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Perú, la reconstrucción tras el terremoto El terremoto que sacudió Perú el pasado mes de agosto provocó, según fuentes oficiales, más de 500 muertos y más de un millar de heridos. La cifra de damnificados fue superior a los 85.000, debido principalmente al derrumbamiento de unas 17.000 viviendas, según las estimaciones. Las principales ciudades afectadas fueron Pisco, Ica, Chincha y Cañete. La ayuda nacional e internacional se movilizó de inmediato, si bien es cierto que las malas condiciones en que se hallaban las carreteras dificultó mucho su distribución. Descargar vídeo sobre la reconstrucción ![]() "La catástrofe, más allá de los problemas enormes en el reparto de la ayuda, está generando un movimiento de solidaridad dentro y fuera de Perú que constituye un motivo de esperanza en medio de tanta destrucción. Quizás, nuestros esfuerzos, junto con el auxilio a las víctimas, deban centrarse en lograr que esa corriente de hermandad y solidaridad no desaparezca en unos días, cuando el terremoto deje de ser noticia, sino que se convierta en una fuerza más profunda y duradera que nos lleve a estar más cerca y más comprometidos con todas las personas que sufren en nuestro mundo. Lograr esa dinámica de solidaridad verdadera sería la mejor respuesta a esta catástrofe." Moncho González Écija SJ, Oficina de Desarrollo de los jesuitas en Perú. El terremoto que sacudió Perú el pasado mes de agosto provocó, según fuentes oficiales, más de 500 muertos y más de un millar de heridos. La cifra de damnificados fue superior a los 85.000, debido principalmente al derrumbamiento de unas 17.000 viviendas, según las estimaciones. Las principales ciudades afectadas fueron Pisco, Ica, Chincha y Cañete. La ayuda nacional e internacional se movilizó de inmediato, si bien es cierto que las malas condiciones en que se hallaban las carreteras dificultó mucho su distribución. En este contexto, una vez finalizada esa primera etapa de intervención de emergencia -en la que se atendieron las necesidades básicas de la población afectada, se evaluaron los daños y se realizó un censo de los damnificados-, Entreculturas se halla ahora inmersa en la segunda fase de reconstrucción de la infraestructura de Fe y Alegría dañada en todo el país, pero especialmente en Chincha. Para llevar a cabo este proceso, Entreculturas está estableciendo contacto con los líderes de las comunidades, las autoridades locales y las organizaciones presentes en la emergencia a fin de propiciar su participación conjunta en las tareas de rehabilitación y conseguir que éstas se conviertan en un modo eficaz de superar las situaciones de vulnerabilidad previas a la catástrofe. La implicación de los beneficiarios en el proyecto y el fortalecimiento institucional constituyen dos parámetros siempre presentes en la acción de Entreculturas.
[Septiembre 2007] La vuelta al cole en Perú La responsable del proyecto de emergencia de la Oficina de Desarrollo en Chincha, Eva Boyle Bianchi, nos informa que la vida empieza a normalizarse después del terremoto. Una muestra de ello es el reinicio de las clases en el Colegio Fe y Alegría. "Los alumnos y alumnas del colegio Fe y Alegría Nº 30 de Chincha retornaron al colegio después de un mes del sismo que asoló el departamento de Ica. Los profesores esperaron desde tempranas horas de la mañana su llegada. No todos regresaron por el temor que muchos padres tienen a que ocurra otro terremoto. Algunos de ellos fueron a verificar en qué aulas iban a estudiar sus hijos y al ver las prefabricadas los dejaban en el colegio.
Se ha previsto, debido a las condiciones en que están viviendo la mayoría de alumnos y alumnas, brindarles desayuno y almuerzo mientras dure el año escolar". Más fotos del reinicio de las clases: http://www.jesuitasperu.org/terremotoperu/index.asp
[Octubre 2007] Entrevista a Eva Boyle, responsable del Proyecto de Emergencia en Chincha Cuando llegamos a Chincha encontramos una situación un tanto caótica. Las personas tenían miedo porque las réplicas continuaban. Muchas de ellas se dedicaban a cuidar las pertenencias que habían podido salvar, la mayoría dormía al frente de sus casas, a la intemperie a merced del frío que todavía no nos abandona, o refugiados en alojamientos provisionales hechos de plásticos, esteras, cartones. Con necesidad de alimentos, sin poder trabajar para proveerlos. La ayuda llegaba lentamente, en forma desordenada y no estaba siendo distribuida adecuadamente. ¿De qué manera se afrontó la situación? Nos constituimos como equipo de emergencia de la Oficina de Desarrollo Procura con Nilda Ramos (logista) y Lizbeth Huertas (administradora) en la Parroquia "Cristo Rey" en el distrito de Pueblo Nuevo (el más grande de toda la zona afectada con más de 47,000 habitantes), para ofrecer nuestra ayuda. Fuimos acogidos por el P. Carlomán Gonzales y la Hna. Lida, que habían iniciado el reparto de las donaciones basándose en la organización pastoral que tenían por sectores. Fuimos de colaboradores y observando cuales eran las necesidades más urgentes y apoyando la solución de ellas. El tema de los alimentos surgía como la primera prioridad, pero también la organización de la distribución de la ayuda para que pueda llegar de mejor manera a más afectados, así como la coordinación con las diferentes instituciones que también realizaban la misma labor de apoyo, tanto de la Iglesia: Cáritas, CEAS como la Municipalidad y las diferentes ONG que llegaban a la zona ¿Y cómo han ido avanzando en el trabajo? Para conocer mejor la situación de la población, se realizó un diagnóstico que nos ha permitido tener una visión a futuro de lo que se puede hacer para contribuir a que las familias. Se ha logrado organizar la distribución de las donaciones de tal manera que pueda hacerse en forma más equitativa, así como el manejo del almacén para poder tener un mayor conocimiento de lo que llegaba. Se ha impulsado la formación de comedores de emergencia (62 actualmente) para aglutinar a las personas y que se les pueda atender mejor y con las raciones adecuadas a sus necesidades. Desde la parroquia se está llegando a dar alimentos a 3,500 familias, kits de higiene para las familias beneficiarias, mascarillas de protección contra el polvo, entre otras cosas. También se han hecho evaluación de daños a la infraestructura de la iglesia, así como se ha dispuesto el apoyo al colegio parroquial con 7 aulas y a 3 colegios estatales de la zona con 11 aulas. Ahora se está trabajando el tema de las secuelas psicológicas y, en convenio con la Pontificia Universidad Católica del Perú, se está haciendo la evaluación correspondiente. También la mejora del sitio donde se encuentran los comedores, sacando los escombros y protegiéndolos con esterillas. Entre otras cosas que nos trae el día a día. En forma especial se han atendido las necesidades del colegio Fe y Alegría n° 30 en cuanto a infraestructura (22 aulas), apoyo en la alimentación de los 1.300 alumnos (desayunos y almuerzos) y atendiendo sus pedidos en la medida de nuestras posibilidades. Después de casi dos meses del terremoto, ¿cómo ves la situación, qué problemas se presentan en Pueblo Nuevo? Ha mejorado en términos de organización y en la comprensión de la gente en cuanto que, terminada la emergencia, se puede tener la oportunidad de sentar mejor las bases para un desarrollo más integral y concertado. Las ayudas que van a seguir viniendo de parte de las instituciones que se instalen en el distrito deben servir para contribuir a esto y también para poder hacer que la calidad de vida de las personas sea mejor. Es bueno que el trabajo futuro contemple una participación ciudadana más activa en su distrito, una vivienda más digna y segura, una atención más integral a su salud, la posibilidad de tener recursos económicos. Eso es lo que espero, además que todos los ofrecimientos que se han hecho a la población (y que los han llevado a hacer grandes colas y dar mucho tiempo) los contemplen y se hagan realidad, porque, si no, a mediano plazo el sufrimiento de la gente se podría convertir en protesta. A nivel personal, ¿qué ha significado esta experiencia para ti? Una forma de servicio a Dios y a nuestros hermanos y hermanas que han perdido la normalidad de su vida en dos minutos, que han sufrido y siguen sufriendo por la nueva situación en la que se encuentran. Una experiencia más en mi vida para poder analizar y reflexionar sobre la necesidad de una solidaridad. |
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