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| Marzo 2005 Especial 50 Aniversario Fe y Alegría | |||||||
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Entrevista Siempre que ruedo por Barinas me sorprenden los ríos, los árboles fabulosos, esos enormes campos de algodón, sorgo y girasol, los campesinos empobrecidos, la soledad. Barinas está atravesada de ríos y uno se los encuentra por todas partes. Nacidos en la sierra andina, los ríos del piedemonte barinés son azules y limpios, se escapan susurrando canciones con sus labios de agua. Luego, en la llanura, se vuelven perezosos y mansos para así fecundar calmadamente la tierra y treparse a lo alto –como savia-, por los troncos de esos árboles gigantescos que parecen sostener el cielo con sus brazos. Porque los árboles de Barinas son los gritos mudos con que la llanura inmensa expresa su fuerza, belleza y poesía. Voy persiguiendo los recuerdos del P. José María Vélaz por esta llanura inmensa que tantas veces recorrió a lomos de jeep, y trato de prestarme su asombro y entusiasmo por los árboles y por los ríos. Durante toda su vida amó apasionadamente a los árboles. Cuentan que él mismo plantó con sus propias manos miles de árboles, que en sus últimos años llevaba siempre los bolsillos llenos de semillas, y que cuando se construía San Javier del Valle, hizo guardia varios días para evitar que las máquinas tumbaran algunos arbolitos. Denunció con gran valor los crímenes ecológicos de las compañías madereras que no vaciló en llamar “Mataderos Forestales”, e incluso dedicó uno de sus poemas a contarnos el dolor de un fresno, todavía niño, comido por las vacas. Los árboles significaban para él la dimensión vertical de la vida, la persistencia que crece arraigada sobre sí misma con vocación de altura, la vida que se educa en la madera. De los ríos le atraía su transcendencia horizontal, su desasosiego, esa determinación incansable de vivir dando vida. Va a ser precisamente a orillas de un río, el Masparro, donde emprendió su última aventura fundadora. Montó un rancho y soñó una escuela sacudida por las risas de los niños, con aulas y talleres, con canchas de deporte, con comedor y con capilla para alimentar el cuerpo y el espíritu, con huertos y enormes campos de cultivo, con vaqueras, con muchos árboles frutales, con un bosque de árboles madereros. Hoy, el sueño del P. Vélaz es una hermosa realidad. Acabo de hacer un breve recorrido por sus huertas y vaqueras, y observo con emoción las siembras de maíz y de frijol, los potreros y los bosques de tecas, caobos, apamates, saqui-saquis... Del conjunto de instalaciones que conforman una especie de pueblo, me ha sorprendido en especial su hermosa capilla, la amplia biblioteca bien dotada y con aire acondicionado, las dos salas de informática, la inmensa cancha cubierta, el salón audiovisual, la enfermería y odontología. He conversado también con alguno de los 350 alumnos, niños, niñas y adolescentes, de la Segunda y Tercera Etapa de la Educación Básica. Todos son de familias campesinas que viven en régimen de internado de lunes a viernes. Me ha sorprendido su espontaneidad, su agudeza, lo bien que dicen sentirse en esta escuela donde estudian y trabajan, donde aprenden a ser personas útiles y generosas, cristianos comprometidos con su tierra y con su gente. Ahora estoy solo frente al río. Es el mismo río que tantas veces miró y admiró el P. José María. El mismo río con que el que se marchó en la mañana del 18 de Julio a seguir soñando y dando vida en el océano del cielo. Miro al río y con él, por sus peldaños de agua, voy desandando los años para reencontrarme con el Padre José María. Es un día cualquiera de 1984. El río es el mismo pero el paisaje ha cambiado radicalmente. Han desaparecido de golpe todas las instalaciones y sólo veo terreno enmontado y algunas parcelas de tierra removida para sembrar. Hay un único rancho y de él sale a mi encuentro el Padre José María. Calza botas de goma con restos de barro, pantalón ancho y guayabera. Su piel está tostada por el sol llanero y lleva en la cabeza un sombrero de paja. Mucho antes que sus palabras, me llega su sonrisa . Tina, la perra, juguetea con él y luego viene corriendo hacia mí y me lame la mano. Me pregunta si he comido, y como le digo que sí,
