PETE HENRIOT
Pete Henriot, jesuita estadounidense especializado en Derecho Constitucional, comenzó su activismo político mientras estudiaba en la Universidad de Chicago, durante el movimiento de Martin Luther King. Su estancia en Colombia y su trabajo en varios centros sociales terminaron cuando se estableció en Zambia en 1998 para trabajar en un programa rural y finalmente como director del JCTR, que deja, tras una dura e importante labor, a partir de septiembre.
P.- ¿Podría explicarnos en qué consisten exactamente los centros sociales?
R.- Son proyectos de los jesuitas que fundamentalmente se dedican a cuatro labores: investigación, educación para la sensibilización popular, advocacy con la finalidad de la defensa de los derechos humanos y consultancy, ya que muchas instituciones, como las Naciones Unidas, nos piden que hagamos estudios sobre diversos temas.
No somos un think tank, somos un act tank, pero claro, acciones basadas en el pensamiento. Por ejemplo, las relacionadas con la deuda (tenemos una gran campaña para cancelar la deuda externa), o las que tienen por finalidad la revisión de la Constitución.
P.- ¿Cuáles son las áreas de trabajo?
Por un lado tenemos el programa DAT, que revisa la macro estructura económica de Zambia. Es uno de los países más ricos de África en términos de recursos: agricultura, agua, tierra, minerales, turismo, incluso paz. Hemos conseguido vivir 45 años en paz 72 tribus diferentes, somos la envidia de nuestros vecinos Congo, o Sudán. Somos ricos, pero según el índice de pobreza de las Naciones Unidas somos el número 166 de 177 en cuanto a esperanza de vida, Ese es el reto: cómo aplicar los potenciales.
Tenemos que tener en cuenta las influencias externas tales como la deuda, la ayuda y el comercio. Por ejemplo, hemos hecho muchas investigaciones sobre la deuda, ya que Zambia comenzó a endeudarse cuando uno de los productos de exportación principal, el cobre, bajó los precios; y uno de sus principales productos exportador, el petróleo, sufrió una subida de precio en los años 70. Fue entonces cuando comenzó a pedir prestado a instituciones como el FMI o el BM que luego impusieron los programas de ajuste: privatizar la industria, abrir las fronteras al dominio comercial, cortar el presupuesto que va destinado a la educación y a la salud para todos... Así que en los 90 nos metimos en una reestructuración muy profunda y difícil que bajó la esperanza de vida, los niños dejaron de ir a la escuela... Por eso nuestro centro se convirtió en uno de los mayores defensores de la cancelación de la deuda. Se trata de focalizarnos en los impactos de las estructuras externas dentro de Zambia.
P.- Otro de los trabajos por los que son más reconocidos es por la investigación sobre la canasta básica, ¿en qué consiste exactamente?
R.- Se hace cada mes desde 1996 en Lusaka, ahora en 11 ciudades en el país y 6 zonas rurales. Es muy importante porque es un reporte muy simple: vamos al mercado y anotamos los precios de los productos, los compilamos, sacamos la media y lo publicamos. No es sólo de comida, también de productos como el jabón, etc. Cuando lo revisamos, se ve la subida de los precios.
También hay otros temas, que no son mensuales, como por ejemplo la educación o el transporte, y se comparan con los salarios de los profesores, o de las enfermeras, que obviamente no aumentan en la misma proporción. Se ha convertido en una importante herramienta para negociar los salarios, el Parlamento lo usa para estudiar cómo establecer el salario mínimo, por eso se está convirtiendo en algo muy popular, muy conocido.
También lo hacemos en las zonas rurales, donde la gente cultiva sus propios productos, no van al supermercado. Así que empezamos a medir las calorías que consumían y las que debían consumir. Y vemos muchas deficiencias alimentarias y malnutrición. Zambia es el décimo país en malnutrición.
Esta canasta básica abre la puerta a otros estudios. Por ejemplo, Zambia es un país muy afectado por el virus del VIH, probablemente es el quinto más afectado del mundo en cuanto a población infectada. Muy poca gente recibe la medicación necesaria para enfrentarse a esta enfermedad, pero es que además es imprescindible una buena alimentación para soportarla.
