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Diario de Viaje: Etiopía (II)

  • Etiopía

Aquí en Etiopía se saludan diciendo Selam. Selam significa hola, pero también significa paz en amhárico, el idioma oficial del país. Paz es lo que vienen buscando las más de 750.000 personas refugiadas que acoge Etiopía. Ahora que todas las miradas están puestas en la llegada de refugiados a Europa, es más necesario que nunca no olvidarnos de las más de 60 millones de personas refugiadas que hay en el mundo, de las cuales el 80% no está en las fronteras europeas sino en países limítrofes a zonas de conflicto. 

Etiopía es un claro ejemplo de ello. Las personas refugiadas provienen de países fronterizos como Yemen, Eritrea, Sudán, Sudán del Sur o Somalia. Huyen de las guerras en sus países o de la sequía que afecta a la región en busca de un futuro digno. Se calcula que 20 millones de personas están en riesgo de inseguridad alimentaria. Estamos hablando de la peor emergencia del planeta tras el conflicto de Siria. 

A pesar de que Etiopía es el mayor receptor de refugiados del continente africano, y a pesar de que las personas refugiadas tienen asistencia médica y algún apoyo económico para alojamiento y comida, esto no es suficiente para poder llevar una vida normal. Muchos de ellos sienten que sus vidas están congeladas ya que las leyes etíopes no les permiten trabajar en el país. 

La mayoría de personas refugiadas permanecen en campos, pero algunos llegan también a la capital. Sólo en Addis Abeba hay unos 8.000 refugiados urbanos registrados, aunque la cifra podría ascender a 13.000, ya que muchos no se registran por miedo a ser enviados de vuelta a alguno de los 23 campos del país. Los refugiados que están en campos tienen asegurada cierta asistencia social e integración comunitaria, pero aquellos que están en la ciudad se vuelven más vulnerables: la vida es más cara, llegan sin nada en las manos y sienten que aquí no tienen un futuro. Muchos siguen camino rumbo Europa, ante la imposibilidad de conseguir una vida normal aquí, y son los que vemos llegar a las costas mediterráneas.

Ante esta situación, el JRS tiene en Addis Abeba con el apoyo de Entreculturas un Centro Comunitario de Refugiados. Es el único centro de acogida en la capital y es un lugar especial, un lugar en la ciudad donde las personas pueden sentirse acogidas y apoyadas, recibir apoyo psicológico, clases de inglés, de informática o de música y donde los más pequeños pueden ir a la escuela. El centro acoge a más de 500 personas cada día de diferentes nacionalidades: eritreos, somalíes, sudaneses, sur sudaneses, yemeníes, congoleses, ugandeses entre otros. Hemos hablado con algunos de ellos y estos son sus rostros y sus historias. Miradas que buscan “Selam ena wodefit”, paz y futuro.

  • Hadiya Abdela

Sergi Cámara / Entreculturas

Tiene 38 años y es sudanesa. Huyó de su país hace 19 años con sus hijos. “Estaban bombardeando nuestra aldea, teníamos que huir de allí”. Han pasado los últimos 15 años en un campo de refugiados y asegura que la vida de refugiada siendo mujer es muy difícil, “ha sido muy duro cuidar y sacar adelante a mis hijos yo sola”. Tuvieron que huir del campo por problemas con sus hijos, afirma que querían matarlos. Llegaron a Addis y desde entonces visitan el centro de refugiados. Ella no sabe leer, ahora asiste a las clases de inglés, quiere que sus vayan a la escuela y aprendan, por eso los trae aquí todos los días “la educación es muy importante, tiene que aprender para su futuro”.

