Clara Mozas tiene 28 años, es trabajadora social y estudió un máster en Cooperación para el Desarrollo. Durante su trayectoria como trabajadora social ha trabajado con personas  migrantes y solicitantes de protección internacional en Valladolid y Segovia. También tiene experiencia en gestión de proyectos. Le gusta hacer cerámica y restaurar muebles, otro de sus hobbys es el teatro ligado a fines sociales como a intervención con personas o la incidencia social. Desde finales de junio de este año es VOLPA en la Delegación Diocesana de Migraciones de Nador. 

¿Cómo conociste Entreculturas?
Conocía Entreculturas como organización internacional y sabía que tenían una sede en Valladolid, pero no había profundizado en sus líneas de trabajo. En Valladolid comparten sede con “Calor y café”, conocía el local pero no conocía el trabajo. A raíz de conocer VOLPA, estuve buscando más información sobre la intervención tanto en terreno como incidencia desde un punto de vista más local.

¿Cómo conociste VOLPA? 
En redes sociales una chica que conozco de Valladolid compartió una publicación sobre su jornada de envío y hablaba sobre el proyecto en el que iba a hacer VOLPA. Me llamó la atención porque justo estaba pensando en hacer un voluntariado internacional de al menos un año, así que empecé a leer sobre Entreculturas y sobre VOLPA, le pregunté a esta chica sobre su proceso de formación y envié mi solicitud.

¿Es tu primera experiencia de Voluntariado Internacional?
Ya había tenido alguna experiencia de voluntariado internacional pero de un tiempo máximo de dos meses, pero no de larga duración como VOLPA.

¿Qué significaron para ti los meses de formación previa?
En un inicio fue una de las cosas sobre las que más pregunté, ya que yo ya tenía formación en Cooperación y acción humanitaria. Aun así, el enfoque es totalmente diferente. Mis compañeros de formación de la sede de Valladolid, Sara y Héctor, fueron grandes compañeros de reflexiones que enriquecieron bastante la formación. El equipo que nos acompañó con mucho esfuerzos y compartiendo sus experiencias para reforzar y preparar la nuestra. Los temas que se tratan en la formación son necesarios, te ayudan a deconstruir aspectos personales y culturales antes de la experiencia en terreno. En muchas ocasiones cuando viajamos a países del Sur Global llevamos una serie de actitudes aprendidas que tienen un impacto negativo en a comunidad con la que vamos a convivir. En la formación te ayudan también a tener claras tus motivaciones. La integración en los países de destino de VOLPA, suele ser un reto en cuanto a la integración en la comunidad y a los contextos. Esta preparación personal es muy importante.

¿A qué país fuiste destinada? ¿Cuándo llegaste allí?
En principio fui destinada a la región de Tigray, en Etiopía. Por el COVID no pude viajar, así que mi VOLPA quedó en pausa. Meses después surgió un conflicto en esta parte del país, un conflicto que está siendo muy destructivo para la población local y, aprovechando este altavoz, animo a leer y buscar información sobre ello ya que no está siendo visibilizado.  Meses después, se me propuso un nuevo destino: Nador, una ciudad marroquí que había escuchado muchas veces nombrar por parte de personas migrantes llegadas a Europa y que me producía enorme curiosidad. Llevaba tiempo queriendo saber qué pasaba allí.  Finalmente, en junio de 2021, viajé a esta ciudad rifeña.

¿Con qué institución estás colaborando?
Colaboro en la Delegación Diocesana de Migraciones (DDM) en Nador. Es una organización que apoya y acompaña a las personas migrantes también en otras ciudades (Oujda, Alhucemas, Tetuán y Tánger) y que está poniendo también en marcha proyectos de incidencia en los paises de origen.En Nador trabajamos con las personas migrantes que están esperando su oportunidad de llegar a Europa. Esta intervención se lleva a cabo por un equipo multidisciplinar (atención médica, psicosocial, apoyo administrativo, etc) y multicultural con el foco siempre puesto en la participación de la comunidad que recibe el apoyo. La manera de enfocar la intervención es muy cuidadosa y pone en el centro a la persona de una forma digna y respetuosa con su realidad. En el equipo hay personas que han pasado por ese proceso migratorio y que han vivido la realidad de Nador desde el punto de vista de quienes siguen la ruta. También hay un equipo de personas participantes que trabajan como enlace con la comunidad migrante que acompañan a los equipos y facilitan la adaptación del trabajo a la realidad del contexto. Eso es un eje muy importante del trabajo que se hace y aporta un punto de vista muy especial.

