No se recuerda un precedente de dos inundaciones en años consecutivos de esta magnitud. En esta ocasión, La Niña se trata de un episodio atmosférico caracterizado por bajas temperaturas y vientos de gran intensidad.
 

Fe y Alegría Bolivia, activa en la emergencia

Ante esta grave situación, Fe y Alegría no se muestra impasible. Ha centrado su acción en el departamento de Beni, donde se propone asegurar, a la mayor brevedad posible, la autosuficiencia alimentaria de unas 2.000 familias pertenecientes a 120 comunidades indígenas.

"En esta zona, las cosechas han sido destruidas por completo, lo cual es una pérdida de dimensiones extraordinarias para poblaciones que practican la economía de subsistencia, lo que significa que se alimentan de lo que pescan, lo que cazan y lo que cultivan. También de algunos animales domésticos que crían y que, en algunos casos, se habrán ahogado y en otros los habrán terminado comiendo por necesidad. En definitiva, una pérdida se ha sumado a la otra. Además, partimos de la base de que los indígenas que habitan en las comunidades de las riberas de los ríos, a quienes va destinado este proyecto, jamás trabajan por cuenta ajena y, por tanto, ignoran lo que es percibir un sueldo. Por tanto, si las aguas han destrozado sus cosechas, no tienen absolutamente ningún recurso para comprar alimentos", nos cuentan miembros de Fe y Alegría.

LluviasBolivia08_interMuchas familias han perdido sus pocos enseres (ropa, utensilios de cocina, herramientas...) o incluso sus documentos, por no tenerlos protegidos. La modesta infraestructura de las comunidades también se ha dañado, sobre todo las casas construidas a la orilla de los ríos, algunas de las cuales han sucumbido a las aguas.

  Finalmente, las inundaciones multiplican también determinadas enfermedades que el agua estancada ayuda a propagar: diarreas, cólera, tos, resfrío, pulmonía, conjuntivitis, sarna, parásitos intestinales, fiebre amarilla y dengue.

 

Una recuperación lenta y larga

Fe y Alegría es consciente de que la ayuda tendrá que ser sostenida en el tiempo ya que los terrenos han quedado anegados y las cosechas tardarán en volver a ser productivas. Por ello, el proyecto constará de dos fases:

  • En la primera, se dotará de semillas de fréjol, maíz y distintos tipos de verduras, legumbres y hortalizas a cada familia. Todos los citados son cultivos de ciclo corto, entre tres y cuatro meses, que podrían empezar a sembrarse desde el mes de mayo o, en las zonas más castigadas, desde principios de junio. Serán semillas previamente tratadas con insecticidas y fungicidas, porque la inundación ha multiplicado el riesgo de plagas y enfermedades. También se proporcionará a cada familia productos agroquímicos (que usarán de forma excepcional, porque no es práctica habitual de los indígenas, aunque esta vez los técnicos agrónomos los consideran imprescindibles).
  • En la segunda fase, hacia el mes de noviembre, se repartirá entre los beneficiarios la semilla de arroz, igualmente tratada como las anteriores, y otra dosis de insecticida. No podrían pasar otro año sin arroz.

El proyecto incluye la compra de esas semillas en el departamento de Santa Cruz o de Cochabamba, su traslado por carretera hasta el centro de acopio en Trinidad para, desde allí, fundamentalmente por río, llevarlas a todas las comunidades beneficiarias y entregar idéntica cantidad de cada semilla por familia, previa firma de un acta de recepción.

Fe y Alegría se marca el objetivo de reducir al mínimo la dependencia de la ayuda asistencial que en este momento está recibiendo la población, pero que no tardará en agotarse. Asimismo, procurará intervenir en factores más estructurales para prevenir los efectos de futuras inundaciones, como la construcción de diques, el terraplenado de los terrenos de cultivo o la elevación de las viviendas.