  • Rabha Issa

Sergi Cámara / Entreculturas


Tiene 33 años y es sudanesa. Huyo de su país en 2011 con sus dos hijos. “Estaban disparando y bombardeando las casas, teníamos que irnos de allí. Mi marido estaba trabajando fuera, no podíamos esperarle, no sé nada de él”. Han pasado cinco años en un campo de refugiados. “Es muy difícil estar en un campo cuando eres una mujer y estas sola”. Hace sólo 8 meses que está en Addis Abeba y asiste a las clases de informática en el centro de refugiados. “Es muy bueno para mí, a pesar de que la vida aquí es difícil, estoy aprendiendo un oficio, por si vuelvo a Sudán poder trabajar”. Sus hijos Eliab Asami de 12 años y Mandyh Asami de 7 van al colegio también. “Quiero tener bien a mis hijos, que aprendan todo, inglés, matemáticas, ciencias, es su fututo para cuando la paz vuelva”.

  • Ahmed Saad

Sergi Cámara / Entreculturas

Tiene 38 años y es sudanés. Huyó en 2011 de su país por la violencia. “El gobierno nos bombardeaba, tuve que irme de allí”. Su mujer estaba embarazada y no pudo huir, no sabe nada de ella desde entonces. Ha estado cinco años en el campo de refugiados de Bambasa, de donde tuvo que salir para protegerse ya que al tener una televisión le quemaron varias veces su vivienda por envidia. Llego a Addis hace tres meses. “La vida aquí es muy difícil y peligrosa para mí, quiero seguir caminando, necesito trabajar, tener una vida digna… Me acuerdo mucho de mi mujer y mi hija, espero que estén bien”.

  • Mohammed Hussein

Sergi Cámara / Entreculturas

Tiene 35 años y es yemení. Huyo de su país en 2009 donde trabajaba para las fuerzas especiales hasta que le pidieron que matara a gente. “En ese momento decidí irme, no quería matar a personas, no quería ser un asesino”. Cruzo en barco hasta Djibuti y después entró en Etiopía. Llego a Addis Abeba el mismo día que Michael Jackson murió, dice varias veces. “La vida es muy difícil, el dinero no es suficiente, me quiero ir de aquí, quiero libertad. Confiesa no estar bien psicológicamente, y acude al centro porque aquí se siente bien.

  • Abram James y Serha Yusif​

Sergi Cámara / Entreculturas


Tienen 26 y 31 años, son sudaneses. Huyeron de la guerra en su país en 2011 para proteger a sus cinco hijos. Hace sólo tres meses que están en la capital, los últimos cinco años los han pasado en un campo de refugiados. Estando allí, su hija de 13 años sufrió abusos sexuales, el agresor fue arrestado y murió en prisión. Tenían miedo de represalias por su muerte y salieron del campo por protección. Su hija ahora está enferma de SIDA. Acaban de llegar al centro y aún no forman parte de ninguno de los programas, pero están recibiendo orientación y apoyo psicológico. 

  • Qamar Ali

Sergi Cámara / Entreculturas


Tiene 25 años y es yemení. Llego a Etiopía hace cuatro años con su madre y sus dos hermanas huyendo de la guerra en su país. Ahora es profesora de inglés en el centro de refugiados, donde atiende a 141 alumnos y alumnas de diferentes nacionalidades. “Ensenarles inglés es muy necesario, vienen de países donde no se habla inglés. El inglés es un idioma universal y van a necesitar hablarlo a lo largo de sus vidas, vayan donde vayan”. Para ella la educación de las personas refugiadas es muy importante “conocerán todo si están educados”.

  • Jean Gerard Mapuku Ekponi

Sergi Cámara / Entreculturas

Tiene 40 años y es congolés. Huyó de su país a causa de la guerra hace siete años, donde dejó a su mujer y su hija. Tardo un año en llegar a Etiopía pasando por Uganda.  No quiere volver a su país, dice que aquí está tranquilo, sin miedo. Acude al centro de refugiados tres días a la semana para dar clases de música. Le gusta tocar la guitarra y dibujar. Los demás días de la semana los dedica a vender sus dibujos por las calles.

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