Juan Carlos, ¿cómo llegas a formar parte del proyecto de Fe y Alegría en Chad?
Yo llego al Chad a través del Islam. Me explico. A mí, la cultura musulmana siempre me ha resultado interesante, de hecho, en Perú hay una pequeña comunidad musulmana muy asentada. Aunque, en realidad, donde más he entrado en contacto con el mundo islámico ha sido a en París. Allí he trabajado durante un año en el acompañamiento de inmigrantes procedentes de Argelia, fundamentalmente, y he podido conocer los fundamentos de su religión o sus dificultades como migrantes en territorio europeo. Y, un poco, ha sido esa experiencia la que me ha abierto las puertas hacia Chad.
¿Cómo valoras estos primeros 10 meses?
Creo que el trabajo que se está haciendo es de gran valor, sobre todo en tanto que está contribuyendo a la reconciliación social y al asentamiento de las bases para la paz. Está siendo muy enriquecedor, y estoy seguro de que lo será en los meses que me quedan hasta finales de este año.
¿Cómo es la situación en Chad en estos momentos, es decir, a qué contexto ha de adaptarse Fe y Alegría?
El país está desestabilizado económica y políticamente. Desde el pasado mes de diciembre se han sucedido los combates en el interior y en la frontera con Sudán, lo cual no ha dejado de sembrar el miedo y la incertidumbre entre todos los sectores sociales. En general, la situación es muy frágil y la población está muy dividida: la parte norte pugna por controlar el país mientras que el sur está sometido.
¿En qué zona se sitúa el proyecto de Fe y Alegría Chad?
Fe y Alegría está situada en la zona centro-oeste, una región con población eminentemente musulmana que, no obstante, convive con más de 5.000 cristianos. Es curioso porque en las tres escuelas de Fe y Alegría que se han abierto hasta el momento todos los alumnos y alumnas son musulmanes, no hay ningún cristiano...
¿De qué manera se hace compatible la escuela de Fe y Alegría -de esencia católica- con un alumnado puramente musulmán?
En primer lugar, a través del carisma de la Compañía de Jesús, que se presenta como una iglesia al servicio del pueblo chadiano, sin distinción étnica ni religiosa, y, desde esa perspectiva, se centra en favorecer una educación pública, una educación basada en valores, porque nosotros creemos que existen valores humanos que trascienden la particularidad de las religiones y que nos unen a todos en una misma dimensión... de manera que esos valores y la apertura al diálogo sería el primer modo de hacer compatible Fe y Alegría en Chad.
Por otra parte, el otro factor que favorece la empatía entre católicos y musulmanes es la presencia de más de 50 años de los jesuitas en Chad. Durante todo ese tiempo, los jesuitas han demostrado su verdadero compromiso con la población, pues han padecido con ellos tres guerras y numerosos conflictos y, pese al peligro, siempre han permanecido, nunca los han abandonado. De manera que esa presencia y esa coexistencia ha ido poniendo de manifiesto, con el paso de los años, que las intenciones de los jesuitas no eran otras que procurar el desarrollo del pueblo y no convertirlo al catolicismo, como siempre se pensó.
Es, pues, a partir de esa confianza mutua como se hace posible Fe y Alegría Chad. De hecho, es gracias a un grupo de chadianos musulmanes que trabajan codo a codo con nosotros como conseguimos poner en marcha estas tres primeras escuelas. El esfuerzo es bidireccional, porque, por nuestra parte, también hemos tenido que adaptarnos a las costumbres locales, aprender árabe, relacionarnos muy directamente con todas las etnias, etc. No obstante, creemos que es fundamental que sea la población quien protagonice todos los avances, quien se apropie de las iniciativas. Nosotros nos convertimos en un apoyo cuando es necesario, pero huimos de toda actitud pretenciosa.
Y, siendo realistas, aún queda mucho por hacer. Aún hay ciertas zonas donde hay mayor desconfianza hacia nosotros, zonas en las que suele proliferar cierto fundamentalismo religioso, pero tiempo al tiempo... no es necesario forzar las cosas.
¿Qué otras dificultades, además de ese fundamentalismo religioso que comentas, encontráis de cara al desarrollo normal de vuestro proyecto educativo?