me ofrece jugo de mango o café. Yo le acepto el café. Como
hace un calor muy húmedo me dice que es preferible que conversemos
en unos chinchorros debajo de los árboles para disfrutar la brisa
que sube del río y aleja los mosquitos. “El chinchorro, me
dice, es un invento transcendental, que inspiró Dios a los hombres
del trópico. Se merece todos los premios y todas las condecoraciones,
hasta el Nobel de la Paz”. “Sí, le digo, y hasta usted
le dedicó un poema: ‘Te tejieron manos de misericordia/ que
pensaron en los rudos trabajos/ y en los calores sofocantes./ Te intuyeron
cama y abanico/ al mismo tiempo”. Se sorprende que conozca su poema
y hasta que lo recite de memoria. Pero evidentemente, le gusta. Como sé
que es un conversador incansable, le digo que le voy a hacer unas pocas
preguntas, y que trate de ser conciso y breve. “No me va a ser fácil,
confiesa, pero tú mandas. Empieza”
P. Vélaz: En Diciembre pasado tuve un infarto, pero me recuperé bien y pude empezar el proyecto de este Instituto Agro-Pecuario-Forestal. El cardiólogo que me trata en Mérida me anima a que vaya a Houston, para que me examinen y para que decidan si me vuelven a hacer la misma operación a corazón abierto, que me hizo el Dr. Colley allí, hace ya once años. Pero me siento poco dispuesto, pues no es lo mismo esa operación que es muy fuerte, con 62 años que con 73 que tengo ahora. Ganas de vivir tengo muchas. Uno, pasados los setenta y pico, siente que se acerca a la muerte y al maravilloso descanso, pero esto no me da tristeza. Sobre todo cuando voy rápido por esas carreteras, digo alegre: ¡¡¡acércame Señor, acércame...!!! y siento como nunca en otras circunstancias, que voy, que me acerco, que acorto por momentos la distancia...que ya falta menos...Hago cuentas vitales y veo que ya el tiempo se me acaba. Me quedan sólo, como quien dice, unos minutos, pero el Espíritu me manda aprovecharlos. Es la condición del glorioso renacer, no rendirse ante el agotamiento. A veces, viendo que me quedan pocas fuerzas, me atrevo a pedirle al Señor, que me las alargue un poco más para poder terminar San Ignacio del Masparro y para poder repetir la experiencia que adquirimos aquí en otros muchos sitios. (30,119,167,215,220). M.P.: Pero, a su edad y con ese corazón ya tocado, ¿no le da temor vivir en condiciones tan duras? P. Vélaz: Es grata esta simplicidad. ¡¡¡Cuántas cosas nos sobran!!! Qué pocas tienen los ranchos de palma, que son la única habitación de las familias que hay a diez kilómetros a la redonda. Te aseguro que los penitentes de La Tebaida no tendrían menos y se trataba de hombres solos. En cambio aquí viven en esa pobreza todos, hasta los niños y hasta los más ancianos y decrépitos. Es mucho lo que tenemos que ver y aprender de tanta gente que sin ningún voto de pobreza, viven más pobres que los religiosos más austeros (57). M.P.: Sí, pero ¿por qué buscar un lugar tan apartado, de tan difícil acceso? ¿Por qué aquí, en el corazón de la sabana barinesa, a orillas del Masparro? P. Vélaz: Para mí, estar aquí tiene varios sentidos. Primero: tener un trabajo que me entusiasme, para no caer en la declinación senil. Segundo: contribuir a que Fe y Alegría no se vaya volviendo una vieja burguesa, que sólo piensa en sus éxitos pasados. Tercero: que los alumnos de San Javier, tengan fuego javeriano. Cuarto: que el campesinado y el Campo, dos dones de Dios, no sigan tan olvidados, preteridos y atrasados como ahora y que la Iglesia muestre con obras que les ama. Tenemos Pobres en las Ciudades, pero los Infrapobres están en nuestros Campos y es absolutamente necesario que Fe y Alegría vaya a ayudarlos y a elevarlos En Educación, el Campesino de estas enormes distancias
es el gran Abandonado de todos, del Estado, de los Intelectuales, de los
