Isabel Menchero “Acompañar y apoyar a las niñas en su recuperación es una forma de decir: tu vida importa, no estás sola.”

Isabel es responsable de Cooperación y Ciudadanía para la Campaña La LUZ de las NIÑAS. Trabaja en Entreculturas desde hace más de 10 años en el área de cooperación internacional como responsable de proyectos en el departamento de África y Asia. Especializada en género y desarrollo, así como en educación sexual. Desde 2018 forma parte del equipo de Coordinación de la Campaña la LUZ de las NIÑAS que se lleva a cabo en más de 15 países de América Latina y África.  

¿El cierre de las escuelas como consecuencia de la COVID -19 ha aumentado la situación de vulnerabilidad de las niñas refugiadas? ¿De qué manera se ha puesto en riesgo su vulnerabilidad?
 
El cierre de las escuelas durante el confinamiento ha evidenciado la importancia de la escuela como espacio de protección para las niñas refugiadas y el rol fundamental de la comunidad educativa en el acompañamiento a las niñas, especialmente en lugares donde las niñas están expuestas a entornos de violencia e inseguridad. Al cerrar las escuelas, las niñas han quedado sin acceso al único espacio de aprendizaje y socialización, ya que en el hogar deben asumir las cargas doméstica y de cuidado, los trabajos de subsistencia (agricultura, agua…etc), tareas que en algunos contextos las exponen al riesgo de ser atacadas y a sufrir violencia sexual. Junto al cierre de las escuelas, también se vieron afectados servicios y programas de protección a las niñas, lo que ha supuesto una triple crisis, de desplazamiento forzado como consecuencia de los conflictos, la pandemia del covid-19 y un mayor riesgo de sufrir violencia sexual, trata y explotación por parte de grupos armados en conflicto. Estas son las consecuencias de medidas que no han tomado en cuenta las necesidades específicas de las niñas, sobre todo en contexto de conflicto, y que incluso han contribuido a generar mayor riesgos para las niñas. Es por ello que, tal y como ha advertido UNFPA, en caso de no aumentar los esfuerzos para prevenir el matrimonio infantil, 13 millones más de niñas podrían ser casadas antes de los 18 años.     
  

¿De qué manera el programa La LUZ de las NIÑAS trabaja para prevenir la violencia en las niñas y adolescentes refugiadas durante la pandemia?
 
En los contexto de desplazamiento y refugio, las niñas están expuestas a un alto riesgo de sufrir violencia, especialmente violencia sexual, trata y explotación, matrimonio infantil. La comunidad educativa juega un papel fundamental en la puesta en marcha de mecanismos de protección para las niñas, así como en facilitar la reintegración social y educativa de niñas víctimas de violencia. 
 
Así por ejemplo, desde La LUZ de las NIÑAS  en la República Centroafricana y en RD Congo junto al Servicio Jesuita al Refugiado se está apoyando a niñas víctimas de embarazos forzados como consecuencia de la violencia sexual que han sufrido por parte de grupos armados. Se las apoya a nivel educativo y también a nivel de integración social, para ellas y para los menores a su cargo. Ante la creciente presión de las familias de casar a las niñas con grupos armados o por la falta de recursos, desde La LUZ de las NIÑAS se llevan a cabo sensibilizaciones con las familias y a nivel comunitario, y se trabaja con otras organizaciones humanitarias de cara a reforzar la protección de las niñas. La educación de las niñas contribuye a su empoderamiento, mejora su autoestima y las protege frente a la violencia de su entorno. La concienciación de las familias sobre la importancia de la educación de las niñas es fundamental para prevenir el matrimonio infantil.      
 

¿Se ha llevado a cabo  alguna estrategia especial durante la pandemia desde la LUZ de las NIÑAS viendo el aumento de violencia a niñas que viven situaciones de abuso?

La pandemia ha supuesto, y continúa siendo, un verdadero reto en cuanto a garantizar la protección de las niñas y mujeres frente a la violencia. De cara a continuar con el acompañamiento a las niñas ha sido necesario llevar “la escuela a la casa”, tal y como nos explicaban desde Fe y Alegría en Perú. Inicialmente durante los primeros meses del confinamiento, cuando las restricciones limitaban cualquier movimiento, desde La LUZ de las NIÑAS se emplearon distintos medios de difusión virtual y por radio para poder continuar garantizando el acceso a la educación. Sin embargo, ha sido muy difícil para las niñas ya que en el hogar ellas asumen todo el trabajo doméstico y de cuidado por lo que una vez se flexibilizaron las medidas fue necesario llevar a cabo refuerzo escolar intensivo en verano de cara a garantizar su continuidad, como es el caso del trabajo que ha llevado a cabo Fe y Alegría en Chad o el Servicio Jesuita al Refugiado en RD Congo y en Sudán del Sur a través del programa La LUZ de las NIÑAS. En Fe y Alegría Guatemala se repartieron ordenadores y materiales para poder seguir en contacto con las niñas y realizar formaciones y encuentros entre las niñas. 