 ¿Cuál es tu misión en el proyecto? ¿Cuáles son las particularidades del proyecto?
El contexto en el que está situado el proyecto con el que estoy colaborando es particular, ya que es un contexto fronterizo bastante extremo a muchos niveles. También valoro mucho el enfoque desde el que se trabaja, como acabo de mencionar. Por mi parte, durante los 5 meses que llevo aquí he estado apoyando diferentes líneas de intervención. He apoyado el recurso de acogida para personas de mayor vulnerabilidad, he contribuido a desarrollar actividades psicosociales y del equipo especializado en el trabajo con mujeres y he sido parte del equipo social. No tengo una rutina diaria de trabajo ya que el contexto está en constante cambio, la manera de responder cambia cada semana y las demandas van variando. Aun así, hay ciertas actividades que mantengo con regularidad: clases de español en el recurso de acogida, actividades lúdicas y de creatividad con mujeres, seguimiento de solicitantes de asilo y de retorno voluntario, realización de algunos acompañamientos administrativos, etc. 

¿Cómo fueron las primeras semanas de trabajo?
Necesité algunas semanas para entender el contexto en el que se sitúa el proyecto. Las primeras semanas estuve acompañando a los equipos en algunas actividades para ver la globalidad de la intervención y la organización de la comunidad con la que se trabaja. Salí con el equipo médico que pasa consulta en “la foret” (los bosques de alrededor de Nador), participé en las actividades del “Espace femme” (equipo especializado en el trabajo con mujer), escuché en las reuniones del equipo psicosocial con los enlaces comunitarios, conocí el trabajo de acompañamiento del equipo social, y toda la parte logística que implica todo este trabajo. 
Estas primeras semanas me sirvieron para poco a poco saber cómo poder aportar algo al proyecto.

¿Qué es lo que más te ha llamado la atención en este tiempo?
Desde el punto de vista de VOLPA, he entendido lo importante que es la formación previa. Como he dicho, yo ya tenía formación en el campo de la cooperación y la acción humanitaria, pero hay una parte más humana y psicosocial que no siempre se tiene en cuenta y es muy importante. 
Por otro lado, aunque ya había trabajado con personas migrantes en España, ver el proceso migratorio desde el otro lado es todo un aprendizaje. Es increíble la fuerza de voluntad y la superación que supone esta ruta migratoria y creo que desde Europa no somos conscientes de todo lo que supone este recorrido. Por mucho que nos hablen de la injusticia y la crudeza de los recorridos migratorios es muy difícil que entendamos  las realidades a las que se enfrentan.

¿Hay algo a lo que te esté costando especialmente adaptarte?
La injusticia. Muchas de las cosas que pasan en nuestro día a día nos ponen al límite, y la implicación con ciertas personas muchas veces nos hace pasar momentos muy duros. Es muy complicado ver cómo se vulneran derechos de forma sistemática y estructural.

¿Te está gustando la experiencia? ¿Hasta cuándo tienes previsto estar allí?
Está siendo una experiencia en la que estoy aprendiendo y creciendo mucho. De Nador podemos sacar lo mejor de la cultura árabe del Norte de África y lo mejor del África Subsahariana y en ese sentido está siendo una experiencia muy bonita. Aun así, es un contexto difícil y tiene que tener una fecha de vuelta. 

¿Recomendarías VOLPA a otras personas? ¿Por qué?
¡Desde luego que sí! A nivel personal se crece mucho y nos ayuda a conocernos mejor a nosotras mismas. También es muy importante el grado de adaptabilidad que se adquiere y el conocimiento de otras realidades que se sitúan (y nos sitúan) en un lugar muy lejano a cualquier situación a la que estemos acostumbradas. 

¿Qué significa para ti ser voluntaria? 
Para mí el voluntariado es una manera de estar en el mundo y de participar en la sociedad. Está claro que hay muchos tipos de voluntariado: más orientados al trato directo con personas o a temas de incidencia social. En ambos casos nos dan un conocimiento más amplio del mundo y nos dan ganas de intentar mover cambios, proponer alternativas y reforzar las luchas de personas cuyos derechos son vulnerados. VOLPA es un buen comienzo para ello, o una buena continuación, pero lo que está claro es que es una oportunidad de situarte en la realidad global.