Sociólogos y de la misma Iglesia. Su presencia por estas anchas
Llanuras está limitada a algunos escasos Templos y Capillas mal
atendidos por escasísimos sacerdotes. De Educación Cristiana
casi nada. Por eso, esto debe cambiar. ¿Cómo la Iglesia
de los Pobres no va a estar presente con estos Pobres? ¿Cómo
no va a herir con llagas de amor esta necesidad tremenda? Es absurda la
idea de una Iglesia que predique sólo el cielo, sin enseñar
que la tierra poseída y dominada por el hombre, es el camino para
llegar a él. Ese debe ser el núcleo vital de nuestro apostolado. M.P.: Toda su vida usted se ha considerado un Misionero. En numerosos escritos manifiesta su admiración ante las hazañas de los jesuitas de siglos pasados. ¿Las Reducciones de los jesuitas en Paraguay y Bolivia tienen algo que ver con la fundación de Fe y Alegría? P. Vélaz: Nuestras Reducciones de los Siglos XVI, XVII y XVIII han influido en mí poderosamente al fundar Fe y Alegría. Siempre las Misiones me atrajeron. Te digo, y que quede constancia de ello, que esa ejemplaridad que a muchos ha conmovido, estuvo en la raíz más honda de Fe y Alegría, que quiso empezar por las selvas de Barinas, con unos internados que reiteraran la esencia humanizadora y cristianizadora de las Reducciones Jesuíticas. Así como las he admirado, no he llegado a explicarme, por qué la Nueva Compañía al regresar a América, no ha podido o no ha querido reiniciar tamaña epopeya cristiana. En los vaivenes de ánimo y decaimiento que me acometen con frecuencia, suelo enfrascarme en alguna lectura ejemplar, que me aliente, me devuelva el optimismo, las ganas de trabajar y me ponga por delante algún ejemplo apostólico, atrayente y estimulante. Hace poco, me encontré un libro editado en la Argentina sobre el viaje del Padre Antonio Sepp, desde Cádiz a Buenos Aires y desde allí al Paraguay, donde fue Misionero varios años. Es sin duda, uno entre los hombres extraordinarios, de los que tuvimos una legión en nuestras Misiones de la antigua Compañía, en nuestra América. Antón Sepp fue un Profesor de Retórica, al modo clásico del Humanismo, trasladado por su ferviente celo misionero, de su cátedra alemana a las reducciones del Paraguay. Allí transportó toda su extraordinaria capacidad de firme y vigoroso trabajador, ocupándose con alegre tenacidad en lo divino y en lo humano: Catequesis, predicación, bailes litúrgicos, orquesta, coros religiosos, devota oración, acuciosos exámenes de conciencia y ganadería, agricultura, talleres y construcciones. ¡¡¡Qué envidia me da!!! (67, 68, 242, 244). M.P.: Siguiendo el ejemplo de los antiguos misioneros, usted propone una educación verdaderamente integral, para la vida, algo totalmente diferente a lo que se enseña hoy en la mayor parte de las escuelas.... P. Vélaz: Si queremos que la Educación no cree Entes o entelequias segregados de la vida popular, tenemos que llegar con nuestra enseñanza a aquellas actividades que le permitirán al Pueblo una vida digna, una alimentación competente, una habitación de seres humanos y un nivel cultural y espiritual cónsono con los planes de la modernidad y de la cristiandad Lo que tenemos que enseñar es a “Vivir mejor”. Esta debe ser la gran asignatura de esta Obra. Vivir mejor se compone de estos y otros ingredientes elementales y parecidos: Comer mejor, producir mejor, habitar mejor, remediarse mejor, prever mejor, vender mejor, comprar mejor, aprender mejor, asociarse mejor, divertirse mejor, pensar mejor, atreverse mejor, creer, esperar y amar mejor. Por todos estos sitios hay pequeñas o grandes
Escuelas. También miles de muchachos que van a ellas o las abandonan
antes de tiempo porque no enseñan lo que debieran. Porque lo casi
nada que enseñan, es casi inútil para cultivar mejor los
campos, para atender mejor sus ganados, para construir mejor sus casas,
para mantener sus máquinas, para aprender a escoger Buenas Aguas,
para integrarse en Núcleos de Ayuda Mutua, para andar caminos más
