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Diario de viaje: Etiopía (III)

  • Etiopía

Dollo Ado es el segundo mayor campo de refugiados del mundo que alberga actualmente a 213.232 personas. Dollo Ado empezó a recibir refugiados de Somalia en 2010. Situado en el sureste de Etiopía, está a tan solo 70 kilómetros de la frontera somalí y está dividido en 5 campos, Hilaweyn, Bokolmanyo, Buramino, Melkadida y Kobe. 

Las personas que están en estos campos abandonan Somalia por dos razones;  la sequía que conlleva malas cosechas y una situación de violencia generalizada que proviene de grupos armados (especialmente en territorios controlados por Al Shabaab). A esta realidad, se suma que a día de hoy, Etiopía y el Cuerno de África están afrontando la peor sequía en más de 30 años debido a “El Niño”, fenómeno caracterizado por el calentamiento anormal de la temperatura superficial del mar en el océano Pacífico ecuatorial central y oriental y que afecta a los patrones de lluvia y temperaturas. Se produce cada dos a siete años y dura hasta 18 meses. Este fenómeno se intensifica con el cambio climático que estamos produciendo al planeta. En Etiopía está teniendo dos consecuencias: en el norte, el centro y el oeste del país ausencia de lluvias e inundaciones en el sur y sureste. Todo esto está produciendo que la población refugiada o la población de Somalia se vean afectadas por altos índices de malnutrición, la escasez de agua, de alimentos, la degradación de suelo cultivable y de pastoreo, la pérdida de ganado, la contaminación del agua y del aire, la deforestación y la proliferación de enfermedades. Muchos refugiados han perdido a miembros de su familia y sus medios de vida como consecuencia de la sequía y de los ataques armados, los atentados o los saqueos. Todo ello, provoca migraciones forzadas de la población, hablamos de refugiados y desplazados climáticos. 

Este pasado año no se han producido adecuadamente ninguna de las dos temporadas de lluvias, la llamada Belg, de febrero a mayo, ni la Meher, de junio a septiembre. Con las escasas lluvias no se podrá recoger cosecha suficiente y afecta también a los pastos y al nivel de agua en los pozos. Además, provoca una subida de precio de los alimentos al haber pocos cereales y legumbres. Los meses de mayo a junio de 2016 serán críticos en cuanto a acceso a alimentos y agua se refiere. Según Naciones Unidas, más de 10 millones de personas están en riesgo de hambruna.

Desde Entreculturas, hemos viajado a Dollo Ado junto con Nicolás Castellano, periodista de la Cadena Ser y el fotógrafo Sergi Cámara, para conocer el trabajo que el Servicio Jesuita a Refugiados junto con el apoyo de Entreculturas está desarrollando en dos de los cinco campos de Dollo Ado: Melkadida y Kobe.

  • Acompañando, sirviendo y defendiendo los derechos de las personas refugiadas

El Servicio Jesuita a Refugiados, de la mano de Entreculturas, comenzó su trabajo en Dollo Ado en el año 2010. En un primer momento, el área de intervención se centró en Melkadida, el segundo campo que se construyó y que alberga principalmente a personas que huyen de la sequía y de las malas cosechas de las regiones de Mogadiscio y Gedo. A día de hoy, este campo acoge a 45.136 personas. En el año 2013 a petición de ACNUR y ARRA (la agencia gubernamental del gobierno etíope para los refugiados), el JRS comienza su intervención en el campo de Kobe para implementar las acciones que ya se estaban desarrollando en Melkadida. A día de hoy, Kobe acoge a 43.332 personas.

Algunas de las situaciones a la que se enfrentan las personas en estos campos y sobre las que trabaja el JRS son a problemas psicosociales derivados de las experiencias traumáticas previas: aislamiento, depresión, ansiedad, fracaso en la aceptación de la situación vivida y presente, e incapacidad para encontrar resiliencia. Los afectados por estas cuestiones son especialmente jóvenes y adultos.

El objetivo de la intervención es establecer mecanismos que consigan estructurar la vida de estas personas y normalizarlas, reforzando la integración social y prestando especial atención a la juventud; proveyendo educación, servicios psicosociales y actividades recreativas. Se trabaja especialmente con mujeres, jóvenes y adultos en general en situaciones de especial vulnerabilidad, ofreciéndoles un entorno seguro y atención psicosocial.

En Melkadida, el 54% de la población son mujeres y el 66% son menores de 18 años, etapa fundamental para el desarrollo personal. Junto con el JRS, Entreculturas ofrece proyectos educativos de formación para adultos en oficios como la sastrería, diseño de tatuajes de henna, talleres de bordados, peluquería y fontanería. 