En cuanto al acompañamiento psicosocial a niñas víctimas de violencia, en lugares como Honduras o Perú, se ha continuado realizando seguimiento a través de teléfono o más tarde con visitas a los hogares en los casos más urgentes.  En Haití, Fe y Alegría lanzó una campaña de sensibilización a través de las redes para prevenir la violencia contra las niñas en el entorno familiar. En distintos lugares ha sido necesario reforzar la sensibilización de cara a prevenir la violencia y garantizar el retorno de las niñas a la escuela.   

¿Cuáles son los contextos en los que la violencia sexual contra las niñas se recrudece?
 
La violencia sexual contra las niñas ocurre en muy diversos contextos pero existen factores que aumentan el riesgo de las niñas a sufrir este tipo de violencia. Los contextos de crisis y conflicto, el desplazamiento forzado y el refugio, los contextos de violencia urbana, la desestructuración familiar. En definitiva, los contextos que vulneran y debilitan las estructuras (familiar, social, institucional) responsables de la protección de las niñas. Estos contextos repercuten en la vulneración de los derechos de las niñas e incrementan la violencia de género. 
Además de esto, existe la cultura del silencio ante la violencia sexual contra las niñas, especialmente cuando esta ocurre en la familia, por parte de padres, padrastros, tíos, primos o vecinos de la comunidad, en su mayoría del entorno conocido por las niñas. En la mayoría de los casos las niñas no se atreven a denunciar.  En  un diagnóstico realizado por Fe y Alegría en Honduras en el marco de la LUZ de las NIÑAS, el 44% de las niñas encuestadas decidiría no contarlo o considera que no se las creería en caso de sufrir violencia sexual.
 

La violencia contra las niñas en conflicto armado es considerada un  “método de guerra para destruir el tejido social” ¿Se considera a las niñas un objeto de negociación? ¿Cómo podemos ayudar a erradicar estas prácticas? 

En los conflictos armados las niñas más que ser un objeto de negociación son objeto de violación con el fin de generar el mayor daño posible a las familias y a la comunidad. Además de las secuelas físicas y psicológicas, tiene como consecuencia el embarazo forzado, lo que provoca una mayor estigmatización y rechazo por parte de las familias y la comunidad. La falta de apoyo a las niñas victimas de violencia sexual tiene graves consecuencias, entre ellas el suicidio, una realidad muy invilizada y de la cual a penas hay datos.   

Desde la LUZ de las NIÑAS acompañamos y apoyamos a niñas victimas de violencia sexual en contextos de conflicto como  República Centroafricana, RD Congo, Etiopía o Sudán del Sur. La violencia sexual por parte de grupos armados o de ejércitos nacionales continuan quedando ampliamente impune. Erradicar esta forma de violencia a veces nos supera y requiere de un gran trabajo de incidencia política y de mucha coordinación entre actores. Sin embargo, desde la intervención de La LUZ  de las NIÑAS hay muchas historias y testimonios de transformación, de cambios en la vida de las niñas, gracias a los espacio de acompañamiento y de apoyo en la escuela. La educación brinda a la niñas una oportunidad de recuperación, de acompañamiento y transformación. Esto supone una luz en medio de la sombra de la violencia que las niñas han sufrido. Acompañarlas y apoyarlas en su recuperación es una forma de decir: tu vida importa, tu vida también vale, no estás sola.   

Por cada violación denunciada en relación con un conflicto, hay entre 10 y 20 casos que quedan sin documentar y la mayoría de los casos de violencia sexual en conflictos armados queda impune, ¿Cómo debería  incidir la comunidad internacional para combatir y denunciar esta impunidad? 
 

En el mundo pre-COVID pensábamos que había avances consolidados. El año pasado se conmemoraron los 25 años de la Resolución 1325 y de la Declaración de Beijing y la plataforma de acción. La pandemia ha puesto en evidencia la fragilidad de los avances y el riesgo de retroceder los compromisos políticos para avanzar en la igualdad de género.
Muchos Estados han incorporado leyes o  mandatos para prevenir la violencia sexual en conflicto y se han dado pasos para procesar a los perpetradores. Sin embargo, faltan recursos humanos y materiales específicos para acompañar y dar seguimiento a estas acciones. En las mesas de negociación política y de alto el fuego, no hay mujeres ni están las supervivientes de violencia sexual. Es necesario y urgente que las mujeres participen en la toma de decisiones políticas sobre la prevención de la violencia sexual en conflicto,    
 

¿La escuela puede ser considerada un espacio de protección y refugio de la violencia contra las niñas que viven en contextos de refugio? ¿Por qué?
 
La escuela debe ser un espacio de protección para las niñas ya que es  uno de los actores, que no el único, responsable de garantizar la protección de la infancia y aplicar los mecanismos necesarios para su protección. Además de eso la escuela tiene un rol fundamental como espacio de transformación social y de prevención de la violencia contra las niñas. En algunos contextos, con el incremento de los años de escolarización se evidencia una menor probabilidad de que las niñas sean casadas. La escuela contribuye al empoderamiento de las niñas, en su autoestima y socialización, y  es un actor clave de incidencia y sensibilización en el entorno familiar y comunitario de cara a erradicar la violencia contra las niñas.   

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