Por otra parte, esta investigación abre otros debates relacionados, como el tema de género, ya que muchas de las personas que se encargan de la canasta básica son mujeres. Además, también se cuestiona el tema de la agricultura: si la tierra es buena para este tipo de cultivo, si se está aprovechando de una manera adecuada, etc. También conseguimos, a través de las investigaciones, que se fomentara la agricultura orgánica y no los productos modificados genéticamente porque iban a tener un impacto negativo.
P.- ¿De qué manera es posible acceder a toda la gente, no sólo a la población de las principales ciudades?
R.- Tenemos lo que denominamos el Programa de más alcance, donde trabajamos con gente local (profesores, sindicalistas, etc) en las provincias del sur y del oeste, para identificar sus necesidades y para que nosotros podamos ir a sus regiones a sensibilizar y entrenarles. Por ejemplo, cuando el gobierno prepara el presupuesto, nosotros comprobamos que se cumpla, o no, lo que ha prometido para cada zona, y le explicamos a la gente cuánto dinero estaba destinado para ellos y les preguntamos a ver si lo están recibiendo, es decir, si cuentan con las escuelas, o las clínicas, que el gobierno prometió. Se trata de un programa con el que pretendemos no quedarnos sólo en la capital, sino llegar a todas las zonas que podamos.
P.- ¿Cuáles son los principales elementos a favor y en contra a los que se enfrentan?
R.- Uno de nuestros puntos a favor es la buena cooperación que ha habido entre las iglesias de Zambia y la sociedad civil y las organizaciones. Cuando llegué a Zambia desde los Estados Unidos me sorprendió ver como los tres cuerpos de la Iglesia (católicos, anglicanos y evangelistas) trabajaban juntos y se apoyan en las diferentes luchas. No sucede así en los Estados Unidos. El otro tipo de cooperación es el que llevamos a cabo con la sociedad: trabajamos muy bien con mujeres, con sindicalistas, con ecologistas... Trabajamos juntos.
Lo que tenemos en contra es el gobierno. Los líderes en África no trabajan para servir al pueblo. Unas veces porque nuestras voces no son escuchadas o son censuradas por sus líderes, otras por la corrupción... Por ejemplo, recibimos mucha ayuda en Zambia para combatir el VIH, pero hace unos meses, un oficial del gobierno con un cargo medio fue arrestado porque estaba cogiendo ese dinero destinado al SIDA para comprar Mercedes Benz, Hammers... Alguien de arriba debió permitirlo también.
LEONARD CHITI
Leonard Chiti, jesuita africano se convertirá en septiembre en Director del JSTR. Tras sus viajes por el continente africano, donde trabajó especialmente en Nairobi, y por Europa, donde pasó dos años en Londres y Dublín, este joven zambiano afronta un nuevo reto con una tranquilidad fruto de haber tenido buenos maestros.
P.- De cara a su nuevo trabajo en el JSTR, ¿cuáles son las prioridades que tiene en mente?
Básicamente reforzar lo que se ha ido haciendo hasta ahora, especialmente en educación. Somos un pequeño grupo, por eso tenemos que hacer un esfuerzo porque nuestro trabajo sea de calidad. Por otro lado está también la cuestión de cómo ser independientes en nuestro trabajo, para evitar problemas que se generan por ejemplo con la crisis financiera, a partir de la cual hemos dejado de recibir mucha ayuda. De momento recibimos mucha ayuda por parte de iglesias europeas. Si dejamos de recibirla no podemos continuar con nuestro trabajo. Debemos encontrar una manera para generar nuestro propio ingreso. Tenemos que buscar alternativas, por ejemplo invertir en valores seguros, no para obtener beneficios sino para conseguir dinero para llevar a cabo sus actividades.
P.- África es una de las prioridades para el trabajo del SJR, ¿qué significa exactamente eso?
