Ángela Sanz Barrera, VOLPA en Guatemala
De ese país lo único que sabía era la frase "de Guatemala a Guate peor..", una idea que me hacía prepararme para casi todo...
Entonces llegamos a este pueblecito perdido en medio de las majestuosas montañas, con su gente cien por cien indígena, en un ambiente casi ancestral... así es Santa María de Chiquimula, en Totonicapán, un paraíso que iba a ser mi hogar. Y con todo tipo de lujos: agua corriente (y además caliente), luz, Internet (a veces), baño, toallas... Los primeros meses fueron de observar, tantear el terreno y, por supuesto, trabajar muchísimo, a un ritmo al que no tardé en adaptarme. Una de las cosas más satisfactorias y motivadoras fue ver cómo la gente del propio pueblo y mis compañeros de trabajo se entregaban al 100% al esfuerzo de desarrollar un poquito esta Guatemala tan castigada por el hambre, la pobreza y el analfabetismo. Me vi arrastrada por su entusiasmo.
Pronto caes en la cuenta de que, en medio de tanta necesidad, hay mucha luz, hay niños que quieren jugar, hay amabilidad, y dan lo poco que tienen, porque su cultura es ofrecer, tienen una visión de la que tengo mucho que aprender, tienen una fuerza desgarradora en su lucha por darle una tortilla de maíz a sus hijos y un puñado de frijolitos. Mi trabajo aquí es muy variado, siempre dentro del campo de la salud. Tenemos más de 30 grupos de mujeres y niños a quienes se les proporciona formación, alimento y un seguimiento de nutrición. Apoyamos la medicina natural, alternativa, propia de la cultura de aquí (¡es muy interesante!). Dos días a la semana estamos en una pequeña clínica, con farmacia, y en los dos días de descanso siempre asisto a cursos, o soy yo la que preparo formaciones, así que nada de tiempo para aburrirme .Aquí todo es práctico, en cuanto aprendes algo nuevo lo replicas, y todos los cursos son pura práctica, nada de estudiar para que se quede en un rincón escondido de la cabeza sino para aportar y servir a los de tu comunidad. ¿Aporto algo? Sólo con haber hecho algunos amigos para siempre ya merece la pena estar en cualquier lugar, siempre es un intercambio. ¿Me llevo algo? Todo; como ya sabía que pasaría Ahora entiendo que si estás un mes, conoces algunas historias, pero cuanto más tiempo pasas, más confianza das, más se abre la gente, porque no hay que olvidar que soy extranjera, gringa, canche, blanca, alta, con pelo rizado, tengo costumbres rarísimas, no hablo su idioma, llevo ropa que nunca se pondrían y una larga lista de diferencias evidentes ¿quién va a confiar en mi? Si estás más tiempo, más se aprende, más se comparte, se tienen ideas, proyectos, y para realizarlos necesitas un año, mejor dos, o mejor toda la vida. Para mí, sin duda, está siendo una gran experiencia. |
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