Yo creo que la principal dificultad -aunque, a la vez, se convierte en la fuente principal de riqueza- es la diferencia cultural. Hacer una escuela que funcione significa un cambio cultural muy grande para la comunidad en la que se inserta... y, al mismo tiempo, un desafío cultural muy grande para el equipo de Fe y Alegría que se lanza a conseguir ese propósito. Este proceso requiere comprenderse, respetar los ritmos de vida, adaptarse, compenetrarse, aprender a expresarse en otra lengua, desenraizarse en alguna medida del modelo cultural propio para ser capaz de incorporar nuevas actitudes... tanto es así que el propio equipo de Fe y Alegría está compuesto por personas de multitud de países: Egipto, Perú, Francia, España (Dos voluntarias de Entreculturas participan en este proyecto)...
Para hacernos más a la idea de en qué momento se halla el proyecto, descríbenos, grosso modo, Fe y Alegría Chad.
Este año hemos comenzado con tres escuelas "piloto", que, en total, integran a unos 1.000 alumnos procedentes de dos etnias principales (500 en la escuela más grande, y 250 en las otras dos). De la oficina de Fe y Alegría, dos están ubicadas a 45 Km y la otra a unos 25 Km. Los tres directores son funcionarios del Estado, formados en escuelas pedagógicas de alto nivel, y existen 5 maestros comunitarios (pagados por los propios padres de familia) que carecen de formación específica, de hecho, tres de ellos sólo hablan árabe literal. La cuestión del idioma es ahora nuestro objetivo a corto plazo. Hay que tener en cuenta que los niños llegan hablando un poco de árabe chadiano y lengua materna, mientras que en la escuela se enseña en árabe literal y en francés.
¿Y cuáles son los objetivos a corto-medio plazo, digamos, por ejemplo, para el año que viene? ¿Cuáles son los siguientes pasos de Fe y Alegría Chad?
El objetivo de este año era existir "legalmente", es decir, cerrar todos los trámites burocráticos y dar a conocer el proyecto de Fe y Alegría Chad. De modo que, con la puesta en marcha de las tres escuelas hemos sobrepasado con mucho la meta prevista.
Una vez contamos con el apoyo del Estado y del Ministerio de Educación, nuestra idea para el próximo año es trabajar más a fondo con los niños y niñas e incidir en la formación profesional de los docentes.
Otro reto es la promoción del acceso de las niñas a la escuela pues, dada la cultura musulmana y la tradición africana, aún hay regiones en las que a ellas no se les reconoce tal derecho.
Nuestro objetivo es conseguir la máxima implicación de la sociedad, de la familia y de la escuela en el proceso educativo del alumnado. Y, una vez hayamos consolidado nuestra estrategia de acción, nos plantearemos ampliar la cobertura y dar cabida a un mayor número de niños y niñas.
¿Qué mensaje te gustaría trasladar a la sociedad española?
Algo en lo que yo he estado pensando últimamente es que, cuando sabes que está Sudán con Darfur a 400 Km de ti, cuando el proyecto ha nacido en medio de conflictos y ataques militares, cuando hay tantos riesgos y tantos problemas por resolver... uno se pregunta si vale la pena, uno duda de si el proyecto que tiene entre manos servirá para algo... Pero cuando ves a la gente esforzarse, cuando ves que no pierden la ilusión, la respuesta te llega por sí sola. Estar allí, acompañar, quizás ya sea un aporte.
Yo creo que la presencia de Fe y Alegría en Chad, una organización sudamericana en suelo africano, un equipo de gente que viene de diversos países católicos que trabaja mano a mano con gente de creencia musulmana, es una esperanza, además de una demostración de la existencia de que los valores humanos trascienden cualquier religión y cualquier frontera y garantizan el éxito de toda propuesta de desarrollo.
Es hora de dejar de ver la cooperación con el Sur como una manera, sólo, de ayudar al otro. La cooperación, además, es una manera de crecer como personas, de adquirir nuevas perspectivas, de dejarse cambiar por ese "otro" que, aunque no lo parezca, tiene mucho que aportar.