Argentina: Ir a la escuela, un acto de justicia y paz

Argentina es un país de contrastes: territorio de llanuras y montañas, estepas y selvas, campos áridos y glaciares y, económica y socialmente hablando, desigualdades y segregación social en lo relativo al nivel de vida de unas zonas y otras. Con un índice de pobreza más bajo en la región central y más alto en el norte del país, más de 5,6 millones de niños en Argentina se encuentran en la pobreza, de los cuales 1,3 millones sufren directamente hambre, de acuerdo con Naciones Unidas.

Si las personas vulnerables no se empoderan, sus voces y necesidades continúan silenciadas, perpetuando, así, un sistema que restringe oportunidades y futuro a muchas de ellas. Por eso, en Entreculturas colaboramos en proyectos y centros educativos con Fe y Alegría en las provincias argentinas con los índices de pobreza más altos: Corrientes y Chaco (ambas al noreste del país), Salta y Jujuy (al noroeste) y la provincia de Buenos Aires. Se trata de localidades con elevados índices de marginalidad y analfabetismo, muchas conformadas por viviendas de protección oficial que no siempre tienen acceso a agua, luz o sistemas de desagüe. Faltan oportunidades laborales, asistencia sanitaria y educación de calidad para los habitantes de estas zonas. Además, el consumo de drogas, el alcohol y la violencia de género e intrafamiliar son enraizados problemas sociales. A través de la educación, Fe y Alegría y Entreculturas buscamos acompañar a las familias y generar un espacio común entre alumnos/as, personal docente, padres, madres y comunidad para reformular presentes y porvenires, haciendo hincapié en el trabajo con mujeres. 

Con el objetivo de mejorar la empleabilidad e inserción laboral de los jóvenes de estos lugares, en 2007 ampliamos la formación pedagógica e incorporamos una formación técnica y profesional. En los 8 centros de diversas zonas del país en los que actualmente estamos presentes, llevamos a cabo cursos de profesionalización (abarcando áreas como peluquería, informática, técnico/a electricista, costura, herrería, carpintería, albañilería o huertas comunitarias), ofrecemos educación primaria para adultos, formaciones online, programas de prácticas en escuelas y empresas, preparación para la adquisición de títulos oficiales y fomento del micro emprendimiento y cooperativismo. También impartimos talleres de género, prevención de adicciones, ciudadanía, diversidad, fomento de la paz y la no violencia, entre otros.

“Cuando llegamos al barrio no había calles delimitadas ni marcadas. La llegada de la escuela significó muchos cambios para las familias de esta comunidad”, comenta Miriam Gabriela Angulo, profesora del Centro Educativo Fe y Alegría en el Barrio Norte de la ciudad de Bella Vista (en la provincia de Corrientes). Lleva enseñando  en el colegio desde su fundación hace más de 17 años, cuando solo tenían un terreno y cada árbol ejercía de aula. “Al principio no éramos reconocidos como escuela, pero lentamente la comunidad fue aceptándonos, así como la ciudad de Bella Vista, por lo que hacemos. Van pasando generaciones de chicos y chicas, en algunos casos logramos que vayan a otras escuelas de nivel medio de la comunidad cuando terminan la primaria. A la vez les ofrecemos tutorías, pueden recurrir a nuestra escuela para buscar ayuda o usar la biblioteca del colegio. Los padres y madres que son analfabetos vienen a capacitarse con nuestros cursos. Aquellos y aquellas que están terminando primaria también quieren terminar la secundaria. Cada año tenemos algún logro que hace que nuestra tarea sea muy gratificante”. 

“Esto no es una escuela nocturna”, explica Alejandro Sotelo. Docente de un centro de estas características, en 2016 también comenzó a impartir clases también en la escuela de Bella Vista a madres jóvenes que no habían completado la educación primaria. “Las alumnas son madres con bebés, con niños, y el horario es más flexible. Pueden traer a sus hijos a clase y las horas se adaptaron para que tuviesen clase en el mismo horario que el de sus niños en este centro”, añade. Para Alejandro, la alfabetización dignifica a las personas: “la escuela de adultos se traslada, con estas clases, a los sectores más populares para acercarles herramientas, que estas madres completen su escolaridad y sean parte de toda la ciudadanía que nosotros pretendemos”. 

Para Toffaletti, profesora y preceptora del centro de Fe y Alegría en Resistencia, en Chaco, el acompañamiento es crucial: ”desde nuestro humilde lugar de docentes, tratamos de apoyar, de orientar, de dar un concepto de familia a los alumnos y alumnas. Algunos, siendo menores, fueron echados de sus hogares y empezaron a trabajar muy tempranamente. El hecho de que vengan a la escuela es un acto de justicia y de paz. Sienten que están a tiempo de cambiar su realidad y que no todo está determinado por un destino”.

Las mujeres, a pesar de permanecer muchas veces en la sombra, juegan un gran papel en este ansiado cambio. Las familias que habitan el área de influencia de las escuelas de FyA son, en muchas ocasiones, madres solas a cargo de familia, abuelas a cargo de sus nietos y nietas, y familias numerosas en las que la mujer es la única que trabaja. Formadas y empoderadas, ellas pueden impulsar aún más sus propias vidas y las de aquellos que forman parte de su entorno. “La autoestima está por los suelos, sobre todo la de las mujeres. Hemos hecho talleres de madres sobre el derecho de la mujer y la violencia de género para que comiencen a levantar su autoestima”, explica Angulo.

Mariel Villanueva vive en el barrio Matadero de Embarcación, en Salta, y estudia la carrera de Profesorado en Educación Especial. “Estudié primaria y secundaria con FyA. Me han ayudado económicamente porque antes no tenía para estudiar. Cuando me quedé embarazada seguí estudiando con la ayuda de los profesores que iban a mi casa, me animaban. Ahora ya estoy en tercer año de carrera y sigo estudiando porque tengo que seguir adelante con mi hijo”. “Siempre se trata de seguir adelante”, comenta Sofía Cabrera, que estudia el curso de operadora de informática en Ongay, Corrientes. Por ello, seguimos velando por una educación de calidad que brinde un presente y futuro dignos para todos.