femenino a su papel de cuidadoras, madres o esposas a muy temprana edad, razones por las cuales muchas niñas o bien no llegan a ir a la escuela o bien no terminan ni siquiera la primaria. 

En los centros educativos de Fe y Alegría se promueve una educación integral e intercultural que permita a los niños, niñas y jóvenes de estas comunidades recuperar su autoestima y reconocer sus valores y capacidades. También se presta especial atención a la cuestión de género, fomentando que las niñas y las jóvenes puedan disfrutar de su derecho a educarse y de tener oportunidades de futuro. “Aquí nos enseñan a ser mujeres valientes, forjadoras de paz, que podemos seguir adelante, que las mujeres no deben quedarse atrás”, explica Liz Apikal, alumna del I.E. San José de Fe y Alegría. 

Además, el proyecto “Escuela Selva” apuesta especialmente por añadir la dimensión de la formación profesional que permita a los jóvenes adquirir una buena cualificación y diversificar sus opciones para acceder a un trabajo digno. Los alumnos y alumnas se forman en diferentes áreas como la innovación en industrias alimentarias, sistemas agroforestales, usos de energías renovables y crianza y producción agropecuaria sostenible. Finalmente, se hace mucho hincapié en mejorar la formación de los docentes para posibilitar una educación de calidad para el alumnado. 

A pesar de la gravedad de la situación en el Alto Marañón, existen señales esperanzadoras que hacen pensar que la lucha por un mayor respeto de los derechos indígenas está dando sus frutos. Cada vez más las organizaciones indígenas están presentes en los diferentes espacios de participación a nivel nacional e internacional, logrando una mayor visibilidad hacia sus reivindicaciones.

Desde Entreculturas, creemos que es esencial exigir que se respeten los derechos de los pueblos indígenas y el cuidado del medio ambiente, por lo que trabajamos para que la selva no se vea como un lugar a explotar, sino como un espacio en el que muchas generaciones han crecido y se han desarrollado y del que -aunque muchas veces lo olvidemos- depende la subsistencia de prácticamente toda la humanidad. El deterioro de la selva es un problema global, que nos afecta a todos y todas: la defensa de los derechos de los pueblos indígenas es también la defensa de nuestro derecho a un medio ambiente sano, del respeto a la diversidad y a la vida. Y, en este sentido, la educación debe contribuir activamente a la construcción de una conciencia crítica, que cuestione el modelo de desarrollo y que posibilite la transformación a modelos más sostenibles, equitativos y pacíficos. 

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