El primer destino de Frido fue Adjumani, en Uganda, donde coordinó la educación de cerca de 35.000 estudiantes refugiados sudaneses. Luego, Nairobi, desde donde coordina, hoy en día, toda la acción del JRS en África del Este.

Éstas son dos de las historias de personas que apostaron por la educación para tener un futuro; historias que, como otras muchas, dan sentido al trabajo y a la vida de Frido:

"Por norma general, el JRS en Adjumani no apoyaba la educación profesional de los jóvenes, únicamente la Primaria y la Secundaria. Pero un día vino una joven a mi oficina que había terminado sus estudios en una de nuestras escuelas y me dijo `Ahora, padre, necesito su ayuda porque quiero estudiar contabilidad´. `Pero nosotros no pagamos para eso, porque es demasiado costoso y no tenemos esa cantidad de dinero´, le contesté. `Pero no tengo nadie más a quien recurrir´, continuó insistiendo. `No, no tengo ninguno´ - fue su respuesta a mi pregunta de si tenía parientes- `vivía con mi abuela, que nunca quiso decirme quiénes eran mis padres ni mis parientes. Ella ha muerto y ahora estoy sola´. Le dije que volviera la semana siguiente y así lo hizo trayendo más y más argumentos. Realmente no pude resistirme por más tiempo. La apoyamos y me dí cuenta de lo trabajadora que era y de que se podía confiar en ella plenamente. Cada semestre me traía una contabilidad precisa de todos sus gastos. Finalmente, se examinó y aprobó. Pero ese fue el momento en el que dejé Adjumani y no la volví a ver hasta tiempo después. Fue en Kajo Keji donde lleva la contabilidad del Servicio Jesuita a Refugiados. Es realmente conmovedor verla crecer y tener un futuro.

Otra historia que me marcó fue la de un estudiante raptado por el grupo guerrillero LRA (Lord's Resistance Army) con quieres permaneció durante medio año. Allí presenció matanzas, asesinatos que incluso él mismo tuvo que cometer. También vio cómo el LRA mataba a sus amigos. Ya en Adjumani, un día vino a mi oficina pidiéndome apoyo, pidiendo educación, y ese era su principal meta. Lo aceptamos, pero el problema fue que algunas personas sabían que había estado en el LRA y la gente no hace distinciones por el hecho de que los niños hayan sido forzados a matar, les llaman asesinos. Nos las arreglamos para que pudiera ir a la escuela en otro lugar. Ahora es feliz porque ha tenido la oportunidad de estudiar y de trabajar.

Historias conmovedoras como éstas tengo muchas, en las que se mezclan realidades terribles con la esperanza".


Pero una de las cosas que más han conmovido a este jesuita es ver cómo los estudiantes que el JRS apoyó en su día en Adjumani hoy han podido volver a Sur Sudán, donde confían poder tener un futuro en paz en su propia tierra. Ver cómo toda la comunidad lucha por ir reconstruyendo todo y volver a la normalidad; donde los profesores, pese a no contar con un salario estable, continúan con su labor para educar a los niños y niñas sudaneses; donde las niñas, poco a poco, se van incorporando a la educación y las mujeres empiezan a ejercer como profesoras. Para Frido, todo esto marcará la gran diferencia a la hora de lograr una equidad educativa donde las niñas y los niños tengan los mismos derechos y posibilidades.