Soy un “joven” de 53 años y siempre me gustó aportar, de manera desinteresada, en la medida de mis capacidades y disponibilidad de  tiempo, participando como voluntario en alguna ONG, asociaciones culturales y juveniles y agrupaciones deportivas. Por poner algunos ejemplos, colaboré con el departamento de educación de Ayuda en Acción, realicé un programa de radio en una emisora local, fui miembro del grupo de rescate en montaña de Cruz Roja en Madrid, fui voluntario de Amnistía Internacional  y colaboré en la organización de actividades en un club de montaña en Coslada, entre otras muchas cosas.

Desde muy joven fui un gran aficionado a la montaña y gracias a esta «excusa» he visitado varias cadenas montañosas del mundo. He desempeñado múltiples trabajos: Guía y profesor de montaña, monitor de cicloturismo, logista para Médicos sin Fronteras en Angola y Sudán del Sur, trabajador vertical colgado de cuerdas en cientos de edificios de Madrid, electricista, camarero, chofer privado, profesor de trabajos en altura, handyman, auxiliar de mantenimiento, árbitro de fútbol sala, limpiador, barrendero, etc. Por diversos motivos he viajado, además de a los países mencionados, a otros de los seis continentes. Por ejemplo: EEUU, Colombia, Irán, Irlanda, Escocia, Noruega, India, Nueva Zelanda, Irak o Etiopía. Con una actitud de curiosidad constante y pasión por conocer lugares, personas y experiencias, me considero un viajero adicto, así como con un gusto especial por experimentar nuevas actividades y situaciones y por supuesto, en ayudar e intentar hacer un mundo un poquito mejor.

Después de algunas malas experiencias con algunas ONGs, tanto de voluntario como profesionalmente, buscaba un lugar en donde desarrollar una labor de ayuda a los demás más acorde a mis planteamientos y formas de ver las cosas. Encontré en la propuesta del voluntariado de VOLPA, algo que podía ser más identificativo conmigo, más como entiendo yo las cosas, tanto en forma, como en contenido. Por lo que, después de superar un prejuicio inicial con ONGs vinculadas a la iglesia, ya que yo no soy creyente, me informé mejor de lo que era Entreculturas y del proceso VOLPA y me pareció interesante al menos probar y luego ir viendo.

Desde un primer momento tuve sensaciones positivas en el proceso de formación, que me pareció, aunque bastante introductorio, coherente y enriquecedor y todo estaba en general bien organizado. Pero luego vino el Covid y todo el proceso quedo por unas semanas en el aire. Menos mal que la organización rápidamente planteo soluciones para que pudiéramos seguir con la formación on-line. Y aunque no fue lo mismo, al menos pudimos avanzar hasta el final del proceso formativo  y plantearnos la posibilidad de salir a los destinos. Cuando llego ese momento, me surgieron dudas personales sobre la posibilidad de salir al terreno y medite mucho sobre la opción de salir o no. Estando en ese proceso de reflexión me dieron la opción desde la coordinación de VOLPA de ponerme en contacto con Alboan en Euskadi y en concreto con la Fundación Ellacuría para participar como voluntario “intensivo” en un proyecto de hospitalidad para jóvenes marroquíes que están emprendiendo una nueva vida en tierras vascas y apuestan por su formación e integración para un futuro mejor. Por lo que se me daba la oportunidad de vivir con ellos en una casa grande que los jesuitas tienen en Durango (Bizkaia) que se llama Jesuiten Etxea.

Ahora mi labor aquí es vivir con 15 jóvenes marroquíes “sin papeles”, acompañando y ayudando en la medida de mis posibilidades, estorbando lo menos posible,  a ellos y a los diferentes profesionales sociales que trabajan en este proyecto. La casa es anexa del complejo educativo del colegio de Jesuitas de Durango y algunas veces podemos hacer uso de sus instalaciones deportivas, que los jóvenes valoran mucho, y también de las educativas. El personal del colegio está colaborando en muchos aspectos con el proyecto.

Aquí desarrollo tareas sencillas de mantenimiento de la casa, apoyo en el idioma español practicando con los jóvenes todo el rato y aporto también,  algunas veces, en los arreglos y tareas sencillas de servicios generales de algunos pisos de acogida que tiene la fundación Ellacuria.

Por supuesto, queda tiempo para salir a estas montañas maravillosas de Euskadi y un par de  Domingos, antes del verano, les prepararé un taller de montaña para que se animen los chicos a disfrutar de la naturaleza. Ya algunos lo hacían antes de que yo llegara por aquí y ahora voy muy a menudo con algunos de ellos a realizar actividades de montañismo.

Luego hay otros extras interesantes, como participar de toda la red de voluntarios que pasan por la casa para hacer actividades diferentes con los jóvenes. Hay profesores, terapeutas, educadores, etc. con sus  familias muchas veces. Se quedan a dormir algunos y comparten tiempo y apoyo con los chavales.

Aparte de aprender mucho de la realidad de la migración de jóvenes desde el otro lado del Mediterráneo. También hay momentos interesantes de todo tipo, por ejemplo: conocer las historias personales de los chicos. Algunos pasaron a España en patera, otros bajo camiones, etc. Algunos llegaron a España siendo menores y algunos han vivido en la calle varios meses hasta que el covid los reunió a todos en un polideportivo y ahí empezó su historia juntos para posteriormente trasladarse a esta casa y su acompañamiento a cargo de Fundación Ellacuria.

Los chicos, hay de todo, como en botica. Algunos se adaptan muy bien a las nuevas circunstancias, son muy conscientes de la oportunidad que se les brinda y tienen más madurez que yo a mis 53 años y otros no tanto, contándoles la vida comunitaria mucho más, con altibajos de humor y problemáticas diversas. Los trabajadores, Jesuitas y algunos voluntarios hacen un esfuerzo enorme para dar respuesta a todas esas situaciones.

Algunas veces la vida en la casa no es fácil, es una experiencia muy intensa. Ellos son jóvenes y se nota, con todo lo que ello implica. Yo por otro lado soy un “señor” de más de 50 años y mis biorritmos, como podéis imaginar, no son los mismos. Además son jóvenes que necesitan, a veces, un talante y una forma de interactuar con ellos muy especial y concreta y eso no es fácil de aprenderlo. Pero hago lo que puedo. Hace falta mucha templanza y grandes dosis de abnegación.

La mayoría de los días cocinan ellos y estoy disfrutando de unas comidas a lo hispano-marroquí muy interesantes, aparte de conocer toda la discografía y vida de los raperos marroquíes que viven en España y que cantan sus canciones en español.

También hay otros momentos interesantes, que nada tiene que ver con la casa……pasear por estas tierras que siempre me gustaron, comer con la comunidad de jesuitas veteranos en Bilbao manteniendo charla amena sobre montañas, batallitas, temas diversos y chascarrillos, conocer a otros jesuitas que se han pasado 40 años en el Congo y siguen con un espíritu joven o visitar el proyecto de Jesuitas Social, en Donostia, Loiolaetxea, por la integración y reinserción social.

En fin, aquí en mi vida actual espero que vayan bien las cosas y siga aprendiendo, que se vayan superando las dificultades, que también las hay y pueda seguir aportando hasta navidades, que es cuando más o menos acabaría mi año VOLPA. 
Si quieres aprender en el amplio sentido de la palabra, de ti y del mundo. Os animo a salir de vuestra burbuja y participar en VOLPA.


Chema Lanillos