|
La escuela, el latir de los campos de refugiados Quien no ha pisado un campo de refugiados es difícil que entienda el papel que la escuela juega dentro de ellos. Las personas que habitan en los campos de trabajo no diferencian el hoy del mañana, su futuro inmediato se limita a esperar que amanezca un día más en el que volver a esperar en largas colas para recibir un alimento y sin posibilidad de realizar trabajo alguno. Por ello, desde Entreculturas apoyamos la labor que el Servicio Jesuita a Refugiados desarrolla en las escuelas de los campos de refugiados. Unas escuelas que no sólo ayudan a la formación y capacitación de los niños y niñas del campo, sino que también son una fuente de bienestar para la comunidad en su conjunto. La educación previene a los menores de caer en comportamientos de riesgo como el sexo temprano, las drogas, el crimen y otro tipo de conflictos. Los maestros y maestras son una pieza clave en este proceso, a veces incluso auténticos héroes. La cultura de la vida que se resiste a la cultura de la violencia cobrar fuerza a través del sistema educativo, incluso en situaciones de crisis. La educación es, a menudo, un medio para acceder a otros servicios y derechos. A través de ella se potencia la autonomía de las personas refugiadas y se fortalecen sus habilidades de liderazgo. La educación es también una vía de transmisión de mensajes sencillos y directos en relación a salud, sanidad, nutrición y acceso a toda una serie de recursos. Además, las actividades educativas mantienen a los niños y niñas ocupados mientras sus padres tratan de adaptarse, en un primer momento, a las nuevas situaciones: hacer colas para recibir alimentos, inscribirse en los registros de los campos, levantar tiendas de campaña (sus nuevos hogares...), etc. Sin unas actividades y servicios bien estructurados, las personas refugiadas, en particular los niños, niñas y jóvenes, encuentran mucho más complicado enfrentarse a situaciones de emergencia, violencia y al impacto producido por su desplazamiento. A los escolares les resulta difícil recuperar sus estudios si éstos son interrumpidos un tiempo prolongado. Por ello es importantísimo que la educación sea entendida como una prioridad en los primeros días de establecimiento de un campo de refugiados, a pesar de que los programas de educación a menudo se pasan por alto. Si la educación no se establece desde los primeros momentos de la emergencia, es muy difícil ponerla en marcha más adelante. Toda esta acción debe realizarse coordinadamente tanto entre los diferentes campos y dentro de ellos para asegurar que la calidad y las oportunidades de acceder a la educación y a otros servicios sociales estén a la misma altura. Pero también es importantísima la educación en los momentos en que las personas refugiadas regresan a sus hogares. Cuando un acuerdo de paz se firma, comienza todo un largo y tortuoso camino hasta que éste pasa de ser una firma en un papel a convertirse en una realidad. En todo este proceso de reconstrucción de la paz, la educación juega un papel indispensable; una educación que logre que las comunidades identifiquen las causas del conflicto, busquen justicia e imparcialidad y promuevan una reconciliación y un perdón verdaderos y la desmilitarización de la sociedad; una educación que refuerce el conocimiento, las capacidades y actitudes para la atenuación, prevención y resolución de conflictos de forma pacífica; una educación enraizada en la comunidad. La Federación de Asociaciones de Antiguos Alumnos con su apoyo a esta línea de trabajo, se suma al reto de conseguir que todos los niños y niñas del mundo puedan contar con una educación que les permita desarrollar todas sus capacidades. Se suma al reto de apoyar "Escuelas que Cambian el Mundo". |
||