Aterrizaron en Barajas el pasado fin de semana. Su sonrisa corrobora la tranquilidad con la que han afrontado las circunstancias, pero su mirada delata algo más, una mezcla de alegría por todo cuanto han aprendido en este corto periodo de tiempo y de cierta pena por tener que haber abandonado ese proyecto en el que pusieron tantas esperanzas y por el que abandonaron hogar y trabajo.

Hemos charlado con ellas a su paso por Entreculturas y han compartido su experiencia con nosotros con "cuaderno de viaje" en mano para poder relatarnos lo vivido con más detalle.

 

Entreculturas- ¿Cómo era vuestra vida antes de iniciarse el conflicto?

Diamantina y Brunilde. Antes de que los rebeldes tomaran Mongo -la ciudad de Chad en la que vivíamos- la vida transcurría con plena normalidad. De hecho, ya habíamos iniciado nuestra labor para colaborar en la puesta en marcha de Fe y Alegría en Chad. Teníamos previsto ir a las comunidades para conocer el contexto de las primeras tres escuelas que se habían sumado al proyecto, (el objetivo es que en los próximos tres años se sumen más de 20 escuelas). Nosotras íbamos a dedicarnos a formar a los docentes, a realizar el seguimiento pedagógico y a sensibilizar a las familias. También habíamos tomado contacto con algunas instituciones que iban a respaldar la labor de Fe y Alegría. Sin embargo, a medida que se iba intensificando el conflicto, las dificultades para comunicarse y para viajar entorpecían la dinámica y nos obligaron a suspender el trabajo.

 

E - ¿Qué destacaríais de ese periodo?

D y B - Todo ha sucedido en cuestión de 20 días... no obstante, la experiencia ha sido intensa. Lo que rescataríamos de estos pocos días es el interés de la gente por aprender. Las chicas del internado nos decían que ellas, por encima de todo, querían estudiar, mostraban una enorme inquietud por conocer, una gran determinación por salir adelante pese a las dificultades y a las deficiencias de un país tan depauperado.

También hemos encontrado una sociedad inquieta por conocer otras realidades. Es sorprendente... ¿dónde te encuentras a un niño interesándose por quién es el presidente de tu país, con ganas de saber con quién vives, qué haces?

Y la gente siempre nos recibía con una gran sonrisa y apreciaban muchísimo nuestro esfuerzo por integrarnos y por adaptarnos a sus costumbres y por conocer su idioma. La convivencia era muy agradable. 

 

E -¿Cuándo comenzó a cambiar la situación?

D y B - Los rebeldes comenzaron a presionar sobre la capital, Yamena, y sobre el presidente, Idriss Déby. La información no era ni fluida ni segura, aunque esto no es inusual en Chad. Se trata de un país con muchísimas deficiencias. Esta escasez de información hacía que aumentase la intranquilidad dado que, a pesar de que nos habían dicho que los rebeldes no iban a atacar a civiles, se escuchaban disparos de metralletas y de obuses y el vuelo de aviones sobrevolando la zona. En nuestro caso, las veces que los rebeldes entraron en casa lo hicieron de forma respetuosa y siempre, tras inspeccionar nuestra vivienda, nos daban las gracias y nos pedían disculpas.

De la noche a la mañana, Mongo se convirtió en escenario de conflicto. Para cuando quisimos darnos cuenta, la casa en la que residíamos estaba cercada por los rebeldes. No podíamos salir y el tiempo allí dentro se nos hacía eterno. Procurábamos mantener la calma y el buen humor, pero es verdad que la espera y la desinformación resultaron un poco duras.

En un momento dado logramos trasladarnos a Bandaró, un pueblo a 7Km de Mongo al que llegamos andando y en el que las cosas estaban tranquilas. Después, cuando nos enteramos de que los rebeldes habían abandonado Mongo, decidimos regresar a dicha ciudad para alojarnos, esta vez, en la Prefectura, donde podíamos comunicarnos vía satélite con nuestras familias y con Entreculturas. Lo que nos preocupaba, realmente, era no poder decirles a nuestras familias que estábamos bien.

 
E - ¿Qué habéis aprendido de la experiencia que habéis vivido?

D y B - Destacaríamos cómo, en momentos extremos, las personas sacan lo mejor de sí mismas. Durante los días del conflicto, todo el mundo aportaba su granito de arena para intentar que el otro estuviera tranquilo. Tratábamos mantenernos en calma, pese a que pensáramos que podía llegar un momento en que el dinero y la comida empezasen a escasear sin tener la posibilidad de desplazarnos a la capital para aprovisionarnos. Durante todo el tiempo percibimos la permanente preocupación de nuestros vecinos que seguían con su vida, pero siempre nos preguntaban cómo estábamos.

Esta vivencia también nos ha puesto de manifiesto, con toda la crudeza, las desigualdades existentes. Pese a estar allí, hemos comprobado que seguíamos siendo unas privilegiadas pues nosotras teníamos dónde ir, pero ellos se quedaban en su realidad, no tenían otra alternativa. Por eso, cuando nos preguntan que si teníamos miedo, nuestra respuesta es que no, lo que teníamos, en verdad, era una enorme tristeza. Y es por eso por lo que la despedida de las personas con las que hemos compartido este tiempo allí ha sido tan dura.

Ahora, Brunhilde y Diamantina ya se encuentran en sus respectivos hogares, acompañadas de su familia y de sus amigos y con tiempo para digerir la experiencia pues, como nos dijeron, "todavía no hemos aterrizado realmente, seguimos estando allí".