Me llamo Bea, soy voluntaria  de Entreculturas en la Delegación de Cantabria desde su comienzo en 2003 cuando Entreculturas empieza su andadura en esta comunidad. Por aquel entonces se encomienda la tarea de llevar la delegación a Ceferino García (sj) que al mismo tiempo era director del Centro Loyola de Santander. En esos momentos a las personas que pertenecíamos a los grupos de fe del Centro Loyola, se nos invitó a asumir una “misión” personal participando como voluntarios activos en la delegación.

Formar parte de Entreculturas para mí es una satisfacción y un reto personal. La delegación comenzó su actividad con mucha ilusión y ganas de colaborar con la sociedad cántabra en el conocimiento y resolución de los problemas que a afectan  a los países más empobrecidos para sensibilizarles con esa realidad y fomentar actividades para que el cambio a favor de la justicia fuera posible. Para ello tuvimos que conocer su identidad, y su forma de hacer pues se nos ofrecía una variedad de actividades: permanencia en la delegación, relación con empresas, atención a los medios de comunicación social, reparto de material a los centros educativos, ingresos de donativos en el banco, recogida de móviles, coordinación con otras entidades para la SAME, dar cuenta de los gastos de la delegación, formación y puesta en común para fundamentar y consolidar las razones y motivos de la acción. 

Somos conscientes de que nuestro pequeño aporte, grano de arena, tiene repercusión en aquellos países con los que trabajamos. Nos sentimos enviados a la misión, una misión compartida con los más desfavorecidos, queriendo defender el derecho a la educación de calidad. A lo largo de estos 18 años la delegación ha ido evolucionando según las necesidades y situaciones estructurales, sociales y personales que se han ido presentando hasta llegar al momento actual.


Han pasando por la delegación muchas personas que han dedicado su tiempo a Entreculturas colaborando en aquello que hiciera falta. Entre ellas quiero recordar a nuestra delegada Maripi, recientemente fallecida de forma inesperada por su entrega a la misión compartida. Nos sensibilizaba a todos y todas con la importancia de participar en los actos de la organización en la ciudad. Como decía ella, hay que darse a conocer, sensibilizar a la gente y así seremos capaces de crear un mundo más justo y solidario, creando oportunidades para todos y todas  y trabajando por el Reino para amar y servir más a Dios, como dice San Ignacio. 


Gracias Maripi por compartir misión, vida y fe con nosotros… Y también quiero dar las gracias a todos/as los/as voluntarios/as de la delegación por  vuestra entrega, tiempo y compromiso. Gracias.