Cristianos. Aquí proyectaremos y soñaremos. Este es el principio
de toda acción. Diseñaremos una Educación Integral
en que la cabeza y el esfuerzo de los brazos tengan lugar, donde el trabajo
personal y el ensamble colectivo se practiquen, donde el buen decir se
cuide y el buen realizar estimule, donde la constancia sea aliada de la
valentía, donde todo estudio sea comprobado por la práctica,
donde la confianza en sí mismo y la necesidad de la iniciativa
individual sea conjugada con la oración humilde y la esperanza
en Dios. Nosotros debemos integrar pensamiento y acción, teorías
y realidades, academia y taller. M.P.:
Pero ante la inmensidad del campo y de sus problemas, ¿qué
puede hacer un centro educativo por bueno que sea? M.P.: Usted habla de Institutos Agropecuarios Forestales. Esta última palabra “forestal” parece nueva. ¿En qué consiste? P. Vélaz: Lo forestal es una línea de trabajo que debemos fortalecer y aquí en San Ignacio del Masparro, va a tener una importancia semejante a lo agrícola y a lo ganadero. Cada vez hay menos maderas en Venezuela y en general, en el Tercer Mundo. Muchos cortan los árboles que han tardado siglos en crecer y casi nadie planta. Las Compañías Madereras han sido y creo que siguen siendo Grandes Mataderos Forestales, que en compensación de las inmensas extensiones que han deforestado, dudo mucho que hayan repoblado con especies valiosas ni el 5% del terreno que han arrasado. Fe y Alegría tiene que revertir ese proceso destructor. Queremos sustituir el matorral inútil por densas plantaciones de samanes, caobos, apamates, cedros, tecas y otras especies hermosas y útiles. Aquí en el Masparro tenemos ya un vivero de caobos, cedros, apamates y samanes. Pero esperamos dar comienzo a uno más grande, que tenga unas Cincuenta Mil Tecas. Con ellas repoblaremos los claros de una parte de monte bajo que tiene nuestro bosque. Después esperamos plantar muchos cientos de miles más. Espero que en veinte años esta Escuela tendrá una buena ayuda económica, con las maderas de los árboles, que estamos ahora plantando. La manera como Fe y Alegría en Venezuela va a poder impulsar un desarrollo amplio de los Campesinos es creando Institutos Agro-Pecuario-Forestales y Agro-Industriales autoalimentados, pues en este rico país nadie va a cubrir nuestras necesidades alimentarias. (180, 190, 173, 139, 125). M.P.: ¿No es todo esto soñar demasiado? Cuentan que usted fue siempre un extraordinario soñador y que, cuando estudiante, precisamente por dedicarse soñar en vez de estudiar, no sobresalió en sus estudios, sino que fue uno más, del montón... P. Vélaz: Aunque me da rubor decirlo, la raíz más profunda de Fe y Alegría está en mi capacidad de soñar despierto. Cuando estaba interno en Tudela, donde nos imponían aquellos siniestros estudios de dos horas o más, yo iba feliz a ellos, porque a los cinco minutos de riguroso silencio, con los codos clavados en el pupitre y las manos apoyando la frente y cubriendo los ojos, con una pantalla protectora, ya me había fugado de aquella cárcel de rutina y viajaba por las islas madrepóricas de las Marianas y Carolinas o por las selvas de la Amazonia o por la Taiga Siberiana. A veces, acompañaba de cerca a Simbad el Marino. Me pregunto ahora por qué me gustaba tanto la geografía, pues nadie me indujo a ese gusto. Nunca he sabido tanta Geografía Universal, como a los once años. En esa asignatura me dieron Matrícula de Honor, en los exámenes de primero de bachillerato. Nunca más tuve un sobresaliente. En cambio me suspendieron en álgebra y física. La Historia también me gustaba y en el Bachillerato creo recordar que saqué tres notables en Historia de España, Historia Universal e Historia de la Literatura. Pero mis viajes fantásticos en aquellos interminables estudios, en los que no estudiaba ni un minuto, eran siempre de gran efecto multiplicador. Fe y Alegría es un sueño más, que va a caballo de grandes nubes de ensueños pasados y de bellas fantasmagorías que por otra parte han sido muy realistas. Siempre he tenido dentro un