Que la educación llegue a todos y todas...
Como decíamos, la pobreza constituye una de las causas de exclusión más habitual en lo que respecta al acceso de los niños y niñas a la escuela. Las tasas de escolaridad, los costes de materiales, uniformes o transportes resultan, en muchas ocasiones, cargas muy pesadas para las familias más pobres. Esta situación afecta negativamente al crecimiento de un país y perpetúa el ciclo de la pobreza.
Por otra parte, los conflictos bélicos y la inestabilidad política también dificultan el desarrollo normal de la actividad educativa. En la actualidad, más de 43 millones de niños y niñas que viven en países devastados por las guerras no tienen ninguna oportunidad de asistir a la escuela. Es la infancia olvidada por la ayuda de la comunidad internacional, ya que los donantes no consideran la educación como un elemento prioritario situaciones de conflicto. La educación debe considerarse como una respuesta humanitaria fundamental porque contribuiría de forma significativa a reducir los efectos de los conflictos, ya que es un instrumento clave para la protección de los niños y niñas, para el crecimiento económico y para la promoción de la paz.
En lo que respecta a la cuestión de género, las cifras hablan por sí solas: de los casi 780 millones de personas adultas sin alfabetizar, dos tercios son mujeres y de los 70 millones de menores sin escolarizar, dos tercios son niñas. Sin embargo, es bien sabido que promover la educación de las mujeres y las niñas no sólo las beneficia a ellas, sino que la productividad económica de los países aumenta, la tasa de mortalidad materna e infantil disminuye y mejoran de modo sustancial la salud y educación de las generaciones futuras.
Otro de los motivos de exclusión en el ámbito educativo es la discapacidad. Alrededor del 98% de los niños y niñas con discapacidades no están escolarizados, a pesar de que el Convenio Internacional de los Derechos de las Personas Discapacitadas ordena a los Estados que garanticen que las personas discapacitadas no queden excluidas del sistema educativo general. Entre otras, las causas residen en una falta de accesibilidad a los centros escolares y la carencia de preparación adecuada por parte del profesorado.
Finalmente, cabe destacar que los niños y niñas de poblaciones indígenas y minorías étnicas tienen menos posibilidades de acceso a la escuela y más riesgo de repetir curso. La enseñanza en lenguas no vernáculas, la falta de preparación específica de los docentes, materiales que no contemplan las especificidades culturales, la discriminación y la xenofobia siguen siendo obstáculos relevantes para que las poblaciones indígenas en todo el mundo ejerzan su derecho a la educación. Las niñas de estas minorías, además, padecen una doble discriminación.
Katerina y Gregorio son dos jóvenes quechuas que participan en Bolivia en el proyecto "Educación: La llave para el desarrollo local". Katerina señala que "es un poco difícil abordar esta temática en el entorno social y familiar, puesto que aún se mantienen los roles establecidos. Yo voy lanzando algunas interrogantes como ¿por qué las mujeres siempre están en la cocina?, o ¿por qué la mayoría de las mujeres no saben leer ni escribir?, o ¿por qué las chicas no podemos hacer el trabajo que realizan los varones? Esto puede ser un inicio para charlar en la familia, pero aún no me atrevo a enfrentarme en el entorno social puesto que es una sociedad muy machista".
Y Gregorio hace hincapié en que "se hace difícil conversar sobre género en el entorno social, ya que las costumbres consideran que los varones son los que asumen los principales roles y las mujeres son relegadas a segundo plano, por eso en los pueblos se observa que muchas de las mujeres sólo asisten a la escuela hasta quinto curso y muchas no saben ni leer ni escribir. En mi familia aún es difícil. Creo que tanto hablar sobre género, ya voy logrando que mi familia entienda y no se sientan discriminados, y todos asumamos las actividades del hogar y agrícolas con la misma oportunidad".
...Y que sea de calidad
Ahora bien, reivindicar el mero acceso a la educación no es suficiente. La calidad es un elemento fundamental en la educación, más, si cabe, para las personas y colectivos que, por unos u otros motivos, sufren la exclusión. En muchos países africanos, entre un 25% y un 40% de los docentes declaran que no disponen de libros ni guías sobre los temas que enseñan. En otros, el estado ruinoso de los edificios escolares y las aulas con un número excesivo de alumnos y alumnas dificultan enormemente las condiciones del aprendizaje. La falta de agua salubre y la carencia de saneamientos pueden ser obstáculos para la asistencia, sobre todo, para las niñas... Todo esto pone de manifiesto la urgencia de garantizar el acceso a una educación de calidad de todos y todas.
"Es muy difícil enseñar a clases con tantos alumnos, especialmente en aulas tan estrechas. Los más brillantes siguen el ritmo, pero no podemos ayudar a los más lentos. Nunca hemos tenido suficientes pizarras, sillas, ni pupitres. Y ahora tampoco tenemos suficientes clases. No hemos recibido nuevos libros de texto. No podemos ofrecer estudios si nadie asume los gastos (libros, pizarras, plumas, lápices, tizas y la reparación y reconstrucción de edificios). Cada trimestre recibimos una pequeña subvención del Ministerio, y lo único que podemos esperar es que la aumenten para poder atender a los nuevos alumnos", comenta un profesor de la escuela primaria de Kisita, en Uganda.
