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Mauricio García: “Centroamérica es una enorme cantidad de población atrapada entre dos barreras”

  • Colombia

Mauricio es Director del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Colombia, coordinador del Servicio Jesuita a Refugiados en Latinoamérica y Caribe, coordinador de la Red Jesuita con Migrantes y, recientemente nombrado responsable del Grupo de Migraciones de la Red GIAN. A su paso por España, aprovechamos para conversar con él sobre la realidad de la migración en América Latina y sus paralelismos con la realidad que estamos viviendo en Europa. 

¿Cómo está influyendo el proceso de paz en la situación sociopolítica de Colombia?

Colombia está cambiando en función, sobre todo, del proceso de paz que sigue avanzando poco a poco; la semana  pasada se firmó un nuevo punto referido al blindaje jurídico internacional para defender el proceso en caso de que después venga un nuevo gobierno que no sea tan favorable a la dinámica . En el Convenio de Ginebra existe una cláusula que permite que el acuerdo de paz pueda tener un reconocimiento internacional  y, en ese sentido, quedaría protegido de cambios o ambigüedades que pudieran surgir.

Espero que el acuerdo de paz pueda alcanzarse en lo que resta de año porque, incluso durante este periodo de negociaciones, sigue habiendo fricciones entre las partes que comprometen la seguridad de la población y, aunque en menor medida que en épocas pasadas, aún hablamos de unas 190.000 personas desplazadas en 2015.

Obviamente el final del conflicto armado tendría unas consecuencias muy positivas en este sentido, pero también es verdad que en Colombia existen otros factores de violencia sobre los que habrá que seguir trabajando largo. Me refiero a los grupos que surgieron de la movilización de los paramilitares, vinculados la mayoría de ellos a dinámicas de economía ilegal (narcotráfico, microtráfico, minería ilegal, extorsión, contrabando) que seguirán disputándose el control de esos negocios y que continuarán dando lugar al desplazamiento en algunas zonas del país. Esto seguirá exigiendo una respuesta.
 

Vista panorámica del municipio colombiano de Manizales. / FOTO: Jerónimo Rivero


Dada la situación en la que se encuentra ahora mismo Venezuela, país al que solían escapar los colombianos en busca de refugio, ¿podríamos afirmar que el proceso migratorio se ha frenado o, incluso, se ha invertido?

Ha habido un cambio significativo en relación a Venezuela. Dada la situación interna del país en este momento, pensar en irse a Venezuela ahora es una locura. Los propios venezolanos no tienen acceso a cosas básicas (alimentos, medicinas, agua…). Más bien los colombianos están optando por regresar a Colombia. El año pasado tuvimos 25.000 colombianos que vinieron de vuelta. Incluso ya estamos recibiendo gente de Venezuela. Sin duda, se está planteando un nuevo reto para la región y para nosotros, como Servicio Jesuita a Refugiados.


En general, en Centroamérica se detecta una combinación de corrupción, narcotráfico y altísimos niveles de violencia que provocan que se dispare la dinámica de migración. Todo ello mientras Estados Unidos sigue tomando medidas con las que amurallar su frontera e impedir el paso de personas, sea cual sea su situación. ¿Cómo afronta el JRS una situación así?

Efectivamente,  EEUU ha hecho negociaciones con México y con Guatemala y El Salvador para trancar la migración en la frontera. Esto ha disminuido ligeramente el volumen de desplazamientos, pero fundamentalmente lo que está ocasionando es que la gente busque rutas más peligrosas y difíciles para seguir intentándolo. Al mismo tiempo, ha comenzado a generarse un flujo migratorio hacia el sur, hacia Costa Rica y Panamá. Y estos países ya han empezado a quejarse y a reaccionar. 

Y esta es la situación. Una enorme cantidad de población atrapada entre dos barreras. 

Yo no creo que la situación de Centroamérica vaya a cambiar a corto plazo, y me cuesta ver posibles soluciones para resolver el problema estructural que hay de fondo...  Pero mientras tanto no podemos mirar para otro lado ante tanto sufrimiento. Y ese es nuestro propósito desde el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) y el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR). Y no solo en América Latina, estamos viendo que la realidad es muy similar en Europa, o en África y en Asia. Es una cuestión mundial.
 


A la izquierda, migrantes saltando al tren conocido como La Bestia a su paso por México en dirección Estados Unidos (Foto: José Hernández Claire). A la derecha, refugiados subiendo a un tren en la estación de Keleti, Budapest (Foto: Kristof Holvenyi)


Sin duda no podemos negar que se trata de una problemática global. Distintos continentes, pero las mismas políticas… 

Así es. Desde mi punto de vista, además de atender las consecuencias, la estrategia pasa por atacar las causas. Y en este punto entra en juego la enorme desigualdad, que va en aumento. Ante esto, en la Compañía de Jesús apostamos por la incidencia política y, sobre todo, por la educación. Ese es el germen desde el que podemos construir un nuevo estilo de ser humano.

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