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Alberto Ordóñez, participante en Experiencia Sur

El IBRA busca ofrecer educación básica y formación técnica en materia agropecuaria a los más de 100 chicos y chicas que están matriculados, ahora bien, al ubicarse en un área rural, el instituto carece de servicios tan básicos como el agua o la electricidad (tan sólo existe un pozo artesanal para el consumo de agua potable).

En este contexto pude comprobar la verdadera insuficiencia de medios y las dificultades con las que trabajan los maestros y maestras del IBRA, tanto por la falta de infraestructuras, como por la escasez de materiales y recursos, capacitación o motivación. En definitiva, se emplean en una tarea que muchas veces, por lo dura, responde más a una opción personal que a una profesional. Mi compañero de Experiencia Sur y yo lo comprobamos. Tuvimos dificultades a la hora de comprar algún libro para nuestras actividades con los chicos y chicas o a la hora de encontrar componentes electrónicos para realizar con ellos alguna práctica o reparar, por ejemplo, una antena.

A pesar de que la educación es gratuita, en Nicaragua hay 500.000 jóvenes fuera de las aulas. El gobierno apenas dedica el 3,7% del PIB cuando debería aportar al menos el 7% para cubrir los mínimos necesarios en educación. Además, el pasado agosto se anunció un recorte del presupuesto para educación de 10 millones de euros, lo que no ayudará a reducir la cifra de chicos y chicas sin escolarizar. Sin duda -y esta es la principal conclusión que extraigo a raíz de la experiencia que he tenido el privilegio de vivir- este no es el camino. En mi opinión, para que Nicaragua consiga alguna vez salir de la pobreza es necesario no empobrecer más la educación.