Las estadísticas nunca son caprichosas, pero tampoco inapelables. La que habla del 46% de los niños y niñas latinoamericanos que abandonan la escuela antes de alcanzar la secundaria, puede verse felizmente reducida en Colombia gracias a esta iniciativa, que pretende remediar la carencia de infraestructuras.
El abandono escolar acontece por diversas razones: falta de plazas en cursos superiores, insuficiente número de aulas o práctica inexistencia, en numerosos centros, de dotaciones complementarias tales como bibliotecas, talleres, salas de informática o comedores escolares. La ejecución de este proyecto, que incidirá en zonas desfavorecidas de 11 municipios pertenecientes a diez departamentos del país, subraya asimismo el compromiso de Fe y Alegría con un modelo educativo sostenible.
Pese a los repetidos intentos de normalización alentados por la sociedad civil y emprendidos, con desigual fortuna, por distintos gobiernos, Colombia sigue siendo, a día de hoy, sinónimo de violencia e injusticia; un país con graves carencias en servicios básicos, altos índices de desempleo y un problema de hacinamiento o concentración demográfica, sobre todo en zonas urbanas o de aluvión, en las que se congregan decenas de miles de personas fugitivas de la violencia que azota las áreas rurales. La suma de esos factores engorda fenómenos tales como la prostitución de menores, la drogadicción y las bandas juveniles. Pero, pese a estos déficits estructurales, lo cierto es que buena parte de la población estudiantil colombiana saca fuerzas de flaqueza y presenta una tasa de asistencia a clase encomiable: 4 de cada 5 niños y niñas con edades comprendidas entre 7 y 12 años acuden a la escuela. Sin embargo, una vez en la adolescencia (de 12 a 17 años), la proporción desciende a 3 de cada 5.
Este abandono precoz de la escuela deja a los chavales al albur de la violencia y, sobre todo, los priva de oportunidades en una coyuntura de por sí desprovista de ellas. Fe y Alegría Colombia ha detectado tres problemas específicos que abundan en el abandono escolar: instalaciones insuficientes para acoger a todos los solicitantes de educación; infraestructuras con diversos grados de deterioro (lo que además representa un alto riesgo de accidentes para los alumnos), y la denominada "jornada única" (vigente por el momento sólo en Bogotá y que establece que los colegios no pueden funcionar en dos turnos, es decir, repitiendo lo mismo mañana y tarde-noche).
El proyecto que nos ocupa pretende, sobre todo, ampliar y mejorar la oferta educativa en zonas urbanas marginales -que se definen como especialmente "vulnerables y con grandes necesidades insatisfechas"- mediante la construcción, acondicionamiento o dotación de 24 centros educativos. Estos colegios se distribuyen en zonas especialmente vulnerables de 11 municipios pertenecientes a diez departamentos del país; entre las ciudades beneficiarias del proyecto figuran las mayores de Colombia: Medellín, Bogotá, Cartagena, Cali o Barranquilla. La carencia de infraestructuras -no sólo educativas- es el denominador común de los lugares que recibirán estas mejoras; la continuación de estudios en niveles superiores y el acceso a una enseñanza de calidad es el principal propósito de la intervención.
Contexto y justificación
Los colombianos que podrán beneficiarse del proyecto de Entreculturas-Fe y Alegría, presentan un perfil socioeconómico y demográfico rayano en la exclusión: se trata de personas con recursos mínimos, en su mayoría desempleados; los que trabajan, lo hacen en el sector informal. Muchos habitantes son desplazados, desarraigados de sus lugares de origen y de sus normales circunstancias vitales. Buena parte de los niños y las niñas viven en hogares monoparentales o incompletos, que sostiene habitualmente la mujer (madre o abuela). El abandono precoz de las aulas favorece una alta tasa de embarazos adolescentes y es el caldo de cultivo adecuado para alimentar una cultura de la violencia que se manifiesta en fenómenos tales como la drogadicción y el tráfico a pequeña escala, la existencia de una pequeña delincuencia y la proliferación de pandillas o bandas armadas. La descomposición familiar, con altos índices de madres adolescentes y de hogares monoparentales, lejos de crear tejido social, lo quiebra y multiplica en infinidad de problemáticas. Si, en el mejor de los casos, los jóvenes se encuentran con una oferta de trabajo -que presumiblemente surgirá en el sector informal-, la falta de destrezas necesarias, fruto de la insuficiente educación recibida, les impedirá salir del desempleo.
No son pocos, por tanto, los desafíos que plantea la Colombia del siglo XXI. Las necesidades formativas de los estudiantes colombianos -se estima que el número total de beneficiarios del presente proyecto asciende a 44.118- son conocidas por Fe y Alegría desde antiguo, dado que el movimiento de educación popular surge en este país en 1971 precisamente en los barrios marginales de las grandes ciudades, donde las necesidades educativas y de promoción social eran alarmantes. Desde el inicio, Fe y Alegría contó con la colaboración de los pobladores y de los líderes comunitarios; hoy, sus 34 instituciones educativas generan programas de voluntariado surgidos desde y para el barrio. Los centros de Fe y Alegría son mucho más que colegios; con frecuencia, son una auténtica columna vertebral de los barrios.