¿Has deseado o deseas conocer más para poder cambiar la realidad injusta por otra más humana? ¿Te has planteado tu responsabilidad personal ante todas esas realidades y has querido dar respuesta? ¿Alguna vez te has planteado la posibilidad de "echar tu suerte" con las personas más pobres de la Tierra? ¿Has contemplado la idea de hacerlo yendo hasta esos lugares de los que hemos visto imágenes? ¿Has conocido a alguien que haya hecho algo así y que le haya motivado y conmovido?
 
 
 
 Si su respuesta a alguna de estas preguntas es afirmativa, que sepas que no eres la única persona, que estás acompañado en ese "pequeño" deseo que, a lo mejor, hasta guarda en silencio. Que aunque no es fácil ni ágil, que aunque suponga nadar ríos a contracorriente y muchas veces sin poder salvar la ropa, no eres la única persona.
 
¡Y eso es genial! Porque implica que no hay que hacerlo sola y que existen mediaciones para lograrlo acompañada manteniendo el sentido que da el rumbo. De una de estas mediaciones es de la que le hablan estas letras. Son personas concretas, con su vida y su familia, como Aurora, Marta, Mª Carmen, Amador, Eduardo, Mª Luisa, Juan, Paloma, Miguel, Roberto, Javier, María, Ana, Josetxo, Amaia, José, Paula, Marisa, Gustavo, César, Mariana, Gemma, Raquel, Luis, Andrés, Isabel, Francisco, Oscar, Iván y así hasta más seiscientos nombres que, desde 1991, han hecho realidad esa "pequeña utopía" personal y comunitaria a través del Programa de Voluntariado Internacional Pedro Arrupe (VOLPA).
 


Las ONG jesuitas ALBOAN y Entreculturas, junto a VOLPA Catalunya, son las instituciones responsables de este programa en España. El programa VOLPA tiene como objetivo neurálgico favorecer que las personas que se forman y preparan para realizar un servicio de voluntariado con las comunidades de alguno de los países empobrecidos se conviertan en agentes de cambio. Pero... ¿qué es eso de ser un "agente de cambio"? Si has conocido alguna vez a alguien que te ha contagiado ganas de ser mejor, de tratar mejor a los demás y de vivir más coherentemente desde la perspectiva de los que más difícil lo tienen, entonces has conocido a un "agente de cambio".

La propuesta no es fácil, pero sí encierra mucha pasión, una actitud básica de credibilidad y confianza en la existencia de algo fundamental que está enraizado en lo profundo de la existencia humana, la certeza de que todos estamos llamados a construir la casa común de lo humano, como diría García Roca, y la convicción de que, sin los pobres, no hay salida. Es una invitación que va del "yo" al "nosotros", del individuo al sujeto en relación con los otros, una relación muy concreta, la que me humaniza a mí y al otro.


¿Cómo se materializa esta propuesta?

En tres bloques estructurados en el tiempo, dos de ellos tienen lugar en las comunidades de origen: son la formación previa y el regreso que aspira a materializarse en un post-voluntariado. El segundo bloque de la propuesta, tiene lugar en las comunidades locales en países empobrecidos: es el periodo de un año o dos desarrollando un servicio con y para estas comunidades. La posibilidad de este servicio voluntario es realidad a través de las relaciones institucionales que las ONG jesuitas tienen con sus socios o hermanos locales en el Sur, como son principalmente Fe y Alegría, otras obras jesuíticas, o el Servicio Jesuita a Personas Migrantes o Refugiadas.

Después de 20 años la esencia básica de la propuesta está viva y vigente, sirve de referencia e inspiración para otras instituciones y grupos que han querido acercarse al mundo desde este tipo de mediación, incluso a propuestas de voluntariado Sur-Sur como América Solidaria. Junto con los frutos encontrados a lo largo de estos 20 años, es muestra de la validez y sabiduría de aquella inquietud transformada en posibilidad que tuvieron las personas fundadoras del programa y de esas otras personas que en los años siguientes lograron sistematizarlo y profundizar en su articulación.
 
 
 

¿Y ahora qué? ¿Después de 20 años qué toca?

En un artículo en Sal Terrae de Antonio García Rubio, "Perforar la vida", éste tomaba como referencia la formulación de "perforar" para referirse a un estilo de estar en la vida que se puede adaptar muy bien a los hombres y mujeres de nuestra sociedad, los postmodernos. Es esa la formulación que le daría al Programa VOLPA en Entreculturas como forma de estar y hacer para los años venideros y se podría sintetizar en los siguientes puntos:

Perforar hacia adentro:
 
  • Que el programa VOLPA siga siendo una propuesta activa en la lucha contra la pobreza, siendo las comunidades a las que sirve su razón de ser.
  • Para las personas voluntarias, la propuesta de vivir la experiencia de manera encarnada: empapándose de la cultura donde está, las maneras de ser, dándose permiso para poner entre paréntesis algunos de sus propios valores y creencias, de modo que quepan los del otro.

  • Pedro Arrupe, figura que inspiró el programa, expresaba el temor que le producía que "podamos dar respuestas de ayer a los problemas de mañana". Ese es el reto de la formación en el programa, comenzar a dar respuestas de mañana a los problemas de hoy.

  • Para el postvoluntariado, como institución tenemos la responsabilidad de crear una plataforma de acogida a los voluntarios que regresan, canalizando apostando por su papel como agentes de cambio en su entorno y comunidad.

 
 
 
 
Perforar hacia fuera:

  • Dar a conocer y reconocer la figura, del voluntariado internacional en su faceta de creación de capital social y en su papel activo en la Cooperación española. Para ello es imprescindible la creación de un marco legal en el que se reconozcan los derechos y el aporte de este colectivo.

  • Trabajar con otras instituciones que promueven el voluntariado internacional, hacerlo de forma coordinada y buscando crear una propuesta de lucha contra la pobreza desde una ciudadanía global comprometida, será una de las claves para que ocurra lo anterior.

  • Las experiencias de voluntariado internacional crean capital social, desde la colaboración entre los grupos humanos de las comunidades que envían y acogen a personas voluntarias, estas experiencias pueden convertirse en una fuente de la que brota confianza mutua, normas efectivas y redes sociales que facilitan el entendimiento, la comprensión y el trabajo global entre grupos humanos diferentes en principio distantes y remotos.

Perforar la realidad, para el voluntariado internacional VOLPA en los próximos años significa estar al servicio de la realidad que clama, buscando justicia en el mundo. Para ello tenemos más medios que nunca. Esto implica, como explica García Rubio, "tener la capacidad de dejarse sorprender a base de perforaciones de la realidad en lo cotidiano, lo que supone un estilo definido de estar, ser y hacer. Un camino a la humanidad. Perforar la vida consiste en estar en conciencia cierta de que otro mundo es posible en cualquier lugar donde los seres humanos busquemos lo auténticamente humano, en cualquier alegría o en cualquier monotonía, en cualquier esperanza o cualquier utopía, en cualquier desesperanza o en las injusticias de las que son víctima los indefensos de esta sociedad". (Rubio)