Guatemala es un país mayoritariamente rural y joven, con más de un 50% de población indígena y un 50% de población menor de 18 años. A nivel nacional, la exclusión educativa es un fenómeno muy generalizado, siendo Chiquimula y Totonicapán dos de los departamentos más afectados. Dicha exclusión radica en varios factores: por un lado, ante la falta de recursos económicos, las familias más desfavorecidas deciden que sus hijos e hijas trabajen para poder salir adelante, desestimando la importancia de que los menores y -sobre todo- las niñas, accedan a una formación; por otra parte, la marginación a la que están relegadas las etnias indígenas hace que el origen racial sea una causa de rechazo a la hora de ser admitidos en las escuelas.
Guatemala es el país centroamericano en el que más niñas, niños y adolescentes trabajan. Las últimas estadísticas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) muestran que alrededor de 507.000 niñas y niños guatemaltecos de siete a catorce años trabajan. Si se analiza el trabajo infantil en Guatemala, parece ser un fenómeno eminentemente masculino (por ejemplo, en esa franja de 7 a 14 años, el 66% son varones), pero, en realidad, las niñas también desempeñan trabajos ocultos, sobre todo, en quehaceres del hogar y en casas particulares que, en la mayoría de los casos, no aparece registrado como trabajo infantil y ni siquiera está remunerado. Otra característica de este fenómeno es que el índice de trabajo infantil es más alto entre la población de niños y niñas indígenas, con un 56%, en comparación al 44% no indígena.
De acuerdo con las apreciaciones de los docentes, los pocos niños y niñas que llegan a ingresar en la escuela deben afrontar, además, otros problemas: el escaso nivel económico de sus familias, la concepción desvalorizada de la educación o la reducida cobertura presupuestaria del Ministerio de Educación.
La respuesta de Entreculturas
El proyecto que apoya Entreculturas en Guatemala se centra en los departamentos de Chiquimula y Totonicapán, donde la exclusión educativa es más acusada. En concreto, Fe y Alegría, nuestro socio local, se ocupa allí de 22 escuelas repartidas entre varios municipios de ambos territorios. Estas escuelas surgieron durante la década de los 90 y, por entonces, eran conocidas como "escuelas unitarias", lo que hacía referencia al hecho de que en una sola escuela y bajo la tutela de un único profesor, se concentraban todos los alumnos y alumnas, independientemente de su edad y de su grado formativo. Esto se debía a que, en aquella época, la población escolarizable era muy escasa.
Con el paso de los años, la población en estas zonas rurales ha ido creciendo y, paulatinamente, se han ido otorgando plazas a nuevos profesores y profesoras, pasando así del modelo "unitario" al "multigrado". Sin embargo, las infraestructuras escolares no han cambiado y las aulas se han quedado pequeñas, con sus materiales deteriorados, dando lugar a una gran concentración del alumnado.
Gracias al apoyo de Entreculturas, se han mejorado las instalaciones sanitarias de esos centros educativos, se ha implementado un servicio de nutrición mediante comedores escolares y se ha invertido en la formación del personal docente a fin de mejorar la calidad de la educación impartida. Fundamentalmente, en lo que respecta a esto último, se ha incidido en la formación intercultural bilingüe para favorecer desde las escuelas el respeto y el acercamiento hacia los indígenas por parte del resto de la población.
Por otro lado, Fe y Alegría intenta garantizar la continuación en el proceso educativo de los jóvenes una vez terminan el nivel primario. Para ello, se puso en marcha el Centro Educativo Fe y Alegría nº10 - Santa Marta Jocotán donde los alumnos y alumnas pueden optar por una formación académica o por la realización de algún taller profesional (corte y confección, carpintería, mecanografía, horno de pan, cocina y una capacitación importante en agricultura y granja).
Una vez más, Entreculturas y Fe y Alegría Guatemala demuestran con este proyecto su apuesta por las poblaciones más desfavorecidas, por aquellos que, por unas razones o por otras, pero siempre de manera injusta, quedan excluidos del goce y disfrute de sus derechos fundamentales. Mediante este proyecto, en definitiva, lo que se busca es compensar esas desigualdades de partida para que, mediante una educación con la que se desarrollen a sí mismos, los propios guatemaltecos sean quienes reivindiquen aquello que les corresponde y, al mismo tiempo y, desde la igualdad, contribuyan al progreso general de su país.