riguroso Censor, que domestica los sueños que quiero impulsar a la luz de la realidad. Mis sueños nunca han sido tan vanos, que no hayan arrastrado a grandes personas y a buenas obras y acciones creadoras. En su génesis hay apretados lazos entre la inspiración y la acción consecuente. Digo esto porque muchos me miran todavía, como un Quijote descabalgado por los Molinos de Viento, y porque los que así piensan, son con mucha frecuencia asesinos de sueños ajenos y no saben que matan sueños y realizaciones. Cada vez pienso más que la Pedagogía está cautiva del leguleyismo, del academicismo, encadenada por una permanente conspiración de pigmeos derrotistas. ¿Cómo haríamos para parir Escuelas con simientes de ensueños y vientres de realismo y actualidad...? ¿Recortando siempre el poderío de la imaginación que alumbra las grandes decisiones? ¿Recortando siempre la libertad, guiada por la fantasía? ¿O militando en una Pedagogía de Hombres capaces de realizar obras grandiosas, cuyo desafío tenemos delante todos los días? De nada fuimos más conscientes al comenzar Fe y Alegría que de la enorme tarea que acometíamos y de nuestra insignificante debilidad y pequeñez. Ese contraste fundamental sólo lo puede arrastrar quien sabe que los sueños más nobles e ilimitados son sensatos y factibles, asociados estrechamente con la paciencia, con la ayuda de muchos, con el tiempo y con el tesón en la búsqueda de soluciones generalmente muy difíciles. Y ese ha sido el costado fuerte de Fe y Alegría: Ensueños de Bien y de Servicio encarnados en Proyecto Reales, más mucho atrevimiento e ideal tesonero en medio de la pobreza de los instrumentos, para realizarlos. Hombres y mujeres a quienes les ha atraído esta vocación esforzada. Rebelión justiciera ante una Sociedad Consumista, que da con asco las espaldas al llamamiento fraterno de los Más Pobres, aunque les supliquen en nombre de Cristo. Fe y Alegría necesitará siempre soñadores sinceros, dispuestos a cambiar el agua en vino y firmes en morir tras su bandera. ¡Quién sabe a dónde puede llegar Fe y Alegría con el entusiasmo de Dios! Entusiasmo que significa valor, audacia, confianza y alegría que sólo puede dar el Amor Verdadero de Dios y de todo lo que Dios ama.(205-208, 219). M.P.: Usted acaba de reconocer que algunos lo consideran un Quijote, un utópico o megalómano; otros piensan que Usted es muy impositivo e incluso sé de alguien que no vaciló en llamarlo dictador... P. Vélaz: Haciendo examen de conciencia, veo que nunca he mandado. Pero eso sí, he buscado ideas sencillas y fecundas y he tenido éxito en que personas muy valiosas las hagan totalmente suyas. Me ofende que algunos todavía me llamen jefe, haciéndose algún eco, de los que no hace mucho me llamaban “Dictador”, pues a mi firmeza de criterios la confundían con la tiranía. He tratado de no ceder ante lo que eran debilidades o desviaciones conceptuales, en la interpretación apostólica y humanística de Fe y Alegría. Esto ha originado choques, lo cual siempre es doloroso, pero los disgustos por incomprensión han sido mucho menos numerosos, que las sinceras y perdurables adhesiones. Puedo decir que estos verdaderos amigos y hermanos son los que han construido Fe y Alegría. A veces alguna idea mía (si esto se puede decir) los ha impulsado. Otras veces nos hemos encontrado en el mismo camino y hace años que hemos podido caminar y crear juntos, intercambiando experiencias y puntos de vista, a gran distancia, porque siempre les he reconocido un amplio campo de trabajo y libertad de acción. Buena prueba de lo que digo es que, de los centenares de Colegios que tiene Fe y Alegría, yo solamente me he ocupado de desarrollar personalmente San Javier del Valle Grande y San Ignacio del Masparro. Todos los demás los han hecho brotar y los han desarrollado otros. Mi participación ha consistido en animar a los que han iniciado y muchas veces, en verlos crecer a distancia por el trabajo y el sentido de servicio a los Más Pobres, que es el núcleo común de Fe y Alegría.
P. Vélaz: Fíjate que nos llamamos Fe y Alegría. Nuestra Alegría debe ser el fruto y la joya de nuestra Fe. Por eso he deseado siempre dotar y organizar en todos nuestros Colegios el juego, el deporte, la música, el baile, el cine, el teatro, la liturgia musical, es decir, todo lo que sea fiesta, para los músculos y para los sentidos, para la mente y para la imaginación, para la amistad, para el cariño y para la adoración. Creo que aquí está la clave para la salud, el equilibrio y la estabilidad síquica, que nos abrirá una puerta grande para formar hombres y mujeres generosos que al tener su espíritu lleno y poblado de recuerdos felices, serán más inclinados a la bondad, a la comprensión, a la ayuda mutua y a la Convivencia Fraterna. En San Ignacio del Masparro debe haber estudio, trabajo, técnica, disciplina, diversión, ideales y Fe, pero debemos bañar todos estos ingredientes de Fiesta, de Fiesta continuada y permanente. Fe y Alegría son palabras y conceptos que se alimentan y se vigorizan mutuamente porque de la verdadera Fe nace la felicidad de sentirse hijos de Dios y de la Alegría brota el acercamiento fraterno y es el prólogo para conocer mejor a Dios. Los alumnos vivirán aquí animados por una pedagogía activa, en medio de una naturaleza exuberante. No estudiarán la teoría en libros o pizarrones, sino viéndola en las cosas, en las plantas y en los animales y asimilándola después resumida en los textos impresos. Pedagogía también del trabajo. El trabajo infantil y juvenil tiene que ser un trabajo con éxito visible y sólo así entusiasmará a los Muchachos y Muchachas. Tiene que ser también algo muy bien estudiado. Tenemos que graduar las operaciones más suaves como recoger caraotas o maíz, desgranar las mazorcas de maíz y las vainas de frijol, regar hortalizas, arrancar hierbas, recoger huevos, recoger tomates, pimentones y otros, dar de comer a las gallinas y las más fuertes como podría ser: deshierbar con escardilla o machete, arrancar yuca, batata, ñame y otros tubérculos, pilar maíz y arroz, limpiar el monte alrededor de los frutales. Cortar leña, aserrar tablas, tablones y cercos. Asear todas las instalaciones pecuarias. Ordeñar, hacer quesos. A los que ya son hombrecitos les tenemos que enseñar a manejar carros, tractores, piraguas, máquinas para construcción, como mezcladoras, todas las herramientas de carpintería y construcción, el cuidado de bombas de riego grandes y a ser diestros en el gobierno completo de un gallinero, de una porqueriza, de una vaquera, así como a rastrear, arar, sembrar, fumigar, cosechar, almacenar y ensilar. Todos los muchachos deben saber para quién y para qué trabajan. Siempre habrá que explicarles el sentido de servicio que tiene cada tarea y la forma de realizarla. Las cuentas de matemáticas y los ejercicios de lectura y escritura deben centrarse en el trabajo que todos vayamos haciendo. Todo lo que los muchachos realicen en el trabajo, tiene que tener una versión aplicada en matemáticas, en la escritura del dictado, en la composición y en la expresión hablada que se practicará en las frecuentes reuniones. Junto a la pedagogía de la alegría, pedagogía
activa, pedagogía del trabajo, una pedagogía de la libertad,
de la confianza y de la creatividad, que deje libres las fuerzas de la
fantasía, de los impulsos de ser más y de los estímulos
humanos y espirituales para los grandes ideales de superación y
de perfección pues en la Pedagogía de San Ignacio del Masparro
debe estar presente la espiritualidad y la Ascesis Ignaciana. M.P.: Fe y Alegría es ya una obra sólida y firme, ha saltado las fronteras y se ha sembrado en una serie de países latinoamericanos, ¿cuáles cree usted que son los retos esenciales de Fe y Alegría? P. Vélaz: 1.- Crecimiento numérico en Alumnado y Centros Educativos. Mi experiencia y la de todos los que hemos asistido y hemos impulsado con fervor la extensión numérica de Fe y Alegría es que el crecimiento extensivo nos ha abierto las fuentes de mejoramiento cualitativo. La controversia entre cantidad y calidad es meramente teórica. A nosotros el crecimiento que ha sido muy trabajoso y heroico a veces, nos ha demostrado que es integral y en todas las dimensiones. 2.-Mejoramiento de nuestro personal educativo. El mejoramiento y la capacitación profesional de todo nuestro personal educativo, constituido principalmente por el profesorado y por las Congregaciones Religiosas femeninas, es uno de los capítulos de más relieve en la misión de Fe y Alegría. 3.-Lanzamiento sólido de las Escuelas Profesionales Urbanas. Los educadores cristianos debemos comprometernos a fondo en la educación técnica y laboral en todas sus variadísimas direcciones, ofreciéndosela al pueblo más pobre y marginado, pues la causa principal de su pobreza y de su depresión socioeconómica es, sin duda, su bajísima categoría profesional y por lo tanto su insignificante capacidad productiva. 4.-Iniciación de la serie de los Institutos Agro-Pecuario-Forestales y Agro-Industriales en las Zonas Rurales. Este es un nuevo horizonte para Fe y Alegría, proponiéndose realizar sistemáticamente y en cadena la rápida organización de la preparación educativa de nuestro campesinado. Uno de los mayores deberes de justicia social y de igualdad cívica es compensar a los pobladores rurales el espantoso atraso y la hiriente segregación en que los mantiene y los retiene esta sociedad urbanística y discriminatoria. 5.-Central de Servicios. El crecimiento de Fe y Alegría la va haciendo cada vez más urgente. Yo la concibo como una madeja de actividades muy complejas y dispares en apariencia, que tienen un solo objetivo común: Mejorar la capacidad pedagógica, administrativa, relacionista, cívica, social, patriótica y teológica de todo el personal de Fe y Alegría. 6.-Vigorizamiento de la Oficina de Promoción y Relaciones Públicas. Nuestras Relaciones Públicas deben partir de la convicción de nuestra inmensa pequeñez frente al objetivo de Educar Integralmente al Pueblo Marginado. En buena lógica, en la misma proporción que el pueblo es multitud, debemos aglutinar una gran Multitud de Amigos para Educarlo. Nuestro Campo de Relaciones Públicas va desde: Las Personas Particulares que pueden darnos su tiempo, su vocación, su capacidad propagadora, su especialidad, su influjo y su ayuda económica hasta las altas instancias del Gobierno Nacional. 7-Organización de los Antiguos Alumnos y de las Comunidades Educativas. Estas son dos fuerzas que debidamente organizadas y encuadradas, pueden luchar cívicamente a favor de la Educación Popular Integral. Fe y Alegría ha conseguido mejorar los niveles de Ayuda Oficial, pero todavía no hemos alcanzado los que corresponden a ciudadanos iguales y libres. Nos toca pensar y equipar con los Antiguos Alumnos y con las Familias de los Actuales una verdadera Escuela de Liderato para el logro pleno de los Derechos Educativos. Esta tarea se realizará en el puro Campo Cívico, defendiendo los criterios democráticos esenciales y tomando acciones de información y de presión ante las Autoridades. La alta Dirección de Fe y Alegría está especialmente obligada a potenciar la mayor fuerza que podemos movilizar para llegar a la Justicia Educativa. 8.-Programa Universitario. Siendo Fe y Alegría un movimiento educativo tiene que pensar en la universidad, como en la corona de sus iniciativas. No hay pueblo que pueda confiar la defensa de sus derechos y de su Dignidad Cívica y Cristiana a gentes sin estudios superiores. Se puede ir creando alguno o algunos Institutos Tecnológicos Universitarios que prolonguen y perfeccionen los Institutos Medios Profesionales y Agropecuarios Forestales. 9.-Promoción de la Espiritualidad Apostólica. Nos denominamos “Fe” y debemos ser consecuentes con esa Fe. Esa Fe debe mover nuestros criterios y nuestras acciones, nuestro espíritu de servicio a los Hermanos, nuestra entereza y nuestra constancia, nuestro valeroso sacrificio y nuestro Amor en bien de ese inmenso pueblo tratado con Desamor por casi todos. Nos hace falta un Cristianismo comprobado por el valor, por la austeridad en el trabajo y en el uso de los medios materiales, por la curiosidad en el mejoramiento técnico, organizativo y humanístico, según las condiciones geográficas y sociales de nuestro Pueblo más Pobre y Apartado. Un Cristianismo de Obras Activas y Vitales en bien de nuestros Hermanos más Relegados y Olvidados (45-51). M.P.: ¿Y cuáles son sus temores o preocupaciones respecto a Fe y Alegría? P. Vélaz: Lo que más miedo me da en Fe y Alegría es el aburguesamiento laxo, comodón y falto de creatividad esforzada y apostólica. De ese espíritu flojo y relajado hemos ya sufrido en Fe y Alegría de Venezuela y de otros Países verdaderas invasiones, que nos han puesto en peligro mortal de cobardía y de renuncia a lo difícil y sacrificado, que es lo mismo que renegar de Fe y Alegría. Me preocupa de Fe y Alegría que caiga en manos de gente que no ha afrontado con éxito arduos comienzos y que llegue a sentarse vanidosamente a la mesa puesta por otros, con aire de caballeros ilustres y aburridos. Me preocupa también la falta de iniciativa y de creatividad para salirse de las rutinas. (35,55,246). M.P.: Díganos muy brevemente algunos rasgos esenciales que deben tener los auténticos maestros. P. Vélaz: Ser Sabios y Valerosos, Abnegados e Inteligentes que tengan el gran atrevimiento de imitar al Maestro que dijo: “Yo soy la Vida”, impregnándose de esa Vida, para viviéndola, transmitirla, como fuerza liberadora, elevadora y transformadora. La austeridad, el valor, la previsión y el generoso don de sí les devolverá a los verdaderos Maestros, lo que les niegue la riqueza o lo que les tuerza la injusticia. Debemos agregar a su preparación técnica y científica probados valores humanos y cristianos, amor a nuestro Pueblo y fe en su futuro. El porvenir de Fe y Alegría estará siempre ligado a las convicciones, a la fortaleza integral y a la densidad espiritual de nuestros Educadores (93,217) M.P.: Una última palabra, P. Vélaz P. Vélaz: Fe y Alegría no se puede casar nunca con la desesperanza. Nuestra vocación es ser Hombres de Activa Esperanza, frente a ese escenario inmenso de pobreza y de miseria de una gran parte de la Humanidad. Dios no hizo estos Hermanos Nuestros para la miseria. La maldad de los Hombres los ha vuelto miserables. Miserable quiere decir: merecedor de compasión. Pues si merecen la compasión de Dios y nuestra compasión de Hermanos, a nosotros nos toca hacer dinámica esa compasión. Le pido a Dios que Fe y Alegría nunca abandone la utopía divina de la caridad y que los sueños del amor y de servicio a los más Pobres sean la columna de fuego que nos guíe en el desierto. “La victoria será siempre de aquel que más
se atreva”, dijo un valeroso Capitán moribundo. Para mí
pienso que atreverse a más en Fe y Alegría es renovarse,
rejuvenecerse y acumular victorias. Casi nadie se atreve a pedirle audacia,
arrojo y heroísmo a nuestra juventud. Ni siquiera cumplimiento
del deber diario. Enseñemos a los Jóvenes a vencerse a sí
mismos y a dar su vida por la salvación de los demás. Nuestros
Jóvenes en Fe y Alegría deben ser fuertes, sencillos y saber
compartir y sobre todo aprender a conducir a su Pueblo, en el servicio
abnegado a la Comunidad. Enseñemos a nuestros Amigos y Alumnos
a arrancarse de la ley de la gravedad universal del egoísmo y del
enriquecimiento personal. |
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