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Brunilde Román, VOLPA en Chad
También suponía un reto personal por la dificultad del clima y la austeridad de las condiciones de vida... Ha habido de todo; cansancio, enfermedad, ganas de tirar la toalla... pero, más allá de todo eso, rescato la integridad de muchos chadianos con los que he trabajado. Son gente que sigue adelante queriendo y creyendo que las cosas pueden cambiar. Ellos son la prueba de que la aspiración última del ser humano es la libertad, y esa verdad los sostiene por muy difíciles que sean las cosas.

Yo iba con la idea de ayudar, de hacer algo útil, pero el Chad es una prueba de humildad: no tienes fuerzas para hacer todo lo que quisieras, tu imagen de ti misma se cae y, al final, te das cuenta de que, independientemente de lo poco o lo mucho que hagas, lo importante es tu presencia: no las cosas que haces, sino las experiencias que compartes. El trato con mis compañeros de casa y de trabajo también me ha enseñado mucho sobre la paciencia -la que ellos han tenido conmigo, claro, no la que yo he tenido con ellos- y sobre los prejuicios (sí, también los míos). También me he visto obligada a aprender cómo funciona una lámpara de petróleo y un grupo electrógeno y, aunque las máquinas no son mi fuerte, ¡al final me ha hecho ilusión ser capaz de encenderlos!

Respecto a mi función concreta en Chad, yo me ocupaba de la parte de secretariado-comunicación y era asistente en el proyecto pedagógico que Fe y Alegría está poniendo en marcha en este país. Esto me ha permitido integrarme en la realidad local, conocer los pueblos, la vida de la gente, la problemática de la educación en la región. Ha sido una gran oportunidad y en esos momentos te das cuenta de lo duro que es ir a por el agua a dos kilómetros, los desplazamientos en época de lluvias... pero vale la pena.

Todavía estoy asimilando la experiencia. Es pronto todavía para decir en qué ha influido pero evidentemente es algo que ya forma parte de mí: las montañas de Mongo y los espinos, los niños en sus cabañas redondas, la comida, los momentos compartidos, también la experiencia de la guerra y de la enfermedad... es una puerta que se ha abierto pero todavía no puedo decir a dónde me ha conducido.

Lo que sí quiero es agradecer a Entreculturas esta oportunidad... Pues, rescatando una frase de Gandhi, "mi mensaje es mi vida", y creo que el voluntariado es una manera de buscar esa coherencia... que nuestros actos expresen lo que somos, y mi deseo es que la suma de todos nuestros pequeños actos nos haga a todos un poco más grandes.