Del mismo modo, en Kobe el 53% de la población son mujeres y el 67% están por debajo de los 18 años de edad. La intervención en este campo está centrada en el desarrollo de proyectos educativos, establecimiento de centros de lectura, una escuela primaria, una biblioteca, baños, centros multifunción y centros de asesoramiento. 

  • La educación en contextos de emergencia

La educación y la formación en contextos de emergencia es clave, salva las vidas de los niños, niñas y jóvenes que se han visto obligados a desplazarse de sus hogares por la fuerza. La educación normaliza las vidas, cura los traumas, promueve la dignidad humana y ayuda al desarrollo de habilidades que servirán para el futuro de estas personas una vez abandonen el campo. 


Hoy, más de 75 millones de niñas, niños y jóvenes han visto cómo su educación ha quedado interrumpida o destruida por situaciones de emergencia y crisis prolongadas. A pesar de esta necesidad, menos del 2% de toda la financiación humanitaria anual se destina a la educación desde 2010. Si todos los niños salieran de la escuela sabiendo leer, habría una disminución del 12% en los niveles de pobreza en todo el mundo. Con acceso a una educación de calidad, cada persona podría desarrollar mejor su propio potencial y contribuir plenamente al crecimiento, fortalecimiento y estabilidad de su sociedad. 

Los protagonistas

Nimo, 51 años (Somalia)

Nimo tiene 10 hijos: 8 chicas y 2 chicos. Vivian en Mogadiscio, donde su marido era conductor de autobús y lo mataron unos "gánsters" dice, aunque suponemos que habla de Al Shabab, pero no quiere mencionar el nombre. Decidió huir con sus hijos “había problemas de seguridad, mis hijas no podían estar allí, teníamos que movernos a un lugar seguro, donde poder educarles”. En Mogadiscio vivíamos bien, estábamos estables, pero a causa de esta situación nuestras vidas se frustraron y teníamos que salir”.

Llegaron a Kobe, uno de los 5 campos de Dollo Ado, en marzo de 2015. "La vida como refugiada es difícil, pero la paz y la seguridad que aquí tenemos es importante, eso es lo que más aprecio”.  Sus hijas e hijos asistían a la escuela en Somalia y tienen completada la educación primaria. Ahora no van al colegio porque en Kobe no hay sistema de educación secundaria. Cuando le preguntamos por el futuro dice “quiero que mis hijos tengan un futuro mejor que yo. Quiero que tengan educación y quiero apoyarles todo lo que pueda, quiero ser capaz de suplir el vacio que mi marido nos ha dejado”. No tiene pensado irse del campo y seguir rumbo a otros países, pero dice que si hay algún lugar donde sus hijos puedan estar mejor, se iría. “Si hay una vida mejor en otro lado me iría, quiero tener una vida mejor para mí y para mis hijos, la vida como refugiada es difícil”. A Somalia no quiere volver porque es muy inseguro. “Lo único que teníamos allí era el trabajo de mi marido, y le han matado, no tenemos nada para sobrevivir allí”.

Monira Ali Ahmed, 22 años (Somalia)

Monira ha sido dos veces refugiada, a causa de la guerra en ambas ocasiones. Salió de Somalia hacia Yemen y ahora ha tenido que volver de Yemen a Etiopía. 

En Yemen estaba en la Universidad, terminando su carrera de Empresariales, pero tuvo que huir con su familia hacia Etiopía sin su certificado de estudios. Está en Kobe desde hace 3 meses y siente que su vida está totalmente parada. “Estaba estudiando y caminando en mi futuro y ahora estoy aquí, en el campo de refugiados, aquí no puedo hacer nada”. Nos encontramos con ella en uno de los talleres de formación que el Servicio Jesuita a Refugiados hace con niñas y mujeres.

Aamina, 70 años (Somalia)

Aamina perdió a sus seis hijos a causa de la sequía. Nos encontramos con ella en el campo de refugiados de Kobe, donde está asistiendo a las clases de formación para adultos que el Servicio Jesuita a Refugiados imparte en el campo. Nunca ha ido al colegio y ahora, con 70 años y toda su ilusión, quiere aprender a leer y a escribir. 

Mohamed Herse, 43 años (Somalia)

Mohamed huyó de Somalia en 2010 después de que Al Shabab le disparara y le tirara a una hoguera. Tiene la espalda totalmente quemada y una herida de bala en el pecho. “Por las noches no puedo dormir, las heridas me duelen mucho y la ropa se me pega al cuerpo con el calor, ese es mi mayor problema aquí. Tengo 43 años y no he podido tener hijos, porque ninguna mujer quiere estar conmigo a causa de mis heridas. No me encuentro bien, mi salud no es buena. Si tuviera medicinas, seguro que me sentiría mejor y podría hacer más cosas”.

