Somos Bene y Mary Cruz, voluntarias en la Delegación de Extremadura desde que conocimos Entreculturas. Sin embargo, actualmente estamos en Managua trabajando con Fe y Alegría y las Comunidades Eclesiales de Base, porque decidimos embarcarnos en el programa VOLPA. Llegamos aquí el mes pasado con muchísimas ganas e ilusión, y ahora tenemos dos años por delante para aprovechar esta oportunidad.
Después de vivir estancias cortas en el Sur como voluntarias -nos conocimos en El Salvador- quisimos implicarnos más. Por eso comenzamos la formación VOLPA, que para nosotras supuso una experiencia muy importante. Desde el simple hecho de desplazarnos cada 15 días a Madrid desde nuestros pueblos, Talayuela y Miajadas (Cáceres), un viaje en coche de entre 500 y 700 kilómetros que nunca habíamos hecho; hasta la forma en que nos removió por dentro. Le plantamos cara a nuestro deseo de ser voluntarias un el Sur durante tanto tiempo, apelaron a nuestra responsabilidad y poco a poco hicimos el trabajo de “aligerar la mochila”: discernir entre lo que teníamos que cargar de nosotras mismas para traernos aquí y lo que debíamos dejar en casa porque nos sobraba.
Fue difícil, como un viacrucis, porque no estamos precisamente en el momento más indicado para emprender una experiencia como ésta. Las dos tenemos más de cuarenta años y estamos muy arraigadas a lo nuestro: el pueblo, la familia, una vida y un trabajo estables. Pero nuestras ganas y nuestra fe han sido más fuertes que todo lo demás. Incluso la preocupación de los familiares por este viaje se convirtió en apoyo, orgullo y alegría de vernos tan contentas. Al ser de pueblos pequeños todo el mundo se enteró de nuestra partida, y recibimos muchos gestos inesperados de aliento. Sentimos que no estamos aquí solas. El movimiento, la Parroquia, la delegación de EC, todos vienen con nosotras. Estamos felices de haber venido, para nosotras es un regalo y ya lo estamos aprovechando.