Como sabéis, África enfrenta muchos retos, tanto políticos, como económicos, como sociales. Asimismo, la Iglesia en los países africanos se caracteriza por ser muy vibrante, muy activa. Se trata de una prioridad porque se ven los retos que enfrenta pero también sus potenciales. Por eso los jesuitas intentan ayudar en ese proceso, puesto que además se dan cuenta de que la Iglesia y la Compañía de Jesús, en el futuro, será muy desarrollada, comparada con la de Europa y América. Esa es la situación que tenemos en Europa, que hay muy pocos jóvenes entre los jesuitas, al contrario de lo que sucede en África o Asia. Por eso tiene sentido que el futuro está en África.
En la práctica lo que significa esta prioridad es que se van desarrollando muchas actividades comunes entre África y Europa, por ejemplo Entreculturas, que da esa plataforma necesaria para llevar a cabo ese desarrollo de ideas y opciones dentro de un plan.
P.- Usted es el coordinador de la Red Ignaciana de Advocacy para la Construcción de la Paz y los Derechos Humanos, ¿cuáles son los principales objetivos de este proyecto?
R.- Principalmente son dos: por un lado desarrollar sinergias entre los diferentes Centros Sociales que trabajan en la construcción de la paz. Tenemos cuatro o cinco centros en Asia y otros tres o cuatro en África y cinco o seis en América Latina y algunos en Europa que trabajan en ello. Están haciendo un muy buen trabajo, ¿por qué hacerlo solos? Queremos trabajar juntos para enriquecernos. Por otra parte, queremos alcanzar una posición global de la Compañía de Jesús en el tema de Paz y Derechos Humanos.
P.- ¿Cómo se está llevando a cabo hasta el momento esa coordinación?
R.- Hasta ahora trabajamos bien juntos, es algo nuevo que no ha pasado nunca, a nivel local sí se daba la coordinación, pero a nivel global no, y eso es lo que estamos intentando.
P.- ¿Cuáles son las prioridades en cuestión de advocacy?
R.- Principalmente la cuestión de los inmigrantes, los jesuitas trabajan acompañándolos, poniendo a su alcance determinados servicios como el de la educación, y explicando al mundo que son migrantes pero que son seres humanos, tienen derechos. Esto debe ser un trabajo en red, debemos ayudar a esos jesuitas europeos que se enfrentan al problema de ayudar a los inmigrantes. En áfrica probablemente uno de los problemas más importantes ahora mismo es el relacionado con las mujeres, y su empoderamiento, así como el de promocionar el derecho de la cultura económica social. Puedes dividir los derechos humanos en dos: los políticos que todo el mundo conoce y que si no se permiten puedes denunciarlo en un juicio (derecho de libertad de expresión, etc), pero luego están otro tipo de derechos que consideramos que deberían tenerse en cuenta como los anteriores y por lo tanto deberían respetarse, tales como el derecho a la comida, al agua potable, etc. Deberíamos alcanzar un punto en el que todos los seres humanos tuvieran ese tipo de accesos.
P.- ¿Qué situación se encuentra ahora mismo en Zambia?
R.- El principal problema es la pobreza. Sabemos que más de 65% de la población en Zambia viven con menos de un dólar al día. También tenemos que hacer frente al problema de mejorar los gobiernos, que son gobiernos débiles, y el de que determinados colectivos, como los niños especialmente, no tienen acceso a algunos servicios sociales básicos. En definitiva, tres son las líneas de trabajo en las que estoy inmerso: reducir el nivel de pobreza, mejorar los gobiernos exigiendo transparencia y procesos electorales democráticos y buenas prácticas éticas en los políticos; y asegurar el acceso a los servicios sociales.
P.- ¿Cómo ve el futuro de la compañía africana?
R.- La veo con un gran potencial. Muchos jóvenes están haciendo un gran trabajo en la Compañía, no sólo en la evangelización, sino también en conseguir que gente en condiciones inhumanas cambien su situación. Creo que es un momento excitante para África en el que tenemos que trabajar por canalizar todas las potencialidades en un trabajo para que se desarrolle.