“No puedo volver a mi país, lo están bombardeando. No soy el único, hay mucha gente como yo a la que le han hecho lo mismo, o  que directamente les han matado . El mensaje que quiero lanzar es que por favor me ayuden”. Mohamed es una de las personas que el JRS está acompañado con apoyo psicosocial en el campo de Melkadida, en Dollo Ado.

Teshome Hundie, 50 años (Etiopía) 

Teshome trabaja como profesor de las clases de costura que el Servicio Jesuita a Refugiados imparte en el campo de refugiados de Melkadida, (Dollo Ado). “Les enseño una profesión, me gusta pensar que luego podrán ser autosuficientes. Para mí la máquina de coser es como un coche, yo les enseño a conducir la máquina de coser”

“He formado ya a 250 personas, que podrán dedicarse en su futuro a esta profesión. Vayan donde vayan después de aquí tendrán ese oficio siempre consigo mismos. Esto es algo que nunca jamás les podrán robar, quitar, o que nunca jamás podrán dejar atrás. Esos conocimientos irán con ellos siempre

Kalid Mahamed Nor, 19 años (Somalia)

Kalid huyó de Somalia el 30 de julio de 2010, recuerda la fecha perfectamente. Desde entonces está en el campo de refugiados de Melkadida, (Dollo Ado). “Huimos por muchas cosas, pero principalmente por la sequía, perdíamos todas las cosechas y por la guerra, dos tíos míos murieron en bombardeos. Aquí en Melkadida vivimos en paz aunque la vida sea difícil”.

Vive con sus padres y sus 11 hermanos, 5 chicas y 6 chicos. “La vida aquí es muy difícil, pero creo que si tenemos educación, tendremos un futuro, el futuro que nosotros queramos”. Por eso, Kalid asiste a las clases de fontanería que el JRS imparte en Melkadida. “Estoy aprendiendo a montar baños, conductos de agua, duchas, grifos, sacar agua del suelo... Ahora puedo hacer pequeños trabajamos de fontanería aquí en el campo, pero en el futuro podré trabajar de esto vaya donde vaya o esté donde esté”

Ibaadha Mohameed Hilowe, 45 años (Somalia)

Ibaadha tiene seis hijos y llegó a Melkadida hace dos años huyendo de la guerra y de la sequía que sufre su país. Al Shabab mató a su hijo de 20 años delante de ella. Ante la imposibilidad de tener una vida digna en Somalia, su marido salió del país hasta llegar a Melkadida, donde se reunificaron después. Ibaadha dice “no puedo volver a Somalía, allí no se puede vivir en paz. Aquí la vida es mejor para mis hijos, aquí hay paz, nadie te va a hacer nada. A pesar de que la sequía no nos da mucha comida y que las raciones son pequeñas, es suficiente para vivir en paz y tranquilos”. Dice también que está aburrida de estar en el campo: “Quiero irme a otros países, quizás a Europa”. 

Es una de las más de 213.232 personas que están en el campo de refugiados de Dollo Ado, donde la mayoría son refugiados climáticos. Están obligados a abandonar sus hogares a causa de los efectos que el fenómeno del Niño está ocasionando en la región. Se trata de la peor sequía de los últimos 30 años, con más de 10 millones de persona en riesgo de hambruna, siendo así la segunda peor crisis humanitaria después del conflicto sirio. Muchos han perdido todas sus pertenencias, sus cosechas, sus ganados, en definitiva sus medios de vida. Fruto de la no aceptación de esta realidad sufren trastornos psicológicos como depresión, flashbacks o ansiedad. Necesitan apoyo psicosocial para poder entender su situación actual, asumir el cambio de vida que implica dejar todas sus pertenencias atrás y normalizar sus vidas. 

Ibaadha, dice que aquí está segura y tranquila aunque le gustaría poder salir del campo y buscar una vida mejor para ella y para sus hijos. Mientras tanto, está feliz ayudando a sus vecinos de Melkadida, uno de los cinco campos que forman Dollo Ado y que alberga a 45.136 personas. Ella es una de las 10 personas que trabajan con el Servicio Jesuita a Refugiados ofreciendo acompañamiento psicológico a las personas refugiadas.

Aamino Abkiinababaa, 20 años (Somalia)

Aamino huyó de su país a causa de “muchos problemas”, según dice ella. “La guerra, la sequía, allí no podíamos vivir, nos fuimos toda la familia, mis padres y mis 9 hermanos”. Ha sido madre en el campo de refugiados y ahora trabaja con el JRS como profesora de talleres de henna y bordado. 

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