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Olga Regueira (desde Haití)

Un mercado donde las vendedoras, que son mayoría, venden diez naranjas, otras dos pintauñas, papel del baño, pastillas-grageas-comprimidos de medicinas hasta para el parkinson, toda clase de verduras, frutas, especias, perchas, jabón, velas, cadenas de "oro", tarjetas para el teléfono y hasta llamadas de teléfono, un mercado con miles de personas gritando sus precios, sus ofertas, personas comiendo, durmiendo, buscándose la vida...

"Ha comenzado la temporada del mango... ya tenía ganas... Qué lejos queda para nosotros eso de la fruta de temporada, verdad? Y me acuerdo de los mangos porque conozco a dos o tres señoras que los venden por la calle (bien ricos). Tienen su arbolito en casa (o en la del vecino) y cuando maduran tienen algo más que ofrecerle al mundo para ganarse la vida...y lo hacen en la calle porque no tienen otro sitio.

Hace ya unos años comenzó a fraguarse el mercado de Petionville consolidado por el éxodo de miles de personas que subían a este barrio "alto" desde la ciudad para refugiarse de la violencia que durante los años 2004 y 2005 sufrió este país.

La madrugada del domingo al lunes pasado, la policía comenzó a desmontar los cuatro o cinco millones de maderos, palos, tablones, telas y plásticos que conformaban el mercado para que, cuando llegaran a su quehacer diario, los vendedores (mejor dicho, las vendedoras, porque son mayoría), no pudieran siquiera ocupar el espacio que, por antigüedad, tenían asignado y les animaban a trasladarse rápidamente a la zona nueva para intentar agarrar a tiempo... (porque, amablemente, les avisaban de que la mayoría ya están asignados a familiaresamigosoacreedoresdealgúnconocidoaunloquesealejano
delaspersonasdelayuntamientoresponsablesdeestajustadistribución... ufff!!!!) ....alguno de los espacios que quedaban por adjudicar.

Estas y otras (como la regularización de las placas de los vehículos) son medidas lógicas, higiénicas, sociales, pero muchas cosas tienen-tendrían que pasar primero para poner en marcha un sistema de recaudación justo si es que existe, porque quien sigue pagando los platos rotos son siempre los mismos... los que no tienen para pagar el colegio de sus hijos e hijas, los que tienen un pie amputado por una herida mal curada porque no pueden pagar siquiera la medicina que necesitan, por los que se bajan del tap-tap porque les falta un gourde...me lío y no debo, perdón.

El lunes por la mañana lo que me encontré de forma inesperada fue una multitud añadida a la que diariamente me cruzo (dos multitudes, pues!) cuando voy atravesando el mercado para tomar mi primer tap-tap del día. Una multitud gritando, cantando, saltando y lo peor... exacerbada. Vi a cientos y cientos de personas que se sumaban a los miles ya existentes y que acudían a raudales para manifestarse con la turba. Vi a jóvenes que nada tienen que ver con el mercado, pero sí con la carestía de esta vida cada vez más opresora. Vi a una masa ingente y ciega, pero acompasada gritando el mismo lema "basta, tenemos hambre". Y vi a una de las señoras a las que a veces le compro mangos saltando, cantando, gritando, fuera de sí, con un madero en su mano capaz de dejarse el alma con tal de que alguien la escuchase... "¡Tengo hambre!"

El lunes cerraron el mercado de Petionville, pero seguiré comprando mangos en la calle."