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Sudán: educar para regenerar Aunque la situación de Sudán haya mejorado progresivamente en los últimos años gracias a la firma en 2005 del CPA (Comprehensive Peace Agreement) entre el Gobierno islamista de Jartum y la guerrilla sudista del Ejército de Liberación del Pueblo sudanés (SPLA, en inglés), lo cierto es que las condiciones de vida en el país centroafricano aún dejan mucho que desear. El conflicto se inició en 1983, cuando el Gobierno árabe de Jartum -capital de Sudán- quiso imponer la ley islámica a los ciudadanos del sur, mayoritariamente cristianos o animistas. El SPLA, liderado por John Garang, se enfrentó entonces a los islamistas del norte iniciando una cruenta guerra civil que se prolongaría casi hasta nuestros días. Como consecuencia inmediata, cerca de 37.000 personas se refugiaron en el sudeste de la República Centroafricana. En 1991 eran más de 300.000 los sudaneses refugiados en Etiopía, aunque, con el fin de la guerra de Eritrea -ese mismo año- y el consiguiente cambio de régimen en el país, el SPLA perdió el apoyo etíope y los refugiados se vieron obligados a regresar a Sudán, o bien, refugiarse en Kenia.. En enero de 2005, el Gobierno de Jartum y el SPLA firmaron el CPA, un Acuerdo Global de Paz por el que se comprometían a poner fin a 21 años de guerra. Dos meses más tarde, la ONU creó la Misión de Naciones Unidas en Sudán (UNMIS, en inglés) con la que preveía el envío de 10.000 soldados para vigilar el cumplimiento del armisticio.
Kajo Keji, un bastión de esperanza Desde 1997, ciudadanos procedentes del norte y del nordeste de Sudán han ido llegando progresivamente a los cuatro grandes campos de acogida de Kajo Keji, la comarca más al sur del país. En la actualidad, los desplazados ya están regresando a sus lugares de origen; mientras tanto, varias organizaciones internacionales trabajan sobre el terreno con el objetivo de satisfacer las necesidades básicas de los residentes, así como de ofrecerles una educación para superar el trauma de la guerra y facilitarles la reinserción social. Entre dichas organizaciones destaca la labor del Servicio Jesuita a Refugiados (SJR), cuyos proyectos financia Entreculturas - Fe y Alegría. Aunque el plan educativo del SJR se inició en 2001 como un programa de formación de profesores exclusivamente, en la actualidad ha evolucionado y, desde enero de 2006, son alrededor de 8.000 los alumnos que acceden a la educación a través de los 18 centros públicos de enseñanza con los que colabora el SJR en la región. Además, el proyecto continúa con la formación de 100 docentes, la subvención del material escolar para el alumnado y la promoción de la igualdad de género mediante talleres de sensibilización sobre el derecho a la educación de las chicas. Pese a que muchas de las familias desplazadas en Kajo Keji tienen la esperanza de que el acuerdo de paz prevalezca, otras son menos optimistas y tardarán más en regresar. Sea como fuere, la mayoría concibe la educación como la única esperanza para erradicar el conflicto y regenerar el país.
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