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Alberto Martín
Cuando empiezas este tipo de textos nunca sabes qué contar. Me preguntan cómo estoy, qué me he encontrado por aquí... Cómo responder a esto de forma franca, objetiva, evitando sentimentalismos lacrimógenos. Cómo plasmar una riada de emociones; sobre todo las primeras, justo antes de que te empieces a integrar en el día a día y todo te comience a parecer "normal".


Tres pinceladas para compartir: dos sobre el país y una sobre mí. Lo primero que llama la atención cuando llegas a Burundi es que las carreteras están atestadas de gente andando de un lado para otro. Únicamente los muy ricos y las ONG tienen coches. Hace poco atravesé el país de este a oeste por la carretera principal y solo nos cruzamos con seis o siete vehículos, 3 de los cuales eran del ACNUR repatriando refugiados de los campos de Tanzania. No hay ningún movimiento, no hay actividad económica, sólo actividad de subsistencia.

La segunda impresión es de profunda esperanza. A Africa le llaman "Le continent sans future". No estoy de acuerdo, después de muchos años de guerra y posterior alto el fuego, en Burundi llevan ya más de tres meses sin toque de queda e incluso dos meses después del alto el fuego la Educación Primaria se declaró obligatoria y gratuita. Los países vecinos empiezan poco a poco a levantar la cabeza y cuando hablas con la gente percibes el optimismo que se respira. Es cierto que la región es aún muy inestable y que faltan años para que la democracia se consolide, pero mi impresión es que éste es el buen camino.

Y sobre mí, sólo decir que estoy ahora donde llevaba mucho tiempo soñando y que trabajar con el SJR acompañando, sirviendo y defendiendo, hace que cada noche me pueda acostar en paz escuchando el lindo sonido... del grupo electrógeno, porque muchas noches